El cambio climático ya golpea directamente el bolsillo de las familias catalanas. Un estudio de la Universitat Pompeu Fabra (UPF) revela que la sequía y las olas de calor están encareciendo la vida doméstica en Cataluña, obligando a muchas familias a cambiar de trabajo, recortar gastos o asumir facturas de electricidad cada vez más altas. La investigación, firmada por la investigadora de la UPF Mar Coll Planell junto a Maria Rodó Zárate, del grupo de investigación GRETA, y publicada en la revista científica Geoforum, recoge también el reverso de esa presión económica: las estrategias domésticas —ahorrar agua, cambiar de trabajo, instalar placas solares— con las que las familias intentan encajar el golpe. El trabajo forma parte de un proyecto más amplio de la UPF, que en noviembre de 2025 ya adelantó cómo el clima transforma la vida cotidiana en Cataluña también en el trabajo, el ocio o los espacios naturales. Cataluña encadena además récords de temperatura: 45,1C en Figueres en julio de 2023 y 36C en Barcelona en junio de 2025, según datos de la Generalitat citados en el estudio. Menos cosecha, más facturas Cataluña vivió entre 2021 y 2023 la peor sequía de su historia, con la declaración del estado de emergencia y los embalses al 14,36 % en 2023. El estudio constata que esa sequía, sumada al aumento de las temperaturas, ha reducido la producción agrícola y ha golpeado con fuerza la economía de las familias que dependen del campo, sobre todo en comarcas rurales como Osona, el Baix Camp o el Baix Ebre. Una pareja jubilada de una zona rural explica en el estudio que el año pasado no recogió ni cebada ni trigo por la falta de lluvia y que, sin el pozo propio, la reserva de agua tampoco habría bastado; ahora viven solo de la pensión, mientras él sigue al cuidado de un campo cada vez menos rentable. Ellas, fuera del campo En las familias payesas, el ajuste recae de forma desigual: son las mujeres quienes salen a buscar trabajo fuera de la explotación para sostener la economía familiar mientras los hombres continúan en el campo. El estudio, basado en 87 cuestionarios Climate Relief Maps y cinco grupos de discusión con 55 personas, sitúa esta dinámica en comarcas como el Alt Empordà y el Pallars Sobirà, donde la actividad agrícola sigue dominada por hombres de más edad. Aire acondicionado sí, calefacción no El calor también dispara el gasto en climatización. El uso de ventiladores y aire acondicionado se ha convertido, según el estudio, en una necesidad y no en un lujo para dormir o trabajar en casa durante el verano, aunque no todas las familias pueden permitírselo: quienes tienen menos recursos evitan encenderlo pese a disponer de él, por miedo a la factura. El otro lado de la moneda son los inviernos más cálidos, que reducen el gasto en calefacción. Un alcalde de Osona citado en el estudio lo resume como un consuelo triste: el ahorro en la factura no compensa, a su juicio, el resto de dañ
La investigación, con 87 cuestionarios y cinco grupos de discusión en cinco comarcas, constata que el ajuste económico recae sobre todo en las mujeres
El cambio climático ya golpea directamente el bolsillo de las familias catalanas. Un estudio de la Universitat Pompeu Fabra (UPF) revela que la sequía y las olas de calor están encareciendo la vida doméstica en Cataluña, obligando a muchas familias a cambiar de trabajo, recortar gastos o asumir facturas de electricidad cada vez más altas.La investigación, firmada por la investigadora de la UPF Mar Coll Planell junto a Maria Rodó Zárate, del grupo de investigación GRETA, y publicada en la revista científica Geoforum, recoge también el reverso de esa presión económica: las estrategias domésticas —ahorrar agua, cambiar de trabajo, instalar placas solares— con las que las familias intentan encajar el golpe. El trabajo forma parte de un proyecto más amplio de la UPF, que en noviembre de 2025 ya adelantó cómo el clima transforma la vida cotidiana en Cataluña también en el trabajo, el ocio o los espacios naturales.Cataluña encadena además récords de temperatura: 45,1°C en Figueres en julio de 2023 y 36°C en Barcelona en junio de 2025, según datos de la Generalitat citados en el estudio.Menos cosecha, más facturasCataluña vivió entre 2021 y 2023 la peor sequía de su historia, con la declaración del estado de emergencia y los embalses al 14,36 % en 2023. El estudio constata que esa sequía, sumada al aumento de las temperaturas, ha reducido la producción agrícola y ha golpeado con fuerza la economía de las familias que dependen del campo, sobre todo en comarcas rurales como Osona, el Baix Camp o el Baix Ebre.Una pareja jubilada de una zona rural explica en el estudio que el año pasado no recogió ni cebada ni trigo por la falta de lluvia y que, sin el pozo propio, la reserva de agua tampoco habría bastado; ahora viven solo de la pensión, mientras él sigue al cuidado de un campo cada vez menos rentable.Ellas, fuera del campoEn las familias payesas, el ajuste recae de forma desigual: son las mujeres quienes salen a buscar trabajo fuera de la explotación para sostener la economía familiar mientras los hombres continúan en el campo. El estudio, basado en 87 cuestionarios Climate Relief Maps y cinco grupos de discusión con 55 personas, sitúa esta dinámica en comarcas como el Alt Empordà y el Pallars Sobirà, donde la actividad agrícola sigue dominada por hombres de más edad.Aire acondicionado sí, calefacción noEl calor también dispara el gasto en climatización. El uso de ventiladores y aire acondicionado se ha convertido, según el estudio, en una necesidad y no en un lujo para dormir o trabajar en casa durante el verano, aunque no todas las familias pueden permitírselo: quienes tienen menos recursos evitan encenderlo pese a disponer de él, por miedo a la factura.El otro lado de la moneda son los inviernos más cálidos, que reducen el gasto en calefacción. Un alcalde de Osona citado en el estudio lo resume como un consuelo triste: el ahorro en la factura no compensa, a su juicio, el resto de daños que
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