Durante más de dos décadas, el MQ-9 Reaper fue el rey indiscutible de los cielos. Capaz de permanecer más de un día en vuelo, recorrer miles de kilómetros, vigilar objetivos con cámaras de alta resolución y lanzar misiles Hellfire con precisión quirúrgica. Era, desde su primer vuelo en 2001, uno de los símbolos de la superioridad militar estadounidense. Pero incluso las leyendas terminan envejeciendo. El Pentágono acaba de iniciar la búsqueda de un sucesor que rompe con casi todo lo que representaba el Reaper. El objetivo ya no consiste en fabricar el dron más sofisticado del mundo, sino uno mucho más sencillo, modular y, sobre todo, mucho más barato. El problema del Reaper es que es demasiado bueno. En conflictos como Afganistán o Irak, donde el enemigo apenas disponía de defensas antiaéreas avanzadas, era una plataforma casi perfecta. Pero el mundo (y la guerra) ha cambiado. Los sistemas modernos de defensa aérea, la guerra electrónica y los misiles de largo alcance hacen que un dron grande, relativamente lento y fácilmente detectable sea hoy un objetivo mucho más vulnerable. Los recientes conflictos han dejado una lección muy clara: perder un sistema de decenas de millones de dólares (un Reaper cuesta unos 30 millones) ya no resulta tan rentable. Así es como la Unidad de Innovación militar ha publicado el programa Massed Modular Aircraft. En lugar de diseñar un único dispositivo para todas las misiones, los nuevos aparatos serán modulares. Su fuselaje básico podrá mantenerse prácticamente igual, mientras que sensores, cámaras, radares, sistemas electrónicos o armamento podrán intercambiarse según la misión. “Las aeronaves modulares de producción masiva (MMA) deben conservar la capacidad de equiparse con diversas cargas útiles, incluidos sensores de vídeo de movimiento completo (FMV), para ejecutar las misiones que actualmente realiza el MQ-9ª – señala el comunicado oficial respecto a las características que deberá tener el nuevo dron -. Entre los atributos principales buscados, destacan diseñado para una fabricación asequible y de alta producción. Capacidad suficiente de carga útil de municiones y sensores: al menos 1270 kg. Radio de combate sin reabastecimiento de combustible de al menos 3200 km, con carga útil y capacidad de autodespliegue unidireccional de al menos 1320 km. Y velocidad aerodinámica real de al menos 370 km/h”. Si bien en ningún momento se ha mencionado una cifra específica, el Pentágono señala que deberá ser notablemente inferior al coste del Reaper, tanto como “para que su pérdida sea asumible. ¿Es esto el fin de una era? Esto no significa que el MQ-9 Reaper vaya a desaparecer inmediatamente. Seguirá prestando servicio al menos hasta 2030, pero sus misiones serán mucho más específicas y controladas que antes.
«Capacidad de carga de al menos 1270 kg, radio de combate sin reabastecimiento de combustible de al menos 3200 km y velocidad de al menos 370 km/h”, según el Pentágono.
Durante más de dos décadas, el MQ-9 Reaper fue el rey indiscutible de los cielos. Capaz de permanecer más de un día en vuelo, recorrer miles de kilómetros, vigilar objetivos con cámaras de alta resolución y lanzar misiles Hellfire con precisión quirúrgica. Era, desde su primer vuelo en 2001, uno de los símbolos de la superioridad militar estadounidense. Pero incluso las leyendas terminan envejeciendo.El Pentágono acaba de iniciar la búsqueda de un sucesor que rompe con casi todo lo que representaba el Reaper. El objetivo ya no consiste en fabricar el dron más sofisticado del mundo, sino uno mucho más sencillo, modular y, sobre todo, mucho más barato. El problema del Reaper es que es demasiado bueno. En conflictos como Afganistán o Irak, donde el enemigo apenas disponía de defensas antiaéreas avanzadas, era una plataforma casi perfecta. Pero el mundo (y la guerra) ha cambiado.Los sistemas modernos de defensa aérea, la guerra electrónica y los misiles de largo alcance hacen que un dron grande, relativamente lento y fácilmente detectable sea hoy un objetivo mucho más vulnerable. Los recientes conflictos han dejado una lección muy clara: perder un sistema de decenas de millones de dólares (un Reaper cuesta unos 30 millones) ya no resulta tan rentable.Así es como la Unidad de Innovación militar ha publicado el programa Massed Modular Aircraft. En lugar de diseñar un único dispositivo para todas las misiones, los nuevos aparatos serán modulares. Su fuselaje básico podrá mantenerse prácticamente igual, mientras que sensores, cámaras, radares, sistemas electrónicos o armamento podrán intercambiarse según la misión. “Las aeronaves modulares de producción masiva (MMA) deben conservar la capacidad de equiparse con diversas cargas útiles, incluidos sensores de vídeo de movimiento completo (FMV), para ejecutar las misiones que actualmente realiza el MQ-9ª – señala el comunicado oficial respecto a las características que deberá tener el nuevo dron -. Entre los atributos principales buscados, destacan diseñado para una fabricación asequible y de alta producción. Capacidad suficiente de carga útil de municiones y sensores: al menos 1270 kg. Radio de combate sin reabastecimiento de combustible de al menos 3200 km, con carga útil y capacidad de autodespliegue unidireccional de al menos 1320 km. Y velocidad aerodinámica real de al menos 370 km/h”. Si bien en ningún momento se ha mencionado una cifra específica, el Pentágono señala que deberá ser notablemente inferior al coste del Reaper, tanto como “para que su pérdida sea asumible.¿Es esto el fin de una era? Esto no significa que el MQ-9 Reaper vaya a desaparecer inmediatamente. Seguirá prestando servicio al menos hasta 2030, pero sus misiones serán mucho más específicas y controladas que antes.
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