China ha mostrado por primera vez una prueba operativa con varias lanchas no tripuladas L30 actuando de forma coordinada en el mar. El ensayo tuvo lugar el 25 de marzo frente a Zhuhai, en la provincia china de Guangdong, y demuestra cómo este tipo de embarcaciones puede vigilar una zona, detectar una intrusión y reaccionar casi sin intervención humana.. Las imágenes difundidas por medios oficiales muestran a varias unidades saliendo al agua sin tripulación a bordo y siguiendo rutas ya definidas desde un centro de control. Una vez en la zona asignada, las embarcaciones activan sus sistemas de vigilancia y empiezan a rastrear el entorno con radar, cámaras y sensores ópticos. En el ejercicio participa también una embarcación que hace el papel de intruso. A partir de ahí, varias L30 se coordinan para cerrarle espacio, limitar sus movimientos y bloquear posibles vías de salida, según recoge Army Recognition.. Lo más llamativo de la demostración no es una sola lancha, sino el funcionamiento del grupo. En vez de depender de órdenes constantes desde tierra, cada unidad procesa su propia información y ajusta su posición en función de lo que hacen las demás. El resultado es un sistema distribuido que puede repartir tareas sobre la marcha, cambiar la formación y responder con rapidez si aparece un objetivo en el área vigilada.. Ese planteamiento recuerda al de los enjambres de drones aéreos, pero trasladado al entorno marítimo. Las embarcaciones pueden separarse para cubrir más superficie o concentrarse alrededor de un blanco si hace falta interceptarlo. En la secuencia difundida por China se ve precisamente esa transición. Primero patrullan y observan. Después convergen sobre el intruso desde distintos ángulos hasta dejarlo prácticamente sin margen de maniobra.. El planteamiento de la operación también permite una intervención física directa, incluido embestir de forma controlada para inutilizar o detener una embarcación si fuera necesario.. Así son los drones marítimos L30. Según la información difundida junto a la prueba, el L30 es un vehículo de superficie no tripulado de 7,5 metros de eslora, con una velocidad máxima de 65 kilómetros por hora y una autonomía superior a 550 kilómetros. Son cifras pensadas para operaciones cercanas a la costa, donde lo importante no es tanto poder navegar durante semanas como estar entrando y saliendo de servicio con rapidez, cubrir áreas amplias y mantener presencia continua.. El casco está diseñado para ofrecer menos resistencia al avanzar, lo que le permite ganar velocidad, mantener mejor la estabilidad y consumir menos combustible. Eso se traduce en más tiempo operando sin necesidad de repostar. Cada unidad incorpora radar, cámaras y sensores electroópticos con capacidad para detectar, seguir e identificar objetivos. Además, su tamaño contenido reduce tanto su huella en radar como su firma térmica, de modo que resulta más difícil de localizar con los sistemas habituales de vigilancia marítima.. Además, puede pasar largos periodos en misión sin sufrir uno de los grandes límites de cualquier sistema tripulado, el cansancio de los marinos. Eso facilita despliegues más constantes para vigilancia costera, control de accesos marítimos o supervisión de infraestructuras cercanas al litoral.. La inteligencia artificial es esencial para que el enjambre pueda funcionar de manera autónoma. El sistema analiza de forma continua los datos de los sensores para identificar contactos, seguir trayectorias y decidir si una situación requiere respuesta. Si detecta una posible intrusión, calcula rutas de aproximación y asigna a cada embarcación una función concreta dentro del grupo. Una puede mantener distancia y vigilar, otra cerrar una ruta de escape y otra colocarse en una posición más útil para confirmar la identidad del objetivo.. Eso no significa que el factor humano desaparezca. La autorización de la misión sigue dependiendo de operadores humanos, pero la lógica del sistema busca que no tengan que dirigir cada giro o cada cambio de velocidad. En la práctica, la idea es que una sola persona pueda supervisar varias unidades a la vez, en lugar de controlar cada barco como si fuera un vehículo teledirigido tradicional.
Las embarcaciones no tripuladas han ensayado tareas de patrulla, vigilancia e interceptación coordinada en aguas de Zhuhai
China ha mostrado por primera vez una prueba operativa con varias lanchas no tripuladas L30 actuando de forma coordinada en el mar. El ensayo tuvo lugar el 25 de marzo frente a Zhuhai, en la provincia china de Guangdong, y demuestra cómo este tipo de embarcaciones puede vigilar una zona, detectar una intrusión y reaccionar casi sin intervención humana.. Las imágenes difundidas por medios oficiales muestran a varias unidades saliendo al agua sin tripulación a bordo y siguiendo rutas ya definidas desde un centro de control. Una vez en la zona asignada, las embarcaciones activan sus sistemas de vigilancia y empiezan a rastrear el entorno con radar, cámaras y sensores ópticos. En el ejercicio participa también una embarcación que hace el papel de intruso. A partir de ahí, varias L30 se coordinan para cerrarle espacio, limitar sus movimientos y bloquear posibles vías de salida, según recoge Army Recognition.. Lo más llamativo de la demostración no es una sola lancha, sino el funcionamiento del grupo. En vez de depender de órdenes constantes desde tierra, cada unidad procesa su propia información y ajusta su posición en función de lo que hacen las demás. El resultado es un sistema distribuido que puede repartir tareas sobre la marcha, cambiar la formación y responder con rapidez si aparece un objetivo en el área vigilada.. Ese planteamiento recuerda al de los enjambres de drones aéreos, pero trasladado al entorno marítimo. Las embarcaciones pueden separarse para cubrir más superficie o concentrarse alrededor de un blanco si hace falta interceptarlo. En la secuencia difundida por China se ve precisamente esa transición. Primero patrullan y observan. Después convergen sobre el intruso desde distintos ángulos hasta dejarlo prácticamente sin margen de maniobra.. El planteamiento de la operación también permite una intervención física directa, incluido embestir de forma controlada para inutilizar o detener una embarcación si fuera necesario.. Según la información difundida junto a la prueba, el L30 es un vehículo de superficie no tripulado de 7,5 metros de eslora, con una velocidad máxima de 65 kilómetros por hora y una autonomía superior a 550 kilómetros. Son cifras pensadas para operaciones cercanas a la costa, donde lo importante no es tanto poder navegar durante semanas como estar entrando y saliendo de servicio con rapidez, cubrir áreas amplias y mantener presencia continua.. El casco está diseñado para ofrecer menos resistencia al avanzar, lo que le permite ganar velocidad, mantener mejor la estabilidad y consumir menos combustible. Eso se traduce en más tiempo operando sin necesidad de repostar. Cada unidad incorpora radar, cámaras y sensores electroópticos con capacidad para detectar, seguir e identificar objetivos. Además, su tamaño contenido reduce tanto su huella en radar como su firma térmica, de modo que resulta más difícil de localizar con los sistemas habituales de vigilancia marítima.. Además, puede pasar largos periodos en misión sin sufrir uno de los grandes límites de cualquier sistema tripulado, el cansancio de los marinos. Eso facilita despliegues más constantes para vigilancia costera, control de accesos marítimos o supervisión de infraestructuras cercanas al litoral.. La inteligencia artificial es esencial para que el enjambre pueda funcionar de manera autónoma. El sistema analiza de forma continua los datos de los sensores para identificar contactos, seguir trayectorias y decidir si una situación requiere respuesta. Si detecta una posible intrusión, calcula rutas de aproximación y asigna a cada embarcación una función concreta dentro del grupo. Una puede mantener distancia y vigilar, otra cerrar una ruta de escape y otra colocarse en una posición más útil para confirmar la identidad del objetivo.. Eso no significa que el factor humano desaparezca. La autorización de la misión sigue dependiendo de operadores humanos, pero la lógica del sistema busca que no tengan que dirigir cada giro o cada cambio de velocidad. En la práctica, la idea es que una sola persona pueda supervisar varias unidades a la vez, en lugar de controlar cada barco como si fuera un vehículo teledirigido tradicional.
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