Cuando un delantero marca un gol, nuestro cerebro distingue el verde del césped, el blanco de las líneas, el azul del cielo, el rojo de una camiseta y los miles de tonos de piel de los jugadores. Parece que la televisión esté reproduciendo millones de colores distintos. Pero, si pudiéramos acercarnos lo suficiente a la pantalla, la realidad es muy distinta y solo está utilizando tres: rojo, verde y azul. Todo lo demás es una “ilusión” extraordinariamente sofisticada. Estos tres colores forman una de las siglas más conocidas en tecnología: RGB (red, green, blue). Y también una de las más importantes en biología evolutiva. En nuestra retina, los humanos no tenemos sensores capaces de detectar todos los colores imaginables. Solo disponemos de tres tipos de conos, células sensibles a longitudes de onda largas, medias y cortas, que solemos identificar como rojo, verde y azul. Nuestro cerebro combina continuamente la información procedente de esos tres receptores para construir toda la paleta cromática que experimentamos. Por eso una pantalla no necesita emitir un millón de colores distintos. Le basta con controlar cuidadosamente la intensidad de tres pequeños puntos luminosos: uno rojo, otro verde y otro azul. Cuando los tres brillan con la misma intensidad percibimos el blanco. Si únicamente se ilumina el rojo, este es el único color que vemos y si se mezclan en diferentes proporciones aparecen millones de tonalidades distintas. Esa idea, que lleva décadas siendo la base de prácticamente todas las pantallas del mundo, es precisamente la protagonista de una de las principales novedades de Samsung para su gama premium de televisores de 2026: la tecnología Micro RGB, un sistema que pretende aprovechar esos tres colores fundamentales con una precisión nunca vista para conseguir imágenes más brillantes, más realistas y con una gama cromática mucho más amplia. La clave es, nuevamente, la evolución. En muchos televisores actuales la luz procede inicialmente de una retroiluminación blanca que posteriormente atraviesa filtros de color. Es un sistema muy eficiente, pero parte de esa luz se pierde por el camino y los colores nunca llegan a ser completamente puros. La tecnología Micro RGB cambia ese planteamiento. En lugar de partir de una única fuente de luz blanca, emplea una retroiluminación formada por emisores independientes de luz roja, verde y azul. En la naturaleza, los objetos son visibles porque la luz choca contra ellos y algunos rebotan (los que vemos) y otros son “tragados” por el objeto. Estos televisores hacen exactamente eso: directamente emiten el color correspondiente a nuestros ojos. Es decir, cada uno de los tres colores fundamentales nace directamente desde la propia fuente luminosa. El resultado es una gama cromática más amplia, un mayor nivel de brillo y una reproducción del color potencialmente mucho más precisa. En cierto modo, es la diferencia entre pintar mezclando acuarelas ya diluidas o
Cuenta con el modo AI Football Mode Pro que permite identificar automáticamente las jugadas para optimizar la nitidez del balón.
Cuando un delantero marca un gol, nuestro cerebro distingue el verde del césped, el blanco de las líneas, el azul del cielo, el rojo de una camiseta y los miles de tonos de piel de los jugadores. Parece que la televisión esté reproduciendo millones de colores distintos. Pero, si pudiéramos acercarnos lo suficiente a la pantalla, la realidad es muy distinta y solo está utilizando tres: rojo, verde y azul. Todo lo demás es una “ilusión” extraordinariamente sofisticada. Estos tres colores forman una de las siglas más conocidas en tecnología: RGB (red, green, blue). Y también una de las más importantes en biología evolutiva. En nuestra retina, los humanos no tenemos sensores capaces de detectar todos los colores imaginables. Solo disponemos de tres tipos de conos, células sensibles a longitudes de onda largas, medias y cortas, que solemos identificar como rojo, verde y azul. Nuestro cerebro combina continuamente la información procedente de esos tres receptores para construir toda la paleta cromática que experimentamos.Por eso una pantalla no necesita emitir un millón de colores distintos. Le basta con controlar cuidadosamente la intensidad de tres pequeños puntos luminosos: uno rojo, otro verde y otro azul. Cuando los tres brillan con la misma intensidad percibimos el blanco. Si únicamente se ilumina el rojo, este es el único color que vemos y si se mezclan en diferentes proporciones aparecen millones de tonalidades distintas. Esa idea, que lleva décadas siendo la base de prácticamente todas las pantallas del mundo, es precisamente la protagonista de una de las principales novedades de Samsung para su gama premium de televisores de 2026: la tecnología Micro RGB, un sistema que pretende aprovechar esos tres colores fundamentales con una precisión nunca vista para conseguir imágenes más brillantes, más realistas y con una gama cromática mucho más amplia. La clave es, nuevamente, la evolución. En muchos televisores actuales la luz procede inicialmente de una retroiluminación blanca que posteriormente atraviesa filtros de color. Es un sistema muy eficiente, pero parte de esa luz se pierde por el camino y los colores nunca llegan a ser completamente puros. La tecnología Micro RGB cambia ese planteamiento. En lugar de partir de una única fuente de luz blanca, emplea una retroiluminación formada por emisores independientes de luz roja, verde y azul. En la naturaleza, los objetos son visibles porque la luz choca contra ellos y algunos rebotan (los que vemos) y otros son “tragados” por el objeto. Estos televisores hacen exactamente eso: directamente emiten el color correspondiente a nuestros ojos. Es decir, cada uno de los tres colores fundamentales nace directamente desde la propia fuente luminosa. El resultado es una gama cromática más amplia, un mayor nivel de brillo y una reproducción del color potencialmente mucho más precisa. En cierto modo, es la diferencia entre pintar mezclando acuarelas ya diluidas o di
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