A Rosa Garrote se le había olvidado la exposición pública. «He perdido la costumbre de hablar, estoy desentrenada», dice sonriendo a LA RAZÓN la presidenta de la Asociación de Víctimas del Metro 3 de julio que, aunque tiene una actividad «nula», sigue sin disolverse. Hace ya más de seis años que el proceso judicial depuró responsabilidades por el accidente de metro que dejó 43 fallecidos en la víspera de la visita del Papa a Valencia en 2006, entre ellas su hermana gemela Maika, de 41 años, que viajaba con su hija Violeta, quien sí salvó la vida. «La gente al ser gemelas nos ven iguales, pero para la familia éramos completamente distintas. Por suerte tenemos esos recuerdos que es el consuelo que nos queda», dice. Tardaron casi 14 años en llegar a un acuerdo donde cuatro de los ocho directivos de Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana reconocieran su responsabilidad y aceptaran una condena rebajada de 22 meses de prisión: «Fue un camino muy largo, doloroso y frustrante», admite, pero tras la sentencia, «el objetivo está conseguido». El vigésimo aniversario del accidente coincide en un año donde sigue la compleja instrucción judicial de la dana y en el que un nuevo accidente de tren, esta vez en Adamuz, se cobró 46 vidas. «A mí me remueve más el accidente de Adamuz: ves los vagones, las vías, el personal de rescate…», asegura Rosa, quien estuvo en contacto con familiares de las víctimas de ambas tragedias para cómo constituir la asociación o qué pasos tomar. «Somos un referente de lucha», dice. Ahora se solidariza con los familiares de las 230 víctimas mortales de la dana, con quienes compartirán escenario en el acto de este viernes 3 de julio. «Queríamos convencernos para dar un sentido a nuestra lucha y consolarnos que nuestro sufrimiento serviría para que en la próxima tragedia las familias no pasasen por lo que tuvimos que pasar, pero ahora vemos que no», afirma en referencia a la dana. Salvando las enormes distancias de las tragedias, a Rosa le duele ver cómo se politiza a las asociaciones de víctimas que simplemente buscan depurar responsabilidades. «Los políticos no han hecho examen de conciencia, como no les pasó factura, o peor aún, han aprendido que no les pasó factura a nivel político», asegura, citando cómo el Partido Popular venció en Torrent, feudo socialista hasta entonces, y también logró reeditar sus gobiernos en Valencia capital y la Comunitat Valenciana en los comicios de 2007, menos de un año después del accidente. «Siguen con la misma estrategia del pasado y es lo que hacen con las víctimas de la dana, criminalizarlas, decir que tienen malas intenciones y no representan a las víctimas para echar por tierra su credibilidad», lamenta. La presidenta de la Asociación de Víctimas del Metro 3 de julio afirma que ahora incluso está «cada vez más agresivo el contexto político y ciudadano», pero que hace veinte años sufrieron ya una politización que no bu
Afirma que la falta de respuestas convirtió en política su lucha
A Rosa Garrote se le había olvidado la exposición pública. «He perdido la costumbre de hablar, estoy desentrenada», dice sonriendo a LA RAZÓN la presidenta de la Asociación de Víctimas del Metro 3 de julio que, aunque tiene una actividad «nula», sigue sin disolverse. Hace ya más de seis años que el proceso judicial depuró responsabilidades por el accidente de metro que dejó 43 fallecidos en la víspera de la visita del Papa a Valencia en 2006, entre ellas su hermana gemela Maika, de 41 años, que viajaba con su hija Violeta, quien sí salvó la vida. «La gente al ser gemelas nos ven iguales, pero para la familia éramos completamente distintas. Por suerte tenemos esos recuerdos que es el consuelo que nos queda», dice.Tardaron casi 14 años en llegar a un acuerdo donde cuatro de los ocho directivos de Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana reconocieran su responsabilidad y aceptaran una condena rebajada de 22 meses de prisión: «Fue un camino muy largo, doloroso y frustrante», admite, pero tras la sentencia, «el objetivo está conseguido».El vigésimo aniversario del accidente coincide en un año donde sigue la compleja instrucción judicial de la dana y en el que un nuevo accidente de tren, esta vez en Adamuz, se cobró 46 vidas. «A mí me remueve más el accidente de Adamuz: ves los vagones, las vías, el personal de rescate…», asegura Rosa, quien estuvo en contacto con familiares de las víctimas de ambas tragedias para cómo constituir la asociación o qué pasos tomar. «Somos un referente de lucha», dice.Ahora se solidariza con los familiares de las 230 víctimas mortales de la dana, con quienes compartirán escenario en el acto de este viernes 3 de julio. «Queríamos convencernos para dar un sentido a nuestra lucha y consolarnos que nuestro sufrimiento serviría para que en la próxima tragedia las familias no pasasen por lo que tuvimos que pasar, pero ahora vemos que no», afirma en referencia a la dana.Salvando las enormes distancias de las tragedias, a Rosa le duele ver cómo se politiza a las asociaciones de víctimas que simplemente buscan depurar responsabilidades. «Los políticos no han hecho examen de conciencia, como no les pasó factura, o peor aún, han aprendido que no les pasó factura a nivel político», asegura, citando cómo el Partido Popular venció en Torrent, feudo socialista hasta entonces, y también logró reeditar sus gobiernos en Valencia capital y la Comunitat Valenciana en los comicios de 2007, menos de un año después del accidente.«Siguen con la misma estrategia del pasado y es lo que hacen con las víctimas de la dana, criminalizarlas, decir que tienen malas intenciones y no representan a las víctimas para echar por tierra su credibilidad», lamenta.La presidenta de la Asociación de Víctimas del Metro 3 de julio afirma que ahora incluso está «cada vez más agresivo el contexto político y ciudadano», pero que hace veinte años sufrieron ya una politización que no buscaban
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