«La comunión, en la Iglesia, no se construye endureciéndose en las propias posiciones, sino buscando, en los corazones de todos, los puntos de encuentro en la Verdad». Es la reflexión que lanzó esta mañana León XIV durante la eucaristía celebrada en la basílica de San Pedro con ocasión de la festividad de los santos Pedro y Pablo. El Papa presidió esta misa dos días después de clausurar el consistorio en el que reunió a 178 cardenales y en el que les pidió un cierre de filas en torno a él y la reforma de la sinodalidad. Reiteró este mensaje, precisamente cuando se recordaba la figura de los dos apóstoles que llevaron el timón del cristianismo. Sobre la necesidad de una Iglesia abierta al mundo, explicó que el símbolo de sus llaves no es para «derribar las puertas, sino para abrirlas y cerrarlas», con el fin de convertir «habitaciones aisladas en una única casa acogedora». Es ahí donde encajó su misión como Sucesor de Pedro, «en beneficio de todo el Pueblo santo de Dios: escuchar, con su ayuda, las voces de cada uno». También, asumió el compromiso de «discernir las inspiraciones, guiar los caminos, corregir los errores; instruir, animar, exhortar y acompañar a los hermanos para que, dóciles a la acción del mismo Espíritu, cooperen en la salvación unos de otros y de toda la humanidad». Durante la misa, el Papa bendijo los palios que llevarán los nuevos arzobispos metropolitanos nombrados este último año, una indumentaria compuesta por estolas de lana blanca con cruces negras que se portan sobre el pecho y los hombros. León XIV recordó que esta banda expresa el compromiso de «sacrificar por el pueblo energías, tiempo, esfuerzo e incluso la vida, para que el Evangelio llegue a todos». Además, comentó que «el ejemplo de Pedro es también una invitación para que cada cristiano se convierta en artífice de la unidad, poniendo a Dios en el centro de su existencia y acercándose a los hermanos, atento a sus vicisitudes y a sus necesidades».
El Papa agustino preside la fiesta de San Pedro y San Pablo pidiendo unidad en la Iglesia
«La comunión, en la Iglesia, no se construye endureciéndose en las propias posiciones, sino buscando, en los corazones de todos, los puntos de encuentro en la Verdad». Es la reflexión que lanzó esta mañana León XIV durante la eucaristía celebrada en la basílica de San Pedro con ocasión de la festividad de los santos Pedro y Pablo. El Papa presidió esta misa dos días después de clausurar el consistorio en el que reunió a 178 cardenales y en el que les pidió un cierre de filas en torno a él y la reforma de la sinodalidad.Reiteró este mensaje, precisamente cuando se recordaba la figura de los dos apóstoles que llevaron el timón del cristianismo. Sobre la necesidad de una Iglesia abierta al mundo, explicó que el símbolo de sus llaves no es para «derribar las puertas, sino para abrirlas y cerrarlas», con el fin de convertir «habitaciones aisladas en una única casa acogedora».Es ahí donde encajó su misión como Sucesor de Pedro, «en beneficio de todo el Pueblo santo de Dios: escuchar, con su ayuda, las voces de cada uno». También, asumió el compromiso de «discernir las inspiraciones, guiar los caminos, corregir los errores; instruir, animar, exhortar y acompañar a los hermanos para que, dóciles a la acción del mismo Espíritu, cooperen en la salvación unos de otros y de toda la humanidad».Durante la misa, el Papa bendijo los palios que llevarán los nuevos arzobispos metropolitanos nombrados este último año, una indumentaria compuesta por estolas de lana blanca con cruces negras que se portan sobre el pecho y los hombros. León XIV recordó que esta banda expresa el compromiso de «sacrificar por el pueblo energías, tiempo, esfuerzo e incluso la vida, para que el Evangelio llegue a todos».Además, comentó que «el ejemplo de Pedro es también una invitación para que cada cristiano se convierta en artífice de la unidad, poniendo a Dios en el centro de su existencia y acercándose a los hermanos, atento a sus vicisitudes y a sus necesidades».
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