Dos de la mañana para el pitido inicial, cuatro para el final, y una España que ganó aunque Uruguay no lo puso nada fácil. Miles de aficionados sacrificaron sus horas de descanso para seguir en directo un partido duro, incómodo, con pocas concesiones por parte del rival, aunque la victoria al final llegó. El precio biológico de esa celebración, sin embargo, lleva nombre técnico, y la ciencia del sueño tiene algo que decir al respecto. El coste oculto de madrugar para ganar María Ángeles Bonmatí, cronobióloga de la Universidad de Murcia y miembro de la Sociedad Española del Sueño, advirtió a EFE que cada aficionado afronta estas noches de manera diferente porque no existe una solución universal para gestionar el descanso interrumpido. Lo que sí tiene claro es que anticipar el sueño antes del partido era la estrategia más beneficiosa para el organismo. «Las horas que hayamos conseguido dormir antes del partido son horas que ya nos llevamos para nuestro bienestar del día siguiente», señaló la especialista. Bonmatí calificó el encuentro como «una alteración importante de la rutina», al margen de cómo cada aficionado decidiera gestionarlo. Trasnochar tiene un precio fisiológico real. Alterar puntualmente los horarios de descanso desajusta el ritmo circadiano, ese mecanismo biológico interno que regula funciones tan diversas como la temperatura corporal, la presión arterial o la respuesta hormonal. Las consecuencias más frecuentes al día siguiente son somnolencia, menor velocidad de reacción y dificultad para sostener la concentración durante periodos prolongados. Cuidado al volante esta mañana Bonmatí fue especialmente clara en un punto: quien haya pasado la noche en vela o con el sueño fragmentado debe extremar la precaución si coge el coche o afronta cualquier tarea que requiera atención sostenida. La privación de sueño combinada con el desajuste circadiano eleva el riesgo de accidentes de tráfico y otro tipo de percances, y la alerta emocional propia de un partido de fútbol en fase decisiva del Mundial no compensa ese déficit cognitivo. La cronobióloga introdujo también el concepto de «jet lag social», un fenómeno especialmente habitual entre los jóvenes que se produce cuando los horarios de sueño cambian de forma brusca entre semana y fin de semana. Aunque en este caso se trata de una alteración puntual, lo que descarta efectos negativos a medio plazo, el rendimiento del sábado sí puede resentirse con claridad. El hecho de que el partido cayera en vísperas de sábado amortiguó en parte el golpe, ya que la mayoría de los aficionados dispone de margen para recuperarse sin la presión de las obligaciones laborales. Otro de los desafíos de la noche llegó precisamente al final del partido. Cerrar noventa minutos de alta tensión emocional y lograr conciliar el sueño no fue tarea sencilla. Bonmatí recomendaba afrontar ese momento con una transición deliberada hacia la calma, cambiando de activ
Muchos aficionados españoles están hoy con somnoliencia, cansancio y falta de sueño. Es una mañana para tener cuidado
Dos de la mañana para el pitido inicial, cuatro para el final, y una España que ganó aunque Uruguay no lo puso nada fácil. Miles de aficionados sacrificaron sus horas de descanso para seguir en directo un partido duro, incómodo, con pocas concesiones por parte del rival, aunque la victoria al final llegó. El precio biológico de esa celebración, sin embargo, lleva nombre técnico, y la ciencia del sueño tiene algo que decir al respecto.El coste oculto de madrugar para ganarMaría Ángeles Bonmatí, cronobióloga de la Universidad de Murcia y miembro de la Sociedad Española del Sueño, advirtió a EFE que cada aficionado afronta estas noches de manera diferente porque no existe una solución universal para gestionar el descanso interrumpido. Lo que sí tiene claro es que anticipar el sueño antes del partido era la estrategia más beneficiosa para el organismo. «Las horas que hayamos conseguido dormir antes del partido son horas que ya nos llevamos para nuestro bienestar del día siguiente», señaló la especialista. Bonmatí calificó el encuentro como «una alteración importante de la rutina», al margen de cómo cada aficionado decidiera gestionarlo.Trasnochar tiene un precio fisiológico real. Alterar puntualmente los horarios de descanso desajusta el ritmo circadiano, ese mecanismo biológico interno que regula funciones tan diversas como la temperatura corporal, la presión arterial o la respuesta hormonal. Las consecuencias más frecuentes al día siguiente son somnolencia, menor velocidad de reacción y dificultad para sostener la concentración durante periodos prolongados.Cuidado al volante esta mañanaBonmatí fue especialmente clara en un punto: quien haya pasado la noche en vela o con el sueño fragmentado debe extremar la precaución si coge el coche o afronta cualquier tarea que requiera atención sostenida. La privación de sueño combinada con el desajuste circadiano eleva el riesgo de accidentes de tráfico y otro tipo de percances, y la alerta emocional propia de un partido de fútbol en fase decisiva del Mundial no compensa ese déficit cognitivo.La cronobióloga introdujo también el concepto de «jet lag social», un fenómeno especialmente habitual entre los jóvenes que se produce cuando los horarios de sueño cambian de forma brusca entre semana y fin de semana. Aunque en este caso se trata de una alteración puntual, lo que descarta efectos negativos a medio plazo, el rendimiento del sábado sí puede resentirse con claridad. El hecho de que el partido cayera en vísperas de sábado amortiguó en parte el golpe, ya que la mayoría de los aficionados dispone de margen para recuperarse sin la presión de las obligaciones laborales.Otro de los desafíos de la noche llegó precisamente al final del partido. Cerrar noventa minutos de alta tensión emocional y lograr conciliar el sueño no fue tarea sencilla. Bonmatí recomendaba afrontar ese momento con una transición deliberada hacia la calma, cambiando de actividad al
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