«Es una historia de amor». Así es como definen los chefs Javier y Sergio Torres su relación con el recientemente inaugurado restaurante Parada Torres, su último proyecto gastronómico. «No estaba previsto, pero nosotros somos mucho de ir al mercado y solíamos hacerlo con nuestra abuela, que nos llevaba justo al de Santa Caterina, y después cocinaba en una de las casas que están enfrente», recuerda Javier. Así, cuando les surgió la posibilidad de hacerse con uno de los espacios gastronómicos del mercado barcelonés, con el trasfondo emocional que para ellos tenía la ubicación, los hermanos Torres no quisieron dejar escapar la oportunidad y apostaron por lanzar un proyecto de restauración que «rindiera homenaje a los bares» en los que nacieron y crecieron, ya que durante su infancia sus padres regentaban el bar La Plaza. «Teníamos claro que queríamos hacer un bar en el que comer bien, a un precio competitivo y con una oferta basada en la cocina de producto y mercado, porque es de ahí de donde venimos», comenta Javier, quien asegura que tanto él como su hermano siempre han sido «de producto y fondos limpios y sabrosos». Así pues, pese a que la de Parada Torres no es una propuesta de alta gastronomía, como sí lo son la de otros restaurantes gestionados por los hermanos, mantiene la esencia y personalidad culinaria de ambos chefs: «Todo son platos con un gran producto, bien ejecutados y con la técnica y experiencia que hemos acumulado», señala Javier, porque «sin buen producto, no hay cocina». «Siempre nos regimos por el producto, el productor y la temporada», insiste el chef y, al respecto, indica que «Parada Torres es un bar contemporáneo, donde se respeta el producto de temporada y se busca al máximo el sabor», lo cual no está reñido con el uso de técnicas culinarias, que se ponen al servicio de esa materia prima para realzarla. «El toque Torres», como lo denomina Javier, también está presente en este restaurante y se concreta en esa voluntad de «dar un plus a la cocina, mejorarla, realzar el sabor, el producto y la belleza». Por lo tanto, la propuesta de Parada Torres parte de la tradición gastronómica, pero cuenta con el valor añadido de ese «toque Torres» tan característico y se concreta en una oferta dinámica sujeta a la temporalidad de la materia prima y con platos como los canelones de la abuela, las gambas al ajillo con un toque de Jerez o las patatas bravas, que «aunque se trate de patatas, son inmejorables», dice Javier. «Es la oferta que a nosotros nos gustaría encontrar», confiesa y, al respecto, explica que «cuando llevamos la carta a los comensales, también les aconsejamos, les comentamos los productos del día… Al final es vivir el mercado gastronómicamente». En definitiva, el de Parada Torres es un concepto divertido, dinámico, que invita al cliente a degustar varias propuestas en pequeñas raciones, aunque siempre puede optar por un primer y un segundo plato, y tod
El último proyecto de los hermanos Torres, rinde homenaje al bar y su cocina buena, de mercado y a precio competitivo
«Es una historia de amor». Así es como definen los chefs Javier y Sergio Torres su relación con el recientemente inaugurado restaurante Parada Torres, su último proyecto gastronómico.«No estaba previsto, pero nosotros somos mucho de ir al mercado y solíamos hacerlo con nuestra abuela, que nos llevaba justo al de Santa Caterina, y después cocinaba en una de las casas que están enfrente», recuerda Javier.Así, cuando les surgió la posibilidad de hacerse con uno de los espacios gastronómicos del mercado barcelonés, con el trasfondo emocional que para ellos tenía la ubicación, los hermanos Torres no quisieron dejar escapar la oportunidad y apostaron por lanzar un proyecto de restauración que «rindiera homenaje a los bares» en los que nacieron y crecieron, ya que durante su infancia sus padres regentaban el bar La Plaza.«Teníamos claro que queríamos hacer un bar en el que comer bien, a un precio competitivo y con una oferta basada en la cocina de producto y mercado, porque es de ahí de donde venimos», comenta Javier, quien asegura que tanto él como su hermano siempre han sido «de producto y fondos limpios y sabrosos».Así pues, pese a que la de Parada Torres no es una propuesta de alta gastronomía, como sí lo son la de otros restaurantes gestionados por los hermanos, mantiene la esencia y personalidad culinaria de ambos chefs: «Todo son platos con un gran producto, bien ejecutados y con la técnica y experiencia que hemos acumulado», señala Javier, porque «sin buen producto, no hay cocina».«Siempre nos regimos por el producto, el productor y la temporada», insiste el chef y, al respecto, indica que «Parada Torres es un bar contemporáneo, donde se respeta el producto de temporada y se busca al máximo el sabor», lo cual no está reñido con el uso de técnicas culinarias, que se ponen al servicio de esa materia prima para realzarla.«El toque Torres», como lo denomina Javier, también está presente en este restaurante y se concreta en esa voluntad de «dar un plus a la cocina, mejorarla, realzar el sabor, el producto y la belleza».Por lo tanto, la propuesta de Parada Torres parte de la tradición gastronómica, pero cuenta con el valor añadido de ese «toque Torres» tan característico y se concreta en una oferta dinámica sujeta a la temporalidad de la materia prima y con platos como los canelones de la abuela, las gambas al ajillo con un toque de Jerez o las patatas bravas, que «aunque se trate de patatas, son inmejorables», dice Javier.«Es la oferta que a nosotros nos gustaría encontrar», confiesa y, al respecto, explica que «cuando llevamos la carta a los comensales, también les aconsejamos, les comentamos los productos del día… Al final es vivir el mercado gastronómicamente».En definitiva, el de Parada Torres es un concepto divertido, dinámico, que invita al cliente a degustar varias propuestas en pequeñas raciones, aunque siempre puede optar por un primer y un segundo plato, y todo ello ti
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