El mundo mediático más tradicional se resiste a dejar paso a los influencers, pese a su importancia. Pocas cosas tan tradicionales como el fútbol. En este Mundial, muchos influencers están trabajando para la televisión y comentan lo que sucede. Entre ellas, Marina Rivers, que ha defendido su derecho a hablar de fútbol.. No es nueva la tensión entre el periodismo deportivo de toda la vida y las nuevas caras que llegan desde las redes sociales con millones de seguidores y una forma distinta de contar las cosas. Pero este Mundial ha agudizado ese debate como pocas veces antes. Cuando las cadenas de televisión decidieron incorporar a influencers en sus equipos de cobertura, la reacción de una parte del público fue inmediata y encendida. ¿Qué saben ellos de fútbol? ¿Qué pintan en un plató donde se habla de presión en la salida de balón, de líneas defensivas y de sistemas tácticos? Marina Rivers ha sido una de las que más ha recibido, y también una de las que más alto ha respondido.. La influencia de Marina Rivers. Rivers lleva tiempo construyendo una audiencia fiel en redes sociales, una comunidad que la sigue por su forma de ser, por su cercanía y por una autenticidad que escasea en el mundo del entretenimiento digital. Que una figura así aparezca en un programa del Mundial no debería sorprender a nadie: las televisiones llevan años buscando conectar con públicos más jóvenes que ya no consumen los medios tradicionales. Pero el fútbol es territorio sagrado para mucha gente, y entrar en él sin el carné periodístico en regla cuesta caro.. La influencer no se ha quedado callada ante las críticas. Ha salido a reivindicarse con naturalidad y con datos, que es la mejor manera de hacerlo. Primero, dejando claro que está metida en el torneo hasta las orejas. «Estoy emocionada con este mundial, me estaba viendo ahora mismo en la Argentina-Austria. Que estoy puesta tíos, que me lo estoy leyendo», declaró Rivers con ese tono directo que la caracteriza.. Y no se quedó ahí. Fue más allá y puso un ejemplo concreto de que sigue el torneo con atención y con curiosidad, el tipo de atención que no todo el mundo que se dice futbolero de toda la vida es capaz de demostrar. «Además que sé en el partido que dos eran hermanos de Arabia Saudita y la gente jajajaja, que son hermanos, lo busqué y eran hermanos, que se apellidaban igual, ostras», añadió entre risas.. Ese detalle dice más de ella que cualquier currículum. Buscar información, contrastarla, fijarse en lo que otros pasan por alto. Son hábitos que muchos periodistas veteranos presumen de tener y que Rivers demuestra tener también, aunque nadie le haya dado un título que lo certifique.. ¿Quién sabe de fútbol?. Porque el debate de fondo no es si Marina Rivers sabe o no sabe de fútbol. El debate real es quién decide qué es saber de fútbol y quién no. Durante décadas, esa decisión la tomaron unos pocos, los mismos de siempre, en los mismos medios de siempre. Ahora el mapa ha cambiado y hay audiencias que prefieren escuchar a alguien que les habla de tú a tú, que comparte su emoción sin tecnicismos, que no pretende saber más que el espectador sino simplemente estar viviendo lo mismo que él.. Rivers representa ese modelo, y lo hace sin disculparse. Ha admitido que su relación con el fútbol tiene una forma muy concreta, la de los grandes torneos, y lo dice con orgullo. «Soy súper futbolera, pero soy de mundiales, o sea de selección, de mundiales y de Eurocopa. O sea, a mí la Eurocopa es una cosa que me encanta. Y el mundial me vuelvo loca», explicó sin rodeos.. Y para ilustrar hasta dónde llega su pasión por los grandes torneos, Rivers contó una anécdota que mezcla vergüenza, emoción y mucho humor. Una historia que cualquier seguidor del fútbol español puede entender perfectamente, aunque no haya vivido el 2010 con la conciencia suficiente para guardarlo en la memoria. «O sea, voy a contar una cosa que me da vergüenza. La gente no va a creer, los hombres van a decir, eres una mentirosa. Pero el otro día me salió un resumen del mundial de 2010 que ganamos, que yo tenía 8 años. Que se me puso la piel de gallina. Y digo, soy un hombre. Y efectivamente jajajaja», relató Rivers entre carcajadas.. Ocho años tenía cuando España levantó la copa en Johannesburgo. No estaba en condiciones de entender del todo lo que significaba, pero el cuerpo lo recuerda de todas formas. Eso es el fútbol también, emoción que se queda grabada en la piel aunque la razón no pueda explicarla. Nadie le pregunta a un fan de cincuenta años si puede justificar por qué llora cuando marca su equipo. Nadie debería preguntárselo a Marina Rivers tampoco.. El debate sobre los influencers en los grandes eventos deportivos no va a cerrarse pronto. Pero mientras siga abierto, tiene sentido que quienes participan en él hablen desde la honestidad y desde la experiencia propia. Rivers lo hace. Sabe lo que sabe, lo dice sin complejos y lo defiende con argumentos. En un mundo donde el fútbol a veces se ahoga en solemnidad, eso también tiene su valor.
La influencer ha contestado a las críticas de quien dicen que no sabe y no puede hablar de fútbol
El mundo mediático más tradicional se resiste a dejar paso a los influencers, pese a su importancia. Pocas cosas tan tradicionales como el fútbol. En este Mundial, muchos influencers están trabajando para la televisión y comentan lo que sucede. Entre ellas, Marina Rivers, que ha defendido su derecho a hablar de fútbol.. No es nueva la tensión entre el periodismo deportivo de toda la vida y las nuevas caras que llegan desde las redes sociales con millones de seguidores y una forma distinta de contar las cosas. Pero este Mundial ha agudizado ese debate como pocas veces antes. Cuando las cadenas de televisión decidieron incorporar a influencers en sus equipos de cobertura, la reacción de una parte del público fue inmediata y encendida. ¿Qué saben ellos de fútbol? ¿Qué pintan en un plató donde se habla de presión en la salida de balón, de líneas defensivas y de sistemas tácticos? Marina Rivers ha sido una de las que más ha recibido, y también una de las que más alto ha respondido.. La influencia de Marina Rivers. Rivers lleva tiempo construyendo una audiencia fiel en redes sociales, una comunidad que la sigue por su forma de ser, por su cercanía y por una autenticidad que escasea en el mundo del entretenimiento digital. Que una figura así aparezca en un programa del Mundial no debería sorprender a nadie: las televisiones llevan años buscando conectar con públicos más jóvenes que ya no consumen los medios tradicionales. Pero el fútbol es territorio sagrado para mucha gente, y entrar en él sin el carné periodístico en regla cuesta caro.. La influencer no se ha quedado callada ante las críticas. Ha salido a reivindicarse con naturalidad y con datos, que es la mejor manera de hacerlo. Primero, dejando claro que está metida en el torneo hasta las orejas. «Estoy emocionada con este mundial, me estaba viendo ahora mismo en la Argentina-Austria. Que estoy puesta tíos, que me lo estoy leyendo», declaró Rivers con ese tono directo que la caracteriza.. Y no se quedó ahí. Fue más allá y puso un ejemplo concreto de que sigue el torneo con atención y con curiosidad, el tipo de atención que no todo el mundo que se dice futbolero de toda la vida es capaz de demostrar. «Además que sé en el partido que dos eran hermanos de Arabia Saudita y la gente jajajaja, que son hermanos, lo busqué y eran hermanos, que se apellidaban igual, ostras», añadió entre risas.. Ese detalle dice más de ella que cualquier currículum. Buscar información, contrastarla, fijarse en lo que otros pasan por alto. Son hábitos que muchos periodistas veteranos presumen de tener y que Rivers demuestra tener también, aunque nadie le haya dado un título que lo certifique.. ¿Quién sabe de fútbol?. Porque el debate de fondo no es siMarina Riverssabe o no sabe de fútbol. El debate real es quién decide qué es saber de fútbol y quién no. Durante décadas, esa decisión la tomaron unos pocos, los mismos de siempre, en los mismos medios de siempre.Ahora el mapa ha cambiado y hay audiencias que prefieren escuchar a alguien que les habla de tú a tú, que comparte su emoción sin tecnicismos, que no pretende saber más que el espectador sino simplemente estar viviendo lo mismo que él.. Rivers representa ese modelo, y lo hace sin disculparse. Ha admitido que su relación con el fútbol tiene una forma muy concreta, la de los grandes torneos, y lo dice con orgullo. «Soy súper futbolera, pero soy de mundiales, o sea de selección, de mundiales y de Eurocopa. O sea, a mí la Eurocopa es una cosa que me encanta. Y el mundial me vuelvo loca», explicó sin rodeos.. Y para ilustrar hasta dónde llega su pasión por los grandes torneos, Rivers contó una anécdota que mezcla vergüenza, emoción y mucho humor. Una historia que cualquier seguidor del fútbol español puede entender perfectamente, aunque no haya vivido el 2010 con la conciencia suficiente para guardarlo en la memoria. «O sea, voy a contar una cosa que me da vergüenza. La gente no va a creer, los hombres van a decir, eres una mentirosa. Pero el otro día me salió un resumen del mundial de 2010 que ganamos, que yo tenía 8 años. Que se me puso la piel de gallina. Y digo, soy un hombre. Y efectivamente jajajaja», relató Rivers entre carcajadas.. Ocho años tenía cuando España levantó la copa en Johannesburgo. No estaba en condiciones de entender del todo lo que significaba, pero el cuerpo lo recuerda de todas formas. Eso es el fútbol también, emoción que se queda grabada en la piel aunque la razón no pueda explicarla. Nadie le pregunta a un fan de cincuenta años si puede justificar por qué llora cuando marca su equipo. Nadie debería preguntárselo a Marina Rivers tampoco.. El debate sobre los influencers en los grandes eventos deportivos no va a cerrarse pronto. Pero mientras siga abierto, tiene sentido que quienes participan en él hablen desde la honestidad y desde la experiencia propia. Rivers lo hace. Sabe lo que sabe, lo dice sin complejos y lo defiende con argumentos. En un mundo donde el fútbol a veces se ahoga en solemnidad, eso también tiene su valor.
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