La política de deportaciones impulsada por el ministro del Interior, Alexander Dobrindt, ha llevado a Alemania a estrechar los contactos con un régimen al que oficialmente sigue sin reconocer. Berlín se dispone ahora a autorizar la llegada de hasta cuatro nuevos funcionarios consulares propuestos por los talibanes para facilitar la identificación de ciudadanos afganos y la expedición de los documentos necesarios para ejecutar las expulsiones.. El objetivo del Ejecutivo de Friedrich Merz es aumentar las devoluciones de delincuentes y personas consideradas peligrosas, aunque la medida implica al mismo tiempo profundizar una cooperación incómoda con el poder instaurado en Kabul. Mientras Dobrindt presiona para endurecer los retornos, el Ministerio de Exteriores confirmó este martes que los representantes designados por los talibanes serán examinados previamente antes de recibir visado.. Según Berlín, la presencia de más personal consular resulta imprescindible para agilizar unos procedimientos que hasta ahora dependían en gran medida de la colaboración de las autoridades talibanes. El ministro del Interior anunció recientemente que Alemania pretende organizar hasta tres vuelos chárter mensuales con destino a Afganistán, además de expulsiones individuales mediante vuelos comerciales.. Las conversaciones entre representantes alemanes y las autoridades de facto afganas se desarrollaron discretamente durante las últimas semanas y permitieron desbloquear una relación que se había deteriorado por la falta de colaboración de Kabul. El propósito del Gobierno es establecer ahora un mecanismo permanente para expulsar a personas consideradas una amenaza para la seguridad. «Quien abuse de nuestra protección y cometa delitos graves debe buscar su futuro en su país de origen», declaró Dobrindt tras el último vuelo, en el que fueron deportados 32 ciudadanos afganos condenados, entre otros delitos, por homicidio, violación o tráfico de drogas. La aproximación alemana ilustra las contradicciones de la política europea hacia Afganistán.. Desde el regreso de los talibanes al poder en 2021, Alemania cerró su embajada en Kabul y se sumó a la política de no reconocimiento del régimen islamista. Sin embargo, la necesidad de ejecutar expulsiones ha obligado a mantener contactos cada vez más directos con sus representantes y ha llevado incluso a que dos enviados vinculados al régimen ejerzan ya funciones consulares en Berlín y Bonn, una cifra que ahora podría elevarse a seis.. La decisión de Berlín refuerza así la línea que empieza a imponerse en varias capitales europeas para buscar fórmulas que garanticen las deportaciones de afganos con orden de expulsión. Alemania, que durante años recurrió a intermediarios como Qatar para organizar los primeros retornos, da ahora un paso más directo en una relación que incomoda a Berlín, pero que considera necesaria para ejecutar su nueva política de expulsiones.
La política de deportaciones impulsada por el ministro del Interior, Alexander Dobrindt, ha llevado a Alemania a estrechar los contactos con un régimen al que oficialmente sigue sin reconocer. Berlín se dispone ahora a autorizar la llegada de hasta cuatro nuevos funcionarios consulares propuestos por los talibanes para facilitar la identificación de ciudadanos afganos y la expedición de los documentos necesarios para ejecutar las expulsiones.. El objetivo del Ejecutivo de Friedrich Merz es aumentar las devoluciones de delincuentes y personas consideradas peligrosas, aunque la medida implica al mismo tiempo profundizar una cooperación incómoda con el poder instaurado en Kabul. Mientras Dobrindt presiona para endurecer los retornos, el Ministerio de Exteriores confirmó este martes que los representantes designados por los talibanes serán examinados previamente antes de recibir visado.. Según Berlín, la presencia de más personal consular resulta imprescindible para agilizar unos procedimientos que hasta ahora dependían en gran medida de la colaboración de las autoridades talibanes. El ministro del Interior anunció recientemente que Alemania pretende organizar hasta tres vuelos chárter mensuales con destino a Afganistán, además de expulsiones individuales mediante vuelos comerciales.. Las conversaciones se han desarrollado durante semanas. Las conversaciones entre representantes alemanes y las autoridades de facto afganas se desarrollaron discretamente durante las últimas semanas y permitieron desbloquear una relación que se había deteriorado por la falta de colaboración de Kabul. El propósito del Gobierno es establecer ahora un mecanismo permanente para expulsar a personas consideradas una amenaza para la seguridad. «Quien abuse de nuestra protección y cometa delitos graves debe buscar su futuro en su país de origen», declaró Dobrindt tras el último vuelo, en el que fueron deportados 32 ciudadanos afganos condenados, entre otros delitos, por homicidio, violación o tráfico de drogas. La aproximación alemana ilustra las contradicciones de la política europea hacia Afganistán.. Desde el regreso de los talibanes al poder en 2021, Alemania cerró su embajada en Kabul y se sumó a la política de no reconocimiento del régimen islamista. Sin embargo, la necesidad de ejecutar expulsiones ha obligado a mantener contactos cada vez más directos con sus representantes y ha llevado incluso a que dos enviados vinculados al régimen ejerzan ya funciones consulares en Berlín y Bonn, una cifra que ahora podría elevarse a seis.. La decisión de Berlín refuerza así la línea que empieza a imponerse en varias capitales europeas para buscar fórmulas que garanticen las deportaciones de afganos con orden de expulsión. Alemania, que durante años recurrió a intermediarios como Qatar para organizar los primeros retornos, da ahora un paso más directo en una relación que incomoda a Berlín, pero que considera necesaria para ejecutar su nueva política de expulsiones.
El objetivo del Ejecutivo de Friedrich Merz es aumentar las devoluciones de delincuentes y personas consideradas peligrosas
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