Cuando Pedro Sánchez levanta la vista en su despacho de La Moncloa, ve un quijote. Desde hace años atesora una colección de figuritas del caballero andante, muchas adquiridas en Mojácar. Allí un escándalo menor de presunta compra de votos fue utilizado por la derecha en plena campaña de 2023 para acusarle personalmente de pucherazo.. Seguir leyendo
Pedro Sánchez sabe que desoír a los prudentes le suele funcionar; quizás no sean tiempos de retirada, sino de resistencia
Cuando Pedro Sánchez levanta la vista en su despacho de La Moncloa, ve un quijote. Desde hace años atesora una colección de figuritas del caballero andante, muchas adquiridas en Mojácar. Allí un escándalo menor de presunta compra de votos fue utilizado por la derecha en plena campaña de 2023 para acusarle personalmente de pucherazo.. La historieta pasó a engrosar el saco de descartes de la derecha, donde han muerto no se sabe cuántas proclamas sobre la maldad intrínseca del sanchismo. ¿Qué pasa hoy por la cabeza del presidente del Gobierno? No es fácil saberlo. Se guarda: para muchos sigue siendo enigmático. Sus libros, en cuya escritura colaboré, permiten extraer conclusiones.. En Manual de Resistencia describe su llegada a casa, defenestrado como secretario general del PSOE, la noche del 1 de octubre de 2016. Encontró a Begoña “con lágrimas en los ojos”. Para su forja como líder político, se trata de un instante fundacional: “Empecé a cobrar conciencia de la capacidad de resistencia que podía llegar a tener”. Preguntar cómo hace para aguantar es como plantear por qué florece el edelweiss a 3.000 metros de altitud: es su hábitat. No es que se crezca en las dificultades, que también. Es que la épica de la remontada es, como dicen los cursis, su zona de confort.. Aquella toma de conciencia ocurrió en 2016, el año del umbral. Fue el año de la victoria de Donald Trump y del Brexit, fenómenos que ni los más agudos analistas entendieron entonces. Ahora sí: en 2016 acabó “el fin de la historia”, esa época en que las conquistas democráticas y sociales occidentales eran tan imposibles de perfeccionar que sólo había que mantenerlas, como un bello macizo de rosas.. Creímos que lo conquistado no se perdería nunca, pero ahora, engolfados en el posfin de la historia, vemos el rosal deshojarse. La vieja época se deshace, la nueva no cobra forma aún. Según Gramsci, en ese momento liminar surgen los monstruos. Los de esta época huelen a macho y a imperio, tienen un carácter autoritario y, por toda idea, la reacción. Propugnan tecnologías punta para el capitalismo de la vigilancia y aman la motosierra.. Sánchez leyó a Fukuyama y ahora lo padece: la historia primero se para y luego camina hacia atrás. Pero el Pedro resistente, forjado como líder español y europeo en esta década convulsa, está empeñado en avanzar.. Vive acontecimientos que no habían ocurrido antes, incluso ha protagonizado unos cuantos. Pero sufre algo inevitable: se juzga lo que él hace hoy con los parámetros de ayer, como si la historia siguiera detenida.. Se puede aventurar que, tras ocho años navegando el temporal, observa la línea de la playa electoral de 2027 y esboza una sonrisa de satisfacción. Allí podrá hacer balance de su mandato, mostrar esta España mejor que él ha impulsado. Su rival, por el contrario, solo tiene un saco de descartes repleto de historietas fallidas. Si la derecha hubiera estudiado a Sánchez con rigor, habría aflojado: puede aburrirse, pero no desfallecer. El acoso personal y la agitación promovida contra él es el combustible que acelera su motor interno.. La experiencia del poder le ha enseñado a reinterpretar el hostigamiento: si en Manual de resistencia aún expresaba desconcierto ante los brutales ataques, en Tierra Firme la perplejidad da paso a un preciso marco de análisis. Ha comprendido cómo funciona “la máquina del fango”, el juego sucio orientado a envenenar la conversación pública y cambiar gobiernos. Cree que una de sus misiones es desvelarlo.. Tiene absoluta confianza en los logros de su etapa: la economía que más crece de la UE, la culminación de los fondos europeos, la revolución energética, el salario mínimo creciente… Seguramente preferiría que las elecciones no fueran a cara de perro, pero le motivan.. No creo que infravalore a Alberto Núñez Feijóo: él sabe cuánto se equivocaron quienes lo infravaloraron a él. Pero el adversario dirige un partido que pide cárcel para su hermano: en tiempos liminares todo es posible. Cuando alcance la orilla, saltará animoso a jugar la partida, con una hoja de servicios a España tan imbatible a sus ojos como un chuletón.. No va a precipitarse: él tiene el tiempo en la mano. Sabe esperar, se ha vuelto un paciente maestro del autocontrol. Tiempo y calma para hacer camino, porque así se pondrá todo en su sitio. El estrés lo combate haciendo deporte, a menudo con Begoña.. Cuando la imputaron, sufrió. Aquellos cinco días de abril fueron críticos, pero la pareja salió de ellos más unida. Y juntos renovaron su compromiso resistente. Dos años después, el proceso judicial desquiciado es una clase magistral sobre la máquina del fango. Impartida, eso sí, sobre los huesos de Begoña. No creo que lo olvide nunca.. Él guarda el tiempo en la mano, porque sabe que la gente tiene ojos: el acoso a Begoña ya no lo desgasta; quizá incluso opere a su favor. Está decidido a ser él quien decida cuándo acaba la legislatura. No por nada, es su trabajo.. Su experiencia le dice que desoír a los prudentes le suele funcionar. Tal vez alguno le animara a complacer a EE UU respecto al aumento del gasto en Defensa. No lo escuchó. Después denunció el genocidio en Gaza y la guerra de Irán, y se convirtió en la némesis global de Trump. A estas alturas, confía de forma plena en su instinto.. Es de los veteranos del Consejo Europeo. En los últimos años ha visto a su amigo António Costa dimitir ante una endeble sospecha de corrupción; y al socialdemócrata Olaf Scholz, convocar una moción de confianza que sabía perdida para adelantar elecciones a continuación. Enzensberger los llamaría héroes de la retirada.. Pedro Sánchez los ha visto conducirse con las reglas elegantes del fin de la historia. Y también lo que vino después: en Portugal la ultraderecha ha pasado, en cuatro años, de 12 a 60 escaños. En Alemania los ultraderechistas de AfD obtuvieron en aquellas elecciones anticipadas el 21%, su mejor resultado histórico.. A este lado del umbral, asoma una forma de neofascismo, aún no sabemos cuál. Para un resistente —me atrevo a especular— la retirada elegante puede leerse como una suerte de narcisismo moral que antepone el bienestar de la conciencia a la lucha política. Quizá estos tiempos liminares no son de retirada sino de resistencia.. Con motivo de la Cumbre Progresista de abril en Barcelona, Sánchez habló mucho con Lula, cuyos huesos pasaron 580 días en la cárcel. El Comité de Derechos Humanos de la ONU dictaminó que se habían vulnerado sus garantías, su derecho a un juez imparcial y su libertad. Más aún: calificó de arbitraria su exclusión de las elecciones de 2018. Fue el año que ganó Jair Bolsonaro y nombró ministro de Justicia al juez que había condenado a Lula, Sérgio Moro.. Lula se convirtió en héroe cuando la resistencia lo llevó a prisión. Sánchez, al menos por ahora, sigue en La Moncloa. La pregunta que queda en el aire es si un resistente es capaz de identificar el momento en que ya no resulta posible resistir más. O si resiste porque en sus oídos resuena una melodía que habla de ganar o morir: We shall never surrender, esa melodía.. Los momentos liminares se comprenden mejor tiempo después: algún día sabremos si es resistencia o terquedad, virtud de época o carácter. Pero si me preguntaran si el presidente del Gobierno se siente acorralado, diría que esta mañana se ha levantado, ha mirado un quijote y ha dicho: es lunes, sigamos.. Irene Lozano es escritora. Su último libro publicado es Contra la bazofia digital (Península). Ha colaborado con Pedro Sánchez en sus libros Manual de Resistencia y Tierra firme.
