Una ruta cultural se ha propuesto sacar del olvido colectivo el pasado esclavista y la historia de la población negra que habitó el centro de Valencia durante generaciones pero de cuya huella histórica no hay apenas vestigios, quedando fuera de las rutas turísticas e incluso de la educación.. Cada día, valencianos y turistas recorren la plaza del Mercado Central de València, la iglesia de San Agustín y tantos otros sitios sin que ni una sola señal, ni una placa recuerde ese pasado tan silenciado, algo que se quiere cambiar con la iniciativa ‘Valencia negra y musulmana: rutas de memoria’.. La calle de las Almas, un callejón estrecho que cruza con la calle Arzobispo Mayoral, se llamó durante siglos Carrer dels Negres y fue el «corazón del territorio negro valenciano», un espacio donde familias negras vivían asentadas en libertad a pesar del «borrado» actual de su huella: «Las personas negras no llegan con las pateras», asegura Deborah Ekoka, mediadora cultural, en una entrevista con EFE.. Para recuperar esa parte de la historia, Ekoka ha impulsado una ruta de más de diez paradas por el centro de la ciudad para volver a caminar, esta vez con otra mirada, por los sitios por los que «llevamos pasando toda la vida sin saber que tienen esa carga histórica», algo que ha sido posible gracias a la investigación realizada por Jesús Cosano.. Cosano, que empezó a interesarse a los 15 años por la historia de los negros al investigar de dónde venía el flamenco, inició en 2017 la colección ‘Los invisibles’ y ahora trabaja en el que será su noveno volumen, ‘Las Centellas negras. Hechos y cosas de los negros de Valencia’, una propuesta para hacer visible a los negros esclavos con hechos documentados y personajes que existieron en realidad.. El Palau de la Batlia. En el Palau de la Batlia, actualmente sede de la Diputación Provincial de Valencia, Ekoka hace una parada para explicar que fue, durante siglos, el centro administrativo de la trata esclavista en la ciudad. Allí, los negreros debían llevar a todos los capturados para que el batlle general -un alto funcionario encargado de administrar las rentas- comprobase si los esclavos «habían sido obtenidos por medios lícitos».. En ese caso, los registraban y cobraban el impuesto correspondiente a su valor, «como si fuese mercancía». «El primer registro conocido de llegada de negros a Valencia data de 1447 y creció exponencialmente. Solo entre 1502 y 1524 supervisó la presentación de más de 3.000 africanos», asegura Ekoka, quien subraya que la oficina estuvo involucrada en la trata de personas «hasta bien entrado el siglo XVI».. En la investigación de Cosano, sobre la que se construye la ruta de Ekoka, se rescatan del olvido las aventuras y la vida de algunos negros como Martí, esclavo del poeta y caballero valenciano Ausiàs March -algo que está documentado en su testamento, cuando March le dio la libertad- o ‘Antoni el Negro’, esclavo del pintor valenciano Jacomart.. «Hay una especie de vergüenza por lo que se hizo. El inicio del gran tráfico de seres humanos por la demanda de mano de obra también es el inicio del silencio de la sociedad hacia esa barbaridad histórica».. La plaza del Mercado Central. Otra de las paradas que destaca Ekoka en su ruta es la plaza del Mercado Central, uno de los principales puntos de venta de personas africanas esclavizadas, ya que en ella se situaba la Posada del Camell. «Era el lugar donde los propietarios llegaban con sus esclavos, los encerraban y los ponían a la venta», explica Cosano.. «Se dice que la posada tenía un sótano para almacenar mercancía o animales, donde llegaron a albergar a más de 100 personas encadenadas y hacinadas», cuenta Ekoka. Sin embargo, esa misma plaza también era espacio de grandes celebraciones, donde, según las crónicas de la época, los negros desfilaban, cantaban y bailaban.. La música y la danza ha sido una de las mayores aportaciones de la población negra en España, según los documentos revisados y estudiados por Cosano durante años. «Su presencia era fundamental en las fiestas, ya fueran religiosas o no religiosas. Eran ellos los que alegraban y animaban la fiesta», expresa el investigador.. La Cofradía de los Negros. Una pista de la importancia que empezaba a tener la población negra en España fue la creación de cofradías. En la plaza de San Agustín, también en pleno centro, tenía su sede la Cofradía dels Negres de la Sagrada Verge Maria de la Misericòrdia, fundada en 1472, una de las hermandades de personas negras más antiguas documentadas en Europa.. «Es la cofradía que menos relación ha tenido con las tradiciones de la Iglesia y la que más ha hecho por trabajar por la solidaridad de la población negra que existía en València; era un espacio para juntarse, reunirse y especialmente para ayudarse», señala Cosano.. Aquí, en esta parada de la ruta, Ekoka cuenta la historia de Ursola, una mujer negra esclavizada cuyo propietario, Francesch Martínez, le propinó una paliza que casi acabó con su vida. En la cofradía la curaron, la acogieron, compraron su libertad y llevaron a Martínez ante los tribunales para que fuera condenado.. «Es un punto muy importante porque nos indica cuánta gente había, qué nivel de vida comunitaria tenían, cómo se organizaban para darse incluso apoyo jurídico y comprar la libertad de otras personas esclavizadas», apunta la guía.. Un borrado por «vergüenza». Ese «borrado», según Ekoka, tiene mucho que ver con un imaginario colectivo: «Es querer contar la historia con esa idea de que España es blanca, somos parte de Europa y África está muy lejos, cuando nos separan 14 kilómetros», lamenta.. Como hija de un hombre ecuatoguineano, que llegó a la península con pasaporte español cuando Guinea Ecuatorial todavía era colonia española, Ekoka sabe muy bien de lo que habla cuando afirma que estas iniciativas «pueden ser una herramienta de transformación social muy grande» y confía en poder llegar hasta los colegios e institutos para que, desde pequeños, los valencianos conozcan esta parte de su historia.
En el Palacio de la Batlia se pagaba por los esclavos negros como si fueran mercancía
Una ruta cultural se ha propuesto sacar del olvido colectivo el pasado esclavista y la historia de la población negra que habitó el centro de Valencia durante generaciones pero de cuya huella histórica no hay apenas vestigios, quedando fuera de las rutas turísticas e incluso de la educación.. Cada día, valencianos y turistas recorren la plaza del Mercado Central de València, la iglesia de San Agustín y tantos otros sitios sin que ni una sola señal, ni una placa recuerde ese pasado tan silenciado, algo que se quiere cambiar con la iniciativa ‘Valencia negra y musulmana: rutas de memoria’.. La calle de las Almas, un callejón estrecho que cruza con la calle Arzobispo Mayoral, se llamó durante siglos Carrer dels Negres y fue el «corazón del territorio negro valenciano», un espacio donde familias negras vivían asentadas en libertad a pesar del «borrado» actual de su huella: «Las personas negras no llegan con las pateras», asegura Deborah Ekoka, mediadora cultural, en una entrevista con EFE.. Para recuperar esa parte de la historia, Ekoka ha impulsado una ruta de más de diez paradas por el centro de la ciudad para volver a caminar, esta vez con otra mirada, por los sitios por los que «llevamos pasando toda la vida sin saber que tienen esa carga histórica», algo que ha sido posible gracias a la investigación realizada por Jesús Cosano.. Cosano, que empezó a interesarse a los 15 años por la historia de los negros al investigar de dónde venía el flamenco, inició en 2017 la colección ‘Los invisibles’ y ahora trabaja en el que será su noveno volumen, ‘Las Centellas negras. Hechos y cosas de los negros de Valencia’, una propuesta para hacer visible a los negros esclavos con hechos documentados y personajes que existieron en realidad.. El Palau de la Batlia. En el Palau de la Batlia, actualmente sede de la Diputación Provincial de Valencia, Ekoka hace una parada para explicar que fue, durante siglos, el centro administrativo de la trata esclavista en la ciudad. Allí, los negreros debían llevar a todos los capturados para que el batlle general -un alto funcionario encargado de administrar las rentas- comprobase si los esclavos «habían sido obtenidos por medios lícitos».. En ese caso, los registraban y cobraban el impuesto correspondiente a su valor, «como si fuese mercancía». «El primer registro conocido de llegada de negros a Valencia data de 1447 y creció exponencialmente. Solo entre 1502 y 1524 supervisó la presentación de más de 3.000 africanos», asegura Ekoka, quien subraya que la oficina estuvo involucrada en la trata de personas «hasta bien entrado el siglo XVI».. En la investigación de Cosano, sobre la que se construye la ruta de Ekoka, se rescatan del olvido las aventuras y la vida de algunos negros como Martí, esclavo del poeta y caballero valenciano Ausiàs March -algo que está documentado en su testamento, cuando March le dio la libertad- o ‘Antoni el Negro’, esclavo del pintor valenciano Jacomart.. «Hay una especie de vergüenza por lo que se hizo. El inicio del gran tráfico de seres humanos por la demanda de mano de obra también es el inicio del silencio de la sociedad hacia esa barbaridad histórica».. La plaza del Mercado Central. Otra de las paradas que destaca Ekoka en su ruta es la plaza del Mercado Central, uno de los principales puntos de venta de personas africanas esclavizadas, ya que en ella se situaba la Posada del Camell. «Era el lugar donde los propietarios llegaban con sus esclavos, los encerraban y los ponían a la venta», explica Cosano.. «Se dice que la posada tenía un sótano para almacenar mercancía o animales, donde llegaron a albergar a más de 100 personas encadenadas y hacinadas», cuenta Ekoka. Sin embargo, esa misma plaza también era espacio de grandes celebraciones, donde, según las crónicas de la época, los negros desfilaban, cantaban y bailaban.. La música y la danza ha sido una de las mayores aportaciones de la población negra en España, según los documentos revisados y estudiados por Cosano durante años. «Su presencia era fundamental en las fiestas, ya fueran religiosas o no religiosas. Eran ellos los que alegraban y animaban la fiesta», expresa el investigador.. La Cofradía de los Negros. Una pista de la importancia que empezaba a tener la población negra en España fue la creación de cofradías. En la plaza de San Agustín, también en pleno centro, tenía su sede la Cofradía dels Negres de la Sagrada Verge Maria de la Misericòrdia, fundada en 1472, una de las hermandades de personas negras más antiguas documentadas en Europa.. «Es la cofradía que menos relación ha tenido con las tradiciones de la Iglesia y la que más ha hecho por trabajar por la solidaridad de la población negra que existía en València; era un espacio para juntarse, reunirse y especialmente para ayudarse», señala Cosano.. Aquí, en esta parada de la ruta, Ekoka cuenta la historia de Ursola, una mujer negra esclavizada cuyo propietario, Francesch Martínez, le propinó una paliza que casi acabó con su vida. En la cofradía la curaron, la acogieron, compraron su libertad y llevaron a Martínez ante los tribunales para que fuera condenado.. «Es un punto muy importante porque nos indica cuánta gente había, qué nivel de vida comunitaria tenían, cómo se organizaban para darse incluso apoyo jurídico y comprar la libertad de otras personas esclavizadas», apunta la guía.. Un borrado por «vergüenza». Ese «borrado», según Ekoka, tiene mucho que ver con un imaginario colectivo: «Es querer contar la historia con esa idea de que España es blanca, somos parte de Europa y África está muy lejos, cuando nos separan 14 kilómetros», lamenta.. Como hija de un hombre ecuatoguineano, que llegó a la península con pasaporte español cuando Guinea Ecuatorial todavía era colonia española, Ekoka sabe muy bien de lo que habla cuando afirma que estas iniciativas «pueden ser una herramienta de transformación social muy grande» y confía en poder llegar hasta los colegios e institutos para que, desde pequeños, los valencianos conozcan esta parte de su historia.
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