Hace apenas tres años, una imagen como la de esta semana habría parecido improbable en Suecia: ministros de Defensa, mandos militares y representantes aliados reunidos en territorio sueco bajo el paraguas de la OTAN para coordinar estrategias de seguridad en el norte de Europa.. La reunión, celebrada por primera vez en suelo sueco desde la adhesión oficial del país a la Alianza Atlántica en marzo de 2024, simboliza el profundo giro estratégico emprendido por Estocolmo desde la invasión rusa de Ucrania. Más allá del valor diplomático de la cita, Suecia ha utilizado el encuentro para proyectar una idea clara: ya no quiere ser únicamente un socio cercano de la OTAN, sino uno de sus miembros más activos y relevantes en el flanco norte europeo.. La transformación ha sido vertiginosa. Durante más de dos siglos, Suecia construyó su identidad internacional alrededor de la neutralidad militar. Incluso durante la Guerra Fría, cuando mantenía una potente industria de defensa y una estrecha cooperación informal con Occidente, el país evitó integrarse formalmente en alianzas militares.. La guerra en Ucrania alteró por completo ese equilibrio. La percepción de Rusia como amenaza estructural provocó un cambio histórico en la opinión pública y en la clase política suecas. Dos años después de solicitar el ingreso en la OTAN y más de un año tras convertirse oficialmente en el miembro número 32 de la Alianza, el país ha acelerado un rearme y una integración militar sin precedentes recientes.. Ese proceso ha quedado especialmente visible durante esta reunión aliada. El Gobierno sueco ha aprovechado el encuentro para destacar el incremento sostenido del gasto en defensa, que ya supera ampliamente el objetivo del 2% del PIB fijado por la OTAN. El presupuesto militar para 2025 se sitúa en torno al 2,4% del PIB y continuará aumentando en los próximos ejercicios.. Pero el mensaje sueco va más allá de las cifras. La prioridad de Estocolmo es demostrar capacidad operativa y plena interoperabilidad con sus aliados.. En los últimos dos años, Suecia ha multiplicado su participación en ejercicios conjuntos con países de la OTAN, especialmente en el norte de Europa y la región báltica. El ejemplo más visible fue “Nordic Response 2024”, las grandes maniobras militares desarrolladas en Noruega, Finlandia y Suecia con decenas de miles de efectivos aliados.. Aquellos ejercicios marcaron un cambio de paradigma: por primera vez, fuerzas suecas operaban plenamente integradas dentro de la estructura militar de defensa colectiva de la Alianza. Desde entonces, esa cooperación se ha intensificado en prácticamente todos los ámbitos.. La integración con Finlandia ha sido especialmente estrecha. La entrada de ambos países en la OTAN ha transformado el mapa estratégico del norte de Europa y ha convertido el mar Báltico en un espacio casi completamente controlado por la Alianza Atlántica. A ello se suma la coordinación creciente con Noruega y Dinamarca dentro del marco nórdico de cooperación militar NORDEFCO.. Precisamente ese nuevo eje nórdico es uno de los elementos que más ha querido destacar Suecia durante la reunión celebrada esta semana. Para Estocolmo, la defensa regional ya no puede plantearse desde una lógica exclusivamente nacional, sino como una arquitectura compartida entre aliados.. El refuerzo militar sueco también tiene una dimensión tecnológica e industrial. La industria de defensa nacional, históricamente una de las más avanzadas de Europa, ha ganado peso dentro de la nueva estrategia aliada.. Los cazas Gripen, desarrollados por Saab, se han convertido en uno de los símbolos de esa nueva etapa. Diseñados originalmente para responder a una hipotética amenaza rusa en el Báltico, estos aparatos participan ya en operaciones de vigilancia aérea integradas en la OTAN y forman parte de la creciente coordinación militar en el norte europeo.. En paralelo, Suecia ha reforzado su cooperación bilateral con Estados Unidos. El acuerdo de defensa firmado entre ambos países permite a fuerzas estadounidenses utilizar infraestructuras militares suecas y facilita despliegues conjuntos en caso de crisis regional.. La transformación alcanza también al plano civil. Recuperando parte de la doctrina de “defensa total” desarrollada durante la Guerra Fría, las autoridades suecas han impulsado programas de resiliencia nacional, preparación ante crisis y coordinación entre estructuras civiles y militares.. Todo ello refleja un cambio mucho más profundo que un simple aumento del presupuesto militar. Lo que está cambiando es la cultura estratégica sueca.. Durante décadas, Suecia mantuvo la convicción de que podía garantizar su seguridad desde una posición de no alineamiento. Hoy, el consenso político gira en torno a una idea completamente distinta: la seguridad nacional depende de la integración plena en las estructuras occidentales de defensa colectiva.. La reunión celebrada esta semana en territorio sueco escenifica precisamente esa transición histórica. Suecia ya no se presenta como un actor neutral situado entre bloques, sino como un miembro activo de una alianza militar que considera esencial para su seguridad.. Y en un momento en el que el norte de Europa vuelve a ocupar un lugar central en la geopolítica continental, Estocolmo quiere dejar claro que está dispuesto a asumir un papel protagonista dentro de la nueva arquitectura defensiva europea.
Hace apenas tres años, una imagen como la de esta semana habría parecido improbable en Suecia: ministros de Defensa, mandos militares y representantes aliados reunidos en territorio sueco bajo el paraguas de la OTAN para coordinar estrategias de seguridad en el norte de Europa.. La reunión, celebrada por primera vez en suelo sueco desde la adhesión oficial del país a la Alianza Atlántica en marzo de 2024, simboliza el profundo giro estratégico emprendido por Estocolmo desde la invasión rusa de Ucrania. Más allá del valor diplomático de la cita, Suecia ha utilizado el encuentro para proyectar una idea clara: ya no quiere ser únicamente un socio cercano de la OTAN, sino uno de sus miembros más activos y relevantes en el flanco norte europeo.. La transformación ha sido vertiginosa. Durante más de dos siglos, Suecia construyó su identidad internacional alrededor de la neutralidad militar. Incluso durante la Guerra Fría, cuando mantenía una potente industria de defensa y una estrecha cooperación informal con Occidente, el país evitó integrarse formalmente en alianzas militares.. La guerra en Ucrania alteró por completo ese equilibrio. La percepción de Rusia como amenaza estructural provocó un cambio histórico en la opinión pública y en la clase política suecas. Dos años después de solicitar el ingreso en la OTAN y más de un año tras convertirse oficialmente en el miembro número 32 de la Alianza, el país ha acelerado un rearme y una integración militar sin precedentes recientes.. Ese proceso ha quedado especialmente visible durante esta reunión aliada. El Gobierno sueco ha aprovechado el encuentro para destacar el incremento sostenido del gasto en defensa, que ya supera ampliamente el objetivo del 2% del PIB fijado por la OTAN. El presupuesto militar para 2025 se sitúa en torno al 2,4% del PIB y continuará aumentando en los próximos ejercicios.. Pero el mensaje sueco va más allá de las cifras. La prioridad de Estocolmo es demostrar capacidad operativa y plena interoperabilidad con sus aliados.. En los últimos dos años, Suecia ha multiplicado su participación en ejercicios conjuntos con países de la OTAN, especialmente en el norte de Europa y la región báltica. El ejemplo más visible fue “Nordic Response 2024”, las grandes maniobras militares desarrolladas en Noruega, Finlandia y Suecia con decenas de miles de efectivos aliados.. Aquellos ejercicios marcaron un cambio de paradigma: por primera vez, fuerzas suecas operaban plenamente integradas dentro de la estructura militar de defensa colectiva de la Alianza. Desde entonces, esa cooperación se ha intensificado en prácticamente todos los ámbitos.. La integración con Finlandia ha sido especialmente estrecha. La entrada de ambos países en la OTAN ha transformado el mapa estratégico del norte de Europa y ha convertido el mar Báltico en un espacio casi completamente controlado por la Alianza Atlántica. A ello se suma la coordinación creciente con Noruega y Dinamarca dentro del marco nórdico de cooperación militar NORDEFCO.. Precisamente ese nuevo eje nórdico es uno de los elementos que más ha querido destacar Suecia durante la reunión celebrada esta semana. Para Estocolmo, la defensa regional ya no puede plantearse desde una lógica exclusivamente nacional, sino como una arquitectura compartida entre aliados.. El refuerzo militar sueco también tiene una dimensión tecnológica e industrial. La industria de defensa nacional, históricamente una de las más avanzadas de Europa, ha ganado peso dentro de la nueva estrategia aliada.. Los cazas Gripen, desarrollados por Saab, se han convertido en uno de los símbolos de esa nueva etapa. Diseñados originalmente para responder a una hipotética amenaza rusa en el Báltico, estos aparatos participan ya en operaciones de vigilancia aérea integradas en la OTAN y forman parte de la creciente coordinación militar en el norte europeo.. En paralelo, Suecia ha reforzado su cooperación bilateral con Estados Unidos. El acuerdo de defensa firmado entre ambos países permite a fuerzas estadounidenses utilizar infraestructuras militares suecas y facilita despliegues conjuntos en caso de crisis regional.. La transformación alcanza también al plano civil. Recuperando parte de la doctrina de “defensa total” desarrollada durante la Guerra Fría, las autoridades suecas han impulsado programas de resiliencia nacional, preparación ante crisis y coordinación entre estructuras civiles y militares.. Todo ello refleja un cambio mucho más profundo que un simple aumento del presupuesto militar. Lo que está cambiando es la cultura estratégica sueca.. Durante décadas, Suecia mantuvo la convicción de que podía garantizar su seguridad desde una posición de no alineamiento. Hoy, el consenso político gira en torno a una idea completamente distinta: la seguridad nacional depende de la integración plena en las estructuras occidentales de defensa colectiva.. La reunión celebrada esta semana en territorio sueco escenifica precisamente esa transición histórica. Suecia ya no se presenta como un actor neutral situado entre bloques, sino como un miembro activo de una alianza militar que considera esencial para su seguridad.. Y en un momento en el que el norte de Europa vuelve a ocupar un lugar central en la geopolítica continental, Estocolmo quiere dejar claro que está dispuesto a asumir un papel protagonista dentro de la nueva arquitectura defensiva europea.
Dos años después de ingresar en la organización militar, Estocolmo aprovecha la cita aliada en Helsingborg para mostrar el refuerzo de su defensa y su creciente integración con los socios de la Alianza
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