La llegada de un bebé suele celebrarse como un momento de felicidad absoluta. Pero detrás de esa imagen luminosa conviven también el cansancio, la vulnerabilidad, la culpa y el vértigo de una transformación que pocas veces se cuenta. Matrona, divulgadora y autora de «Al otro lado de la piel», Rocío García-Viso reivindica una mirada más honesta sobre el posparto y recuerda que, cuando nace un hijo, también nace una madre que necesita cuidados, tiempo y acompañamiento.. ¿Por qué cree que seguimos hablando tan poco del posparto cuando probablemente es una de las transformaciones más radicales que vive una mujer?. Porque todos los focos se ponen en el bebé y muy pocos en la recién madre. Seguimos pensando además que todo es mucho más instintivo de lo que realmente es. Antes se convivía mucho más con la maternidad, con la lactancia y con la crianza dentro de las familias y de la comunidad. Hoy muchas mujeres viven esa experiencia por primera vez prácticamente solas, sin apenas referentes cercanos, y eso hace que el posparto resulte mucho más duro e impactante. Se dan demasiadas cosas por hechas y, precisamente por eso, el posparto se ha vuelto invisible.. Da la sensación de que la sociedad acepta mejor el embarazo que el posparto. ¿Nos incomoda la maternidad real?. Creo que sí. El embarazo se percibe como un momento luminoso, incluso idealizado, pero el posparto incomoda porque aparece la ambivalencia. Hay felicidad, claro, pero también cansancio, miedo, vulnerabilidad o incertidumbre. Y parece que cuesta aceptar que una mujer pueda sentirse profundamente feliz y profundamente desbordada al mismo tiempo. Precisamente por eso deberíamos acompañar y cuidar mucho más esa etapa en lugar de darle la espalda.. Hoy parece que una madre tiene que recuperarse rápido, volver rápido y además mostrarse feliz. ¿La maternidad se ha llenado de exigencias imposibles?. Totalmente. Ahora tienes que ser madre… y que no lo parezca. Parece que se premia que no queden huellas físicas ni emocionales de haber gestado y parido. Existe mucha presión por recuperarse rápido, por volver enseguida a la vida anterior y además hacerlo sonriendo. Y luego está esa idea de «trabaja como si no tuvieras hijos y cría como si no trabajaras», que es completamente imposible. Todo eso genera una presión enorme sobre las mujeres.. En el libro habla mucho de culpa y ambivalencia. ¿Por qué sigue costando admitir públicamente que una madre puede sentirse triste o desbordada?. Porque todavía tenemos muy asumido que una madre debe estar feliz todo el tiempo. Y cuando una mujer verbaliza que emocionalmente no está bien, muchas veces el entorno no sabe cómo reaccionar ni cómo acompañarla. A veces bastaría simplemente con preguntar «¿cómo estás?» o «qué necesitas?».. ¿Las redes sociales han convertido la maternidad en una especie de escaparate?. Las redes tienen cosas maravillosas, como el acceso a información útil, pero también aumentan mucho la comparación. Ves imágenes y piensas «¿por qué yo no?». El problema es olvidar que las redes solo muestran una parte muy pequeña y elegida de la vida. La vida real no es un «reel», es una película de 24 horas.. Desmonta muchos mitos sobre lactancia y crianza. ¿Existe un exceso de información?. Lo que sobra muchas veces es ruido. Esta generación necesita informarse porque ya no convive con la maternidad como ocurría antes. Si no has visto nunca lactar o criar de cerca, necesitas aprenderlo de alguna manera. El problema aparece cuando cuesta distinguir qué está basado en evidencia científica y qué es simplemente una experiencia personal convertida en verdad universal.. Reivindica algo casi contracultural: vivir despacio. ¿La maternidad obliga a replantearse el ritmo de vida?. Totalmente. El posparto te frena en seco y eso hoy asusta mucho porque vivimos en una sociedad que parece no permitirse parar nunca. Pero también te regala la oportunidad de volver a mirar las cosas pequeñas: detenerte, disfrutar del tiempo y entender que no todo tiene que ir rápido. A veces queremos que los niños crezcan enseguida, que duerman pronto o que sean independientes cuanto antes, y quizá la maternidad viene precisamente a enseñarnos lo contrario.. Después de acompañar a tantas mujeres, ¿qué cree que la sociedad no entiende sobre una madre en sus primeros meses de vida con un bebé?. Que la madre y el bebé forman un binomio inseparable en esos primeros meses. El bebé necesita a su madre, pero la madre también necesita tiempo, cuidado y acompañamiento para ubicarse en todo lo que está viviendo. Como sociedad deberíamos sostener mucho más a ese binomio y entender que el posparto no es solo el nacimiento de un bebé, sino también el nacimiento de una madre.
Matrona, divulgadora y autora de «Al otro lado de la piel» lamenta que “la sociedad olvida que con el bebé también nace una madre”
La llegada de un bebé suele celebrarse como un momento de felicidad absoluta. Pero detrás de esa imagen luminosa conviven también el cansancio, la vulnerabilidad, la culpa y el vértigo de una transformación que pocas veces se cuenta. Matrona, divulgadora y autora de «Al otro lado de la piel», Rocío García-Viso reivindica una mirada más honesta sobre el posparto y recuerda que, cuando nace un hijo, también nace una madre que necesita cuidados, tiempo y acompañamiento.. ¿Por qué cree que seguimos hablando tan poco del posparto cuando probablemente es una de las transformaciones más radicales que vive una mujer?. Porque todos los focos se ponen en el bebé y muy pocos en la recién madre. Seguimos pensando además que todo es mucho más instintivo de lo que realmente es. Antes se convivía mucho más con la maternidad, con la lactancia y con la crianza dentro de las familias y de la comunidad. Hoy muchas mujeres viven esa experiencia por primera vez prácticamente solas, sin apenas referentes cercanos, y eso hace que el posparto resulte mucho más duro e impactante. Se dan demasiadas cosas por hechas y, precisamente por eso, el posparto se ha vuelto invisible.. Da la sensación de que la sociedad acepta mejor el embarazo que el posparto. ¿Nos incomoda la maternidad real?. Creo que sí. El embarazo se percibe como un momento luminoso, incluso idealizado, pero el posparto incomoda porque aparece la ambivalencia. Hay felicidad, claro, pero también cansancio, miedo, vulnerabilidad o incertidumbre. Y parece que cuesta aceptar que una mujer pueda sentirse profundamente feliz y profundamente desbordada al mismo tiempo. Precisamente por eso deberíamos acompañar y cuidar mucho más esa etapa en lugar de darle la espalda.. Hoy parece que una madre tiene que recuperarse rápido, volver rápido y además mostrarse feliz. ¿La maternidad se ha llenado de exigencias imposibles?. Totalmente. Ahora tienes que ser madre… y que no lo parezca. Parece que se premia que no queden huellas físicas ni emocionales de haber gestado y parido. Existe mucha presión por recuperarse rápido, por volver enseguida a la vida anterior y además hacerlo sonriendo. Y luego está esa idea de «trabaja como si no tuvieras hijos y cría como si no trabajaras», que es completamente imposible. Todo eso genera una presión enorme sobre las mujeres.. En el libro habla mucho de culpa y ambivalencia. ¿Por qué sigue costando admitir públicamente que una madre puede sentirse triste o desbordada?. Porque todavía tenemos muy asumido que una madre debe estar feliz todo el tiempo. Y cuando una mujer verbaliza que emocionalmente no está bien, muchas veces el entorno no sabe cómo reaccionar ni cómo acompañarla. A veces bastaría simplemente con preguntar «¿cómo estás?» o «qué necesitas?».. ¿Las redes sociales han convertido la maternidad en una especie de escaparate?. Las redes tienen cosas maravillosas, como el acceso a información útil, pero también aumentan mucho la comparación. Ves imágenes y piensas «¿por qué yo no?». El problema es olvidar que las redes solo muestran una parte muy pequeña y elegida de la vida. La vida real no es un «reel», es una película de 24 horas.. Desmonta muchos mitos sobre lactancia y crianza. ¿Existe un exceso de información?. Lo que sobra muchas veces es ruido. Esta generación necesita informarse porque ya no convive con la maternidad como ocurría antes. Si no has visto nunca lactar o criar de cerca, necesitas aprenderlo de alguna manera. El problema aparece cuando cuesta distinguir qué está basado en evidencia científica y qué es simplemente una experiencia personal convertida en verdad universal.. Reivindica algo casi contracultural: vivir despacio. ¿La maternidad obliga a replantearse el ritmo de vida?. Totalmente. El posparto te frena en seco y eso hoy asusta mucho porque vivimos en una sociedad que parece no permitirse parar nunca. Pero también te regala la oportunidad de volver a mirar las cosas pequeñas: detenerte, disfrutar del tiempo y entender que no todo tiene que ir rápido. A veces queremos que los niños crezcan enseguida, que duerman pronto o que sean independientes cuanto antes, y quizá la maternidad viene precisamente a enseñarnos lo contrario.. Después de acompañar a tantas mujeres, ¿qué cree que la sociedad no entiende sobre una madre en sus primeros meses de vida con un bebé?. Que la madre y el bebé forman un binomio inseparable en esos primeros meses. El bebé necesita a su madre, pero la madre también necesita tiempo, cuidado y acompañamiento para ubicarse en todo lo que está viviendo. Como sociedad deberíamos sostener mucho más a ese binomio y entender que el posparto no es solo el nacimiento de un bebé, sino también el nacimiento de una madre.
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