Carl Gustav Jung, médico psiquiatra, psicólogo y ensayista nacido en Suiza (1875-1961), fue una figura clave en la etapa inicial del psicoanálisis y fundador de la escuela de la psicología analítica. A pesar de que toda la fama se la llevó Sigmund Freud, con el que colaboró en sus primeros años, Jung fue un pionero de la psicología profunda y uno de los autores más leídos en este campo durante el pasado siglo. Para el desarrollo de su trabajo incorporó a su metodología disciplinas como la antropología, la alquimia, la interpretación de los sueños, el arte, la mitología, la religión y la filosofía.. Jung, que escribió una prolífica obra, decidió alejarse de Sigmund Freud, a quien acusaba de estar obsesionado con los aspectos sexuales del inconsciente.. En cambio, Jung ahondó en aspectos como la personalidad introvertida y extrovertida o el inconsciente colectivo, basado en la idea de que la personalidad de toda persona tiene una parte visible y otra más oculta. También estudió un aspecto que a día de hoy está más vigente que nunca: qué ocurre cuando una persona se pasa la vida más pendiente de lo de fuera (la opinión de los demás, las comparaciones o las expectativas) que lo que pasa en tu interior.. Así, era muy crítico con aquéllos a los que denominaba ciegos por dentro porque «esas barreras internas impiden ver lo que pasa: esas emociones, los deseos, los temores. Lo que hoy se conocen como defensas psicológicas, que no son más que mecanismos automáticos con los que nuestro yo intenta protegerse del malestar. Y lo pueden hacer negando lo evidente (“no pasa nada”), proyectando (“el egoísta es el otro”) o justificándose (“lo hice por una buena razón”). Si alguien no admite su necesidad desesperada de aprobación, al final organizará toda su vida de tal manera que buscará la aprobación de los demás sin darse cuenta de que ese es el verdadero motor.. «Para conseguir armonía, es necesario mirar hacia dentro», defendía. Como le dijo a una de sus pacientes en 1916, “quien mira hacia afuera, sueña; quien mira hacia adentro, despierta”. Si no entiendes tus miedos, tus heridas, tus deseos o tus contradicciones, acabarás viéndolos por todas partes sin darte cuenta. Por ello, las personas inseguras pueden convencerse de que todo el mundo las juzga.. Jung apelaba a la curiosidad de las personas y aconsejaba mirar hacia dentro, no para analizar cada emoción, sino para conocernos mejor. De hecho, tal y como reflejó en sus obras “cuando una situación interior no se hace consciente, sucede fuera, como destino”. “Lo que te niegas, te somete; lo que aceptas te transforma”, reflexionaba.. De ahí, la importancia de esa máscara social, la forma de mostrarse al mundo. Para Jung, todos necesitamos esa máscara para movernos en sociedad, pero que el problema empieza cuando uno acaba creyendo que solo es esa fachada.. Sobre el crecimiento personal, el psiquiatra afirmaba que no se puede madurar imaginando la mejor versión de uno mismo, sino reconociendo también nuestras carencias: “Uno no se ilumina imaginando figuras de luz, sino haciendo consciente la oscuridad”.. Por ello, la frase que encabeza este artículo resume muy bien la filosofía del padre de la psicología clínica: «»Reconocer es una palabra tan importante que se escribe igual al derecho que al revés», un palíndromo que subraya la importancia del acto de aceptar, admitir o identificar situaciones, emociones o errores tanto al inicio como al final del proceso.. La psicología clínica, una elección casi por casualidad. Jung nació en Kesswil y pero vivió gran parte de su infancia en Basilea, en una familia de escasos recursos económicos. Amante de los libros de literatura y de fisolofía, ansiaba estudiar antropología. Una carrera que no impartían en su ciudad natal. La falta de recursos familiares hizo que se matriculase en Medicina, una elección oportunista: «Recordé que mi abuelo había sido médico y sabía que si estudiaba medicina tendría la oportunidad de estudiar Ciencias Naturales. Hacer algo útil con seres humanos me resultaba atractivo».. Durante la carrera comenzó a trabajar con uno de sus profesores y cayó en sus manos un libro sobre psiquiatría. Hasta ese momento, no le había prestado atención porque no era una profesión prestigiosa en la época. Nada más leer la introducción del libro, que planteaba que la psicosis era una inadaptación de la personalidad, se le aceleró el corazón y pensó que su destino estaba ligado a las personas con enfermedades mentales, a los que en la época se les llamaba «alienados».. Su interés desmedido por la psicología le llevó a escribir un libro sobre esquizofrenia, que le sirvió para conocer a Sigmund Freud. Le mandó un ejemplar y viajó a Viena para encontrarse con él, en lo que sería el inicio de una histórica colaboración entre ambos: «Me caía muy bien, pero pronto descubrí que tenía pensamientos inamovibles, mientras que yo dudaba todo». La imposibilidad de poder discutir determinados temas comenzó a alejar al mentor de su alumno. Fruto de estas discrepancias surgió su famosa investigación sobre los ocho tipos de personalidades psicológicas.. La ruptura definitiva se produjo cuando Jung publicó «La psicología del inconsciente», en la que defendía que existe un «inconsciente colectivo» que es anterior al inconsciente individual, algo en lo que discrepaba con Freud.. El psiquiatra suizo tenía claro que había que estudiar la mente del hombre porque en ella estaba el origen de todos los males: «Necesitamos más psicología, necesitamos más entendimiento de la naturaleza humana, porque el único verdadero peligro que existe es el hombre mismo y somos penosamente ignorantes de ello».. Sobre la muerte, Jung consideraba que psicológicamente era un evento tan importante como el nacimiento. Defendía que «hay que considerarla como una meta y que evitarla es evadir la vida y su propósito» y por ello acomsejó a las personas mayores que «lo mejor es que sigan viviendo, que esperen la llegada del próximo día como si fueran a vivir por siglos». Pero deben hacerlo sin miedo porque «cuando en vez de mirar para adelante lo haces hacia atrás, quedas petrificado y mueres antes de tiempo». «Es obvio que todos moriremos y que este es el triste final de todo, pero a pesar de ello hay algo en nosotros que aparentemente no lo cree», concluía.
El padre de la psicología analítica fue un pionero de la psicología profunda y uno de los autores más leídos en este campo durante el pasado siglo
Carl Gustav Jung, médico psiquiatra, psicólogo y ensayista nacido en Suiza (1875-1961), fue una figura clave en la etapa inicial del psicoanálisis y fundador de la escuela de la psicología analítica. A pesar de que toda la fama se la llevó Sigmund Freud, con el que colaboró en sus primeros años, Jung fue un pionero de la psicología profunda y uno de los autores más leídos en este campo durante el pasado siglo. Para el desarrollo de su trabajo incorporó a su metodología disciplinas como la antropología, la alquimia, la interpretación de los sueños, el arte, la mitología, la religión y la filosofía.. Jung, que escribió una prolífica obra, decidió alejarse de Sigmund Freud, a quien acusaba de estar obsesionado con los aspectos sexuales del inconsciente.. En cambio, Jung ahondó en aspectos como la personalidad introvertida y extrovertida o el inconsciente colectivo, basado en la idea de que la personalidad de toda persona tiene una parte visible y otra más oculta. También estudió un aspecto que a día de hoy está más vigente que nunca: qué ocurre cuando una persona se pasa la vida más pendiente de lo de fuera (la opinión de los demás, las comparaciones o las expectativas) que lo que pasa en tu interior.. Así, era muy crítico con aquéllos a los que denominaba ciegos por dentro porque «esas barreras internas impiden ver lo que pasa: esas emociones, los deseos, los temores. Lo que hoy se conocen como defensas psicológicas, que no son más que mecanismos automáticos con los que nuestro yo intenta protegerse del malestar. Y lo pueden hacer negando lo evidente (“no pasa nada”), proyectando (“el egoísta es el otro”) o justificándose (“lo hice por una buena razón”). Si alguien no admite su necesidad desesperada de aprobación, al final organizará toda su vida de tal manera que buscará la aprobación de los demás sin darse cuenta de que ese es el verdadero motor.. «Para conseguir armonía, es necesario mirar hacia dentro», defendía. Como le dijo a una de sus pacientes en 1916, “quien mira hacia afuera, sueña; quien mira hacia adentro, despierta”. Si no entiendes tus miedos, tus heridas, tus deseos o tus contradicciones, acabarás viéndolos por todas partes sin darte cuenta. Por ello, las personas inseguras pueden convencerse de que todo el mundo las juzga.. Jung apelaba a la curiosidad de las personas y aconsejaba mirar hacia dentro, no para analizar cada emoción, sino para conocernos mejor. De hecho, tal y como reflejó en sus obras “cuando una situación interior no se hace consciente, sucede fuera, como destino”. “Lo que te niegas, te somete; lo que aceptas te transforma”, reflexionaba.. De ahí, la importancia de esa máscara social, la forma de mostrarse al mundo. Para Jung, todos necesitamos esa máscara para movernos en sociedad, pero que el problema empieza cuando uno acaba creyendo que solo es esa fachada.. Sobre el crecimiento personal, el psiquiatra afirmaba que no se puede madurar imaginando la mejor versión de uno mismo, sino reconociendo también nuestras carencias: “Uno no se ilumina imaginando figuras de luz, sino haciendo consciente la oscuridad”.. Por ello, la frase que encabeza este artículo resume muy bien la filosofía del padre de la psicología clínica: «»Reconocer es una palabra tan importante que se escribe igual al derecho que al revés», un palíndromo que subraya la importancia del acto de aceptar, admitir o identificar situaciones, emociones o errores tanto al inicio como al final del proceso.. Jung nació en Kesswil y pero vivió gran parte de su infancia en Basilea, en una familia de escasos recursos económicos. Amante de los libros de literatura y de fisolofía, ansiaba estudiar antropología. Una carrera que no impartían en su ciudad natal. La falta de recursos familiares hizo que se matriculase en Medicina, una elección oportunista: «Recordé que mi abuelo había sido médico y sabía que si estudiaba medicina tendría la oportunidad de estudiar Ciencias Naturales. Hacer algo útil con seres humanos me resultaba atractivo».. Durante la carrera comenzó a trabajar con uno de sus profesores y cayó en sus manos un libro sobre psiquiatría. Hasta ese momento, no le había prestado atención porque no era una profesión prestigiosa en la época. Nada más leer la introducción del libro, que planteaba que la psicosis era una inadaptación de la personalidad, se le aceleró el corazón y pensó que su destino estaba ligado a las personas con enfermedades mentales, a los que en la época se les llamaba «alienados».. Su interés desmedido por la psicología le llevó a escribir un libro sobre esquizofrenia, que le sirvió para conocer a Sigmund Freud. Le mandó un ejemplar y viajó a Viena para encontrarse con él, en lo que sería el inicio de una histórica colaboración entre ambos: «Me caía muy bien, pero pronto descubrí que tenía pensamientos inamovibles, mientras que yo dudaba todo». La imposibilidad de poder discutir determinados temas comenzó a alejar al mentor de su alumno. Fruto de estas discrepancias surgió su famosa investigación sobre los ocho tipos de personalidades psicológicas.. La ruptura definitiva se produjo cuando Jung publicó «La psicología del inconsciente», en la que defendía que existe un «inconsciente colectivo» que es anterior al inconsciente individual, algo en lo que discrepaba con Freud.. El psiquiatra suizo tenía claro que había que estudiar la mente del hombre porque en ella estaba el origen de todos los males: «Necesitamos más psicología, necesitamos más entendimiento de la naturaleza humana, porque el único verdadero peligro que existe es el hombre mismo y somos penosamente ignorantes de ello».. Sobre la muerte, Jung consideraba que psicológicamente era un evento tan importante como el nacimiento. Defendía que «hay que considerarla como una meta y que evitarla es evadir la vida y su propósito» y por ello acomsejó a las personas mayores que «lo mejor es que sigan viviendo, que esperen la llegada del próximo día como si fueran a vivir por siglos». Pero deben hacerlo sin miedo porque «cuando en vez de mirar para adelante lo haces hacia atrás, quedas petrificado y mueres antes de tiempo». «Es obvio que todos moriremos y que este es el triste final de todo, pero a pesar de ello hay algo en nosotros que aparentemente no lo cree», concluía.
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