No es que lloviera es que incluso granizó. Así se las gasta Madrid. Este Madrid que no perdona, pero a las siete en punto de la tarde hasta asomó el sol por los tendidos de Las Ventas. Una plaza llena a reventar para dar la bienvenida a la Feria de San Isidro que, además de contar con récord de abonados, casi los 19.000 (de 24.000, no llega) va ya por el décimo cartel de «no hay billetes». Y eso que el serial dista mucho de concentrar a las figuras, ya se ha convertido en otra cosa. Eso sí, Madrid sigue siendo ese lugar donde a uno se le ponen las piernas blandas hasta cuando viene de público. Qué cosas. Todo un mes nos quedaba por delante. Todo un mes de incertidumbre. Un mes que escribir, definir, y casillas que encajar. Quién ganará las apuestas, quién se llevará Madrid de calle. Quién o quiénes saldrán de camino a la calle de Alcalá.. Y en esas quinielas entra por derecho propio Alejandro Talavante, que ya el año pasado logró abrir la Puerta Grande y tiene la bendición de la suerte en los sorteos desde hace tiempo. Qué cosas. Hubo un toro, déjeme que les cuente. Qué cosas. El toro mayúsculo, porque la historia cuando saltó al ruedo el cuarto del festejo estaba torcida y enderezarla no estaba a la altura de cualquiera. La corrida había sido protestada, por aquello del peso de la tablilla y la falta de remate y en Madrid lo de estar de malas se nos da de miedo. Y entonces saltó ese cuarto, de nombre «Ganador» y fue extraordinario. No se empleó en el caballo y se guardó todo para la muleta. Se abría hasta el infinito, hasta por exceso, por abajo, repetición, entrega, nobleza, duración, para gozarlo (casi con los ojos cerrados). Qué maravilla de ejemplar de Cuvillo. Y le tocó a Talavante, por supuesto, que a quien le mete la mano en los sorteos le puede poner un piso. Y fue el toro de ensueño con el que Alejandro hizo su récord para abrir de nuevo la Puerta Grande de Madrid, que es su séptima y convertirse en el matador de toros en activo que más veces ha salido por ese cotizado umbral. Por el diestro comenzó el trasteo, cómo viajaba ese toro detrás del engaño. Locura máxima. Ligado, imposible era no hacerlo, devoraba engaño, por fuera Tala por eso al principio la cosa no cuajaba arriba. Al natural hubo una tanda pletórica. Talavante de antes ahora. ¡Ya me maten! Rebozándose con ese toro milagroso. En pleno momento de llegar al clímax, nos calzó luquecinas, pases de pecho, un refrito que cautivó al público pero nos alejaba de la profunda calidad del toro y de la sensación de que al Cuvillo lo estaba cuajando con las bases eternas del toreo fundamental. La gente estaba con él y él con la gente. Tras la espada, las dos orejas y la Puerta Grande y la vuelta al ruedo al toro que, aunque el aviso se le dio toreando, el animal seguía en plenitud. Cumbre el toro.. Tristán Barroso confirmó alternativa con un noble ejemplar que fue de más a menos y con el que puso voluntad. Un pitonazo se llevó en el sexto, que colocaba muy bien la cara pero exigía. Flojísimo fue el tercero para Ortega. No llegó a acoplarse con un quinto, que se desplazaba con exigencia y derrotón y la faena se le ensució. Madrid se rindió a Talavante y a una Puerta Grande nada más empezar.. Ficha del festejo. LAS VENTAS. Primera de feria. Toros de Núñez del Cuvillo, El 1º, noble y de más a menos; 2º, de corto recorrido y poca transmisión; 3º, flojísimo; 4º, extraordinario y premiado con la vuelta al ruedo; 5º, con movilidad y derrotón; 6º, humilla mucho pero corto. Lleno.. Alejandro Talavante, de blanco y plata, estocada (silencio); aviso, estocada (dos orejas).. Juan Ortega, de purísima y plata, tres pinchazos, estocada (silencio); pinchazo, estocada, aviso (silencio).. Tristán Barroso, de azul y oro, aviso, pinchazo, estocada baja, dos descabellos (silencio); dos pinchazos, estocada (ovación).
El toro fue premiado con la vuelta al ruedo y Alejandro logra su séptima Puerta Grande en la primera de San Isidro
No es que lloviera es que incluso granizó. Así se las gasta Madrid. Este Madrid que no perdona, pero a las siete en punto de la tarde hasta asomó el sol por los tendidos de Las Ventas. Una plaza llena a reventar para dar la bienvenida a la Feria de San Isidro que, además de contar con récord de abonados, casi los 19.000 (de 24.000, no llega) va ya por el décimo cartel de «no hay billetes». Y eso que el serial dista mucho de concentrar a las figuras, ya se ha convertido en otra cosa. Eso sí, Madrid sigue siendo ese lugar donde a uno se le ponen las piernas blandas hasta cuando viene de público. Qué cosas. Todo un mes nos quedaba por delante. Todo un mes de incertidumbre. Un mes que escribir, definir, y casillas que encajar. Quién ganará las apuestas, quién se llevará Madrid de calle. Quién o quiénes saldrán de camino a la calle de Alcalá.. Y en esas quinielas entra por derecho propio Alejandro Talavante, que ya el año pasado logró abrir la Puerta Grande y tiene la bendición de la suerte en los sorteos desde hace tiempo. Qué cosas. Hubo un toro, déjeme que les cuente. Qué cosas. El toro mayúsculo, porque la historia cuando saltó al ruedo el cuarto del festejo estaba torcida y enderezarla no estaba a la altura de cualquiera. La corrida había sido protestada, por aquello del peso de la tablilla y la falta de remate y en Madrid lo de estar de malas se nos da de miedo. Y entonces saltó ese cuarto, de nombre «Ganador» y fue extraordinario. No se empleó en el caballo y se guardó todo para la muleta. Se abría hasta el infinito, hasta por exceso, por abajo, repetición, entrega, nobleza, duración, para gozarlo (casi con los ojos cerrados). Qué maravilla de ejemplar de Cuvillo. Y le tocó a Talavante, por supuesto, que a quien le mete la mano en los sorteos le puede poner un piso. Y fue el toro de ensueño con el que Alejandro hizo su récord para abrir de nuevo la Puerta Grande de Madrid, que es su séptima y convertirse en el matador de toros en activo que más veces ha salido por ese cotizado umbral. Por el diestro comenzó el trasteo, cómo viajaba ese toro detrás del engaño. Locura máxima. Ligado, imposible era no hacerlo, devoraba engaño, por fuera Tala por eso al principio la cosa no cuajaba arriba. Al natural hubo una tanda pletórica. Talavante de antes ahora. ¡Ya me maten! Rebozándose con ese toro milagroso. En pleno momento de llegar al clímax, nos calzó luquecinas, pases de pecho, un refrito que cautivó al público pero nos alejaba de la profunda calidad del toro y de la sensación de que al Cuvillo lo estaba cuajando con las bases eternas del toreo fundamental. La gente estaba con él y él con la gente. Tras la espada, las dos orejas y la Puerta Grande y la vuelta al ruedo al toro que, aunque el aviso se le dio toreando, el animal seguía en plenitud. Cumbre el toro.. Tristán Barroso confirmó alternativa con un noble ejemplar que fue de más a menos y con el que puso voluntad. Un pitonazo se llevó en el sexto, que colocaba muy bien la cara pero exigía. Flojísimo fue el tercero para Ortega. No llegó a acoplarse con un quinto, que se desplazaba con exigencia y derrotón y la faena se le ensució. Madrid se rindió a Talavante y a una Puerta Grande nada más empezar.. LAS VENTAS. Primera de feria. Toros de Núñez del Cuvillo, El 1º, noble y de más a menos; 2º, de corto recorrido y poca transmisión; 3º, flojísimo; 4º, extraordinario y premiado con la vuelta al ruedo; 5º, con movilidad y derrotón; 6º, humilla mucho pero corto. Lleno.. Alejandro Talavante, de blanco y plata, estocada (silencio); aviso, estocada (dos orejas).. Juan Ortega, de purísima y plata, tres pinchazos, estocada (silencio); pinchazo, estocada, aviso (silencio).. Tristán Barroso, de azul y oro, aviso, pinchazo, estocada baja, dos descabellos (silencio); dos pinchazos, estocada (ovación).
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