Un grupo de cuatro navegantes ha protagonizado un dramático rescate en alta mar tras el hundimiento de su embarcación a causa de la embestida de una orca. Los tripulantes, que iniciaron su travesía en Ceuta con el objetivo de alcanzar las costas de Sicilia, se vieron sorprendidos por el acoso del cetáceo cuando navegaban a la altura de Cabo de Palos (Murcia). La agresividad del encuentro provocó daños estructurales irreparables en el casco del velero, obligando a sus ocupantes a abandonar la nave de forma precipitada y a refugiarse en una lancha neumática de emergencia hasta que fueron localizados y puestos a salvo por los servicios de asistencia marítima.. Este suceso no es un hecho aislado, sino que se enmarca en un patrón de comportamiento que ha generado más de 500 encontronazos entre orcas y veleros desde 2020. Lo que inicialmente se interpretó como una conducta errática o fruto del aburrimiento de los animales, ha dado paso a teorías más complejas que sugieren una actividad lúdica y depredatoria deliberada. Expertos de CIRCE (Conservación, Información y Estudio sobre Cetáceos) señalan que estos animales, dotados de una inteligencia superior, buscan una respuesta del navío que les genera una descarga de adrenalina, convirtiendo lo que para el humano es una tragedia en un desafío biológico para el animal.. El debate entre el instinto lúdico y el riesgo para la navegación. La comunidad científica sostiene que estas orcas han encontrado en los veleros un objeto de juego que sustituye, en ocasiones, a sus presas habituales como el atún rojo. Al parecer, la facilidad con la que obtienen alimento en el Estrecho les permite dedicar tiempo a actividades más experimentales, como acosar marsopas o interactuar con los timones de las embarcaciones. Sin embargo, esta «búsqueda de adrenalina» descrita por los ecologistas despierta una lógica preocupación entre los armadores y patrones de barco, quienes subrayan el peligro real que supone que un animal de ocho metros y varias toneladas de peso arremeta contra una estructura de aluminio o fibra de vidrio.. Los testimonios de los afectados coinciden en la violencia de los ataques, describiendo cómo los cetáceos son capaces de arrancar piezas enteras del sistema de gobierno del barco, como ocurrió en un incidente previo donde un timón de casi dos metros y medio perdió un segmento de 90 centímetros. A pesar de la belleza estética de estos encuentros, los profesionales del mar advierten de que la situación ha pasado de ser una anécdota curiosa a una amenaza constante para la seguridad en la navegación recreativa. Mientras las orcas sigan encontrando este «atractivo sugerente» en los veleros, el sector náutico se enfrenta a una temporada de máxima incertidumbre en aguas españolas.
Cuatro personas han tenido que ser rescatadas de urgencia en una balsa tras la embestida de un ejemplar de ocho metros que destrozó su embarcación a la altura de Cabo de Palos
Un grupo de cuatro navegantes ha protagonizado un dramático rescate en alta mar tras el hundimiento de su embarcación a causa de la embestida de una orca. Los tripulantes, que iniciaron su travesía en Ceuta con el objetivo de alcanzar las costas de Sicilia, se vieron sorprendidos por el acoso del cetáceo cuando navegaban a la altura de Cabo de Palos (Murcia). La agresividad del encuentro provocó daños estructurales irreparables en el casco del velero, obligando a sus ocupantes a abandonar la nave de forma precipitada y a refugiarse en una lancha neumática de emergencia hasta que fueron localizados y puestos a salvo por los servicios de asistencia marítima.. Este suceso no es un hecho aislado, sino que se enmarca en un patrón de comportamiento que ha generado más de 500 encontronazos entre orcas y veleros desde 2020. Lo que inicialmente se interpretó como una conducta errática o fruto del aburrimiento de los animales, ha dado paso a teorías más complejas que sugieren una actividad lúdica y depredatoria deliberada. Expertos de CIRCE (Conservación, Información y Estudio sobre Cetáceos) señalan que estos animales, dotados de una inteligencia superior, buscan una respuesta del navío que les genera una descarga de adrenalina, convirtiendo lo que para el humano es una tragedia en un desafío biológico para el animal.. El debate entre el instinto lúdico y el riesgo para la navegación. La comunidad científica sostiene que estas orcas han encontrado en los veleros un objeto de juego que sustituye, en ocasiones, a sus presas habituales como el atún rojo. Al parecer, la facilidad con la que obtienen alimento en el Estrecho les permite dedicar tiempo a actividades más experimentales, como acosar marsopas o interactuar con los timones de las embarcaciones. Sin embargo, esta «búsqueda de adrenalina» descrita por los ecologistas despierta una lógica preocupación entre los armadores y patrones de barco, quienes subrayan el peligro real que supone que un animal de ocho metros y varias toneladas de peso arremeta contra una estructura de aluminio o fibra de vidrio.. Los testimonios de los afectados coinciden en la violencia de los ataques, describiendo cómo los cetáceos son capaces de arrancar piezas enteras del sistema de gobierno del barco, como ocurrió en un incidente previo donde un timón de casi dos metros y medio perdió un segmento de 90 centímetros. A pesar de la belleza estética de estos encuentros, los profesionales del mar advierten de que la situación ha pasado de ser una anécdota curiosa a una amenaza constante para la seguridad en la navegación recreativa. Mientras las orcas sigan encontrando este «atractivo sugerente» en los veleros, el sector náutico se enfrenta a una temporada de máxima incertidumbre en aguas españolas.
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