En una nave industrial de 58.000 metros cuadrados en California, algo que durante décadas perteneció a la ciencia ficción ha empezado a tomar forma en cadena de montaje. No es un coche, ni un móvil, ni siquiera un dron: son cuerpos humanos artificiales, diseñados para convivir con nosotros.. La empresa 1X Technologies ha puesto en marcha la llamada “NEO Factory” en Hayward, una instalación pensada no para fabricar prototipos, sino para producir robots humanoides a escala industrial.. Y ahí está la clave del anuncio: ya no se trata tanto de lo que hace un robot, sino de cuántos pueden hacerse. Durante años, los robots humanoides han sido piezas únicas, caras, delicadas y limitadas a laboratorios o demostraciones. Este movimiento cambia la lógica. La nueva fábrica tiene capacidad inicial para producir unos 10.000 robots al año, pero el objetivo declarado es superar los 100.000 antes de que termine la década.. Se trata de un salto conceptual: fabricar diez robots es investigación, cien mil es industria. Para lograrlo, 1X apuesta por un modelo “verticalmente integrado”: muchos de los componentes (motores, sensores, baterías o estructuras) se diseñan y ensamblan dentro de la propia fábrica. Esto permite controlar costes, iterar rápido y adaptar el hardware al ritmo al que evoluciona la inteligencia artificial.. El protagonista de esta historia es el robot NEO, un humanoide pensado no para fábricas, sino para hogares. Su diseño responde a una idea sencilla pero ambiciosa: si el mundo está hecho para humanos, quizá el robot más útil sea el que tenga forma humana. Eso implica caminar, agarrar objetos, interactuar con espacios domésticos y comunicarse con personas.. NEO mide aproximadamente 1,7 metros, tiene decenas de grados de libertad en sus articulaciones y está equipado con cámaras, micrófonos y sistemas de IA que le permiten interpretar su entorno. Puede realizar tareas básicas como ordenar, transportar objetos o asistir en actividades cotidianas, aunque todavía está lejos de sustituir completamente a una persona. En esencia, no es un robot especializado, más bien uno generalista.. Fabricar el cuerpo es solo la mitad del problema. La otra mitad es enseñarle a usarlo. Estos robots no se programan como una lavadora o un ascensor. Necesitan aprender. Por eso, gran parte de su desarrollo ocurre en entornos virtuales, donde pueden entrenarse mediante simulaciones antes de enfrentarse al mundo real. Cada gesto, desde coger un vaso, pasando por abrir una puerta o poner una lavadora, hasta evitar un obstáculo, implica resolver en tiempo real problemas de física, percepción y toma de decisiones. Y todo eso debe hacerse de forma segura.. Porque, a diferencia de un robot industrial aislado en una fábrica, estos humanoides están diseñados para convivir con personas. La apertura de esta fábrica no significa que mañana vayamos a tener robots en casa. Pero sí indica que algo ha cambiado: la industria ha decidido que el siguiente paso no es mejorar los prototipos, sino producirlos en masa. Pese a la “promesa” de 1X, conviene mantener cierta distancia frente al entusiasmo. Los propios desarrollos actuales muestran que estos robots todavía tienen limitaciones importantes: autonomía, precisión, comprensión del entorno o capacidad para manejar situaciones imprevistas.. En muchos casos, todavía dependen de supervisión humana o de entornos controlados. Pero incluso con esas limitaciones, el cambio es evidente. Por primera vez, no estamos viendo robots humanoides como curiosidades tecnológicas, sino como productos en una línea de montaje. Y quizá ese sea el verdadero titular: no que existan, sino que empiezan a multiplicarse.
Se trata de 1X, los responsables del desarrollo del androide NEO.
En una nave industrial de 58.000 metros cuadrados en California, algo que durante décadas perteneció a la ciencia ficción ha empezado a tomar forma en cadena de montaje. No es un coche, ni un móvil, ni siquiera un dron: soncuerpos humanos artificiales, diseñados para convivir con nosotros.. La empresa 1X Technologies ha puesto en marcha la llamada “NEO Factory” en Hayward, una instalación pensada no para fabricar prototipos, sino para producir robots humanoides a escala industrial.. Y ahí está la clave del anuncio: ya no se trata tanto de lo que hace un robot, sino de cuántos pueden hacerse. Durante años, los robots humanoides han sido piezas únicas, caras, delicadas y limitadas a laboratorios o demostraciones. Este movimiento cambia la lógica. La nueva fábrica tiene capacidad inicial para producir unos 10.000 robots al año, pero el objetivo declarado es superar los 100.000 antes de que termine la década.. Se trata de un salto conceptual: fabricar diez robots es investigación, cien mil es industria. Para lograrlo, 1X apuesta por un modelo “verticalmente integrado”: muchos de los componentes (motores, sensores, baterías o estructuras) se diseñan y ensamblan dentro de la propia fábrica. Esto permite controlar costes, iterar rápido y adaptar el hardware al ritmo al que evoluciona la inteligencia artificial.. El protagonista de esta historia es el robot NEO, un humanoide pensado no para fábricas, sino para hogares. Su diseño responde a una idea sencilla pero ambiciosa: si el mundo está hecho para humanos, quizá el robot más útil sea el que tenga forma humana. Eso implica caminar, agarrar objetos, interactuar con espacios domésticos y comunicarse con personas.. NEO mide aproximadamente 1,7 metros, tiene decenas de grados de libertad en sus articulaciones y está equipado con cámaras, micrófonos y sistemas de IA que le permiten interpretar su entorno. Puede realizar tareas básicas como ordenar, transportar objetos o asistir en actividades cotidianas, aunque todavía está lejos de sustituir completamente a una persona. En esencia, no es un robot especializado, más bien uno generalista.. Fabricar el cuerpo es solo la mitad del problema. La otra mitad es enseñarle a usarlo. Estos robots no se programan como una lavadora o un ascensor. Necesitan aprender. Por eso, gran parte de su desarrollo ocurre en entornos virtuales, donde pueden entrenarse mediante simulaciones antes de enfrentarse al mundo real. Cada gesto, desde coger un vaso, pasando por abrir una puerta o poner una lavadora, hasta evitar un obstáculo, implica resolver en tiempo real problemas de física, percepción y toma de decisiones. Y todo eso debe hacerse de forma segura.. Porque, a diferencia de un robot industrial aislado en una fábrica, estos humanoides están diseñados para convivir con personas. La apertura de esta fábrica no significa que mañana vayamos a tener robots en casa. Pero sí indica que algo ha cambiado: la industria ha decidido que el siguiente paso no es mejorar los prototipos, sino producirlos en masa. Pese a la “promesa” de 1X, conviene mantener cierta distancia frente al entusiasmo. Los propios desarrollos actuales muestran que estos robots todavía tienen limitaciones importantes: autonomía, precisión, comprensión del entorno o capacidad para manejar situaciones imprevistas.. En muchos casos, todavía dependen de supervisión humana o de entornos controlados. Pero incluso con esas limitaciones, el cambio es evidente. Por primera vez, no estamos viendo robots humanoides como curiosidades tecnológicas, sino como productos en una línea de montaje. Y quizá ese sea el verdadero titular: no que existan, sino que empiezan a multiplicarse.
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