La Corte de Casación italiana ha confirmado la condena al hospital San Bortolo de Vicenza y a dos empresas por la muerte del anestesista Paolo Demo, fallecido en 2018 tras infectarse con la bacteria Mycobacterium chimaera después de una operación cardíaca.. La sentencia, ya firme, fija una indemnización de 1,2 millones de euros para su familia.. La responsabilidad alcanza al hospital, a la empresa fabricante del equipo y a la encargada de su mantenimiento. Los tribunales consideran que el aparato no estaba correctamente controlado.. Un fallo que pudo evitarse. Demo, de 66 años, se sometió en 2016 a una intervención para sustituir la válvula aórtica. Durante la operación contrajo la infección a través de un dispositivo médico y falleció dos años después, tras una evolución marcada por complicaciones.. Según los peritos, el equipo estaba contaminado y no se sometía a los controles necesarios. Además, el fabricante ya había advertido del riesgo de infección y había fijado protocolos de mantenimiento que no se aplicaron.. Los jueces reconocen que no se puede asegurar que una limpieza adecuada hubiera evitado el contagio, pero sí que habría reducido el riesgo, un punto clave para fijar responsabilidades.. La muerte de Demo sacó a la luz otros casos similares en Italia. A raíz de la investigación, las autoridades recomendaron revisar a pacientes operados entre 2014 y 2018 con ese mismo equipo, lo que permitió detectar nuevas infecciones e incluso algunos fallecimientos.
La infección se produjo durante una intervención cardíaca a través de un dispositivo médico mal controlado. La sentencia, ya firme, fija una indemnización millonaria y apunta también a la empresa fabricante y a la encargada del mantenimiento
La Corte de Casación italiana ha confirmado la condena al hospital San Bortolo de Vicenza y a dos empresas por la muerte del anestesista Paolo Demo, fallecido en 2018 tras infectarse con la bacteria Mycobacterium chimaera después de una operación cardíaca.. La sentencia, ya firme, fija una indemnización de 1,2 millones de euros para su familia.. La responsabilidad alcanza al hospital, a la empresa fabricante del equipo y a la encargada de su mantenimiento. Los tribunales consideran que el aparato no estaba correctamente controlado.. Demo, de 66 años, se sometió en 2016 a una intervención para sustituir la válvula aórtica. Durante la operación contrajo la infección a través de un dispositivo médico y falleció dos años después, tras una evolución marcada por complicaciones.. Según los peritos, el equipo estaba contaminado y no se sometía a los controles necesarios. Además, el fabricante ya había advertido del riesgo de infección y había fijado protocolos de mantenimiento que no se aplicaron.. Los jueces reconocen que no se puede asegurar que una limpieza adecuada hubiera evitado el contagio, pero sí que habría reducido el riesgo, un punto clave para fijar responsabilidades.. La muerte de Demo sacó a la luz otros casos similares en Italia. A raíz de la investigación, las autoridades recomendaron revisar a pacientes operados entre 2014 y 2018 con ese mismo equipo, lo que permitió detectar nuevas infecciones e incluso algunos fallecimientos.
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