El casco histórico siempre ha sido un latido constante, una forma de entender la ciudad más allá de sus avenidas y de sus barrios de expansión. Allí donde las calles son estrechas y las plazas guardan memoria, vivir ha sido durante décadas un privilegio y también un compromiso. Sin embargo, ese equilibrio que sostiene la vida en el centro se enfrenta ahora a una presión creciente: la turistificación, la proliferación de apartamentos turísticos y la saturación de eventos que, poco a poco, dibujan un horizonte que muchos vecinos observan con preocupación.. Ese fue el punto de partida de un encuentro celebrado en Orive, un acto que reunió a expertos, vecinos y representantes sociales para reflexionar sobre el presente y el futuro del casco histórico. El debate, que contó con la participación de Manuel Trujillo, Matilde de la Hoz -expresidenta de la patronal de viviendas turísticas- y Rafael Cejudo, profesor de la Universidad de Córdoba y especialista en movilidad urbana, sirvió como un espejo donde la ciudad pudo mirarse sin maquillajes.. La conclusión más repetida a lo largo de la jornada fue clara: el centro quiere seguir vivo, habitado y habitable. No se trata solo de preservar edificios o monumentos, sino de mantener la vida cotidiana que da sentido a sus calles. Porque sin vecinos, el centro corre el riesgo de convertirse en un decorado.. Durante el encuentro se recordó que la ciudad aún no ha alcanzado los niveles de saturación turística que ya se observan en ciudades como Sevilla o Málaga, pero también se advirtió de que el camino parece dirigirse hacia ese escenario si no se adoptan medidas. Barrios como el Alcázar Viejo o la Ribera se pusieron como ejemplo de esta transformación silenciosa: en algunas zonas, las viviendas turísticas ya superan en número a las residenciales, alterando el equilibrio natural del vecindario.. El debate sobre el turismo ocupó buena parte de la sesión. Se habló de sostenibilidad, de turismo de masas y de la proliferación de ofertas de bajo coste que multiplican las visitas, pero no siempre aportan valor a largo plazo. También se abordó la diferencia entre las viviendas de uso turístico y los apartamentos turísticos reglados, un matiz técnico que tiene implicaciones prácticas en el control y la planificación urbanística. La percepción general fue que se está produciendo una aceleración en la apertura de apartamentos turísticos que exige una respuesta inmediata.. Tanto los ponentes como los miembros del Consejo de Distrito Centro y el público coincidieron en un diagnóstico común: es necesario frenar el crecimiento descontrolado antes de que la situación alcance un punto de no retorno.. Pero la discusión no se limitó al turismo. Otra pregunta flotó sobre la sala: ¿sigue siendo el casco histórico un lugar apetecible para vivir?. Las dificultades son conocidas y cotidianas. La instalación de placas solares en edificios protegidos, las limitaciones de movilidad, la seguridad o la limpieza forman parte de los retos diarios. Sin embargo, los datos demográficos aportaron un matiz esperanzador. En los últimos años, el centro ha perdido población, pero no en la magnitud que algunos temían: de 30.000 habitantes se ha pasado a unos 28.000. Una reducción moderada que, según se señaló, demuestra que todavía existe voluntad de residir en el casco histórico.. Lo que sí reclaman los vecinos es mayor atención institucional. No basta con mantener el atractivo turístico si se descuida la calidad de vida de quienes sostienen el día a día. Porque la vida en el centro no se mide en cifras de visitantes, sino en la rutina silenciosa de sus habitantes.. Otro de los grandes focos de preocupación gira en torno al uso intensivo del casco histórico como escenario de eventos masivos. Aunque la Semana Santa suele acaparar el foco mediático, los asistentes subrayaron que no es el único momento de saturación. Las cruces de mayo, las catas y otros eventos multitudinarios generan problemas de movilidad que afectan directamente a los residentes.. Durante el debate se mencionó un ejemplo reciente que generó especial malestar: la celebración de un rally que atravesó zonas emblemáticas como Tendillas, Capitulares o la calle Feria. Espacios considerados de acceso restringido o con bajas emisiones que, en aquella ocasión, vieron alteradas sus normas habituales para permitir el desarrollo del evento. Para muchos vecinos, aquello simbolizó una contradicción evidente entre los discursos sobre sostenibilidad y las decisiones prácticas.. La palabra “desconcentración” se repitió en numerosas intervenciones. La idea de repartir los eventos por otros barrios de la ciudad se planteó como una solución razonable para evitar la saturación constante del centro. Porque, según relataron algunos asistentes, hay momentos en los que ni siquiera es posible acceder a casa caminando, una situación que rompe la lógica más elemental de la vida urbana.. El Consejo de Distrito Centro ya ha elaborado un dictamen con propuestas concretas que fue remitido a la Alcaldía. Sin embargo, según denunciaron sus representantes, la sensación general es que sus demandas no han sido escuchadas con la atención necesaria.. El acto concluyó sin soluciones inmediatas, pero con una certeza compartida: el casco histórico se encuentra en un punto de inflexión. Las decisiones que se adopten en los próximos años marcarán su destino.. Mantener el equilibrio entre turismo y vida cotidiana no es una tarea sencilla. El turismo aporta riqueza, dinamiza la economía y proyecta la imagen de la ciudad al exterior. Pero cuando su crecimiento no se gestiona, puede erosionar aquello que precisamente lo hace atractivo: la autenticidad de sus barrios y la vida real de sus vecinos.. El centro, ese corazón antiguo que resiste al paso del tiempo, sigue latiendo. Pero su ritmo depende ahora de decisiones políticas, de planificación urbana y de la voluntad colectiva de proteger lo que aún queda intacto. Porque preservar el casco histórico no es solo una cuestión patrimonial: es, sobre todo, una forma de cuidar la ciudad que se quiere habitar mañana.
El Distrito Centro de Córdoba reúne a especialistas y residentes para analizar la turistificación, la pérdida de habitantes y la saturación de eventos en el casco histórico
El casco histórico siempre ha sido un latido constante, una forma de entender la ciudad más allá de sus avenidas y de sus barrios de expansión. Allí donde las calles son estrechas y las plazas guardan memoria, vivir ha sido durante décadas un privilegio y también un compromiso. Sin embargo, ese equilibrio que sostiene la vida en el centro se enfrenta ahora a una presión creciente: la turistificación, la proliferación de apartamentos turísticos y la saturación de eventos que, poco a poco, dibujan un horizonte que muchos vecinos observan con preocupación.. Ese fue el punto de partida de un encuentro celebrado en Orive, un acto que reunió a expertos, vecinos y representantes sociales para reflexionar sobre el presente y el futuro del casco histórico. El debate, que contó con la participación de Manuel Trujillo, Matilde de la Hoz -expresidenta de la patronal de viviendas turísticas- y Rafael Cejudo, profesor de la Universidad de Córdoba y especialista en movilidad urbana, sirvió como un espejo donde la ciudad pudo mirarse sin maquillajes.. La conclusión más repetida a lo largo de la jornada fue clara: el centro quiere seguir vivo, habitado y habitable. No se trata solo de preservar edificios o monumentos, sino de mantener la vida cotidiana que da sentido a sus calles. Porque sin vecinos, el centro corre el riesgo de convertirse en un decorado.. Durante el encuentro se recordó que la ciudad aún no ha alcanzado los niveles de saturación turística que ya se observan en ciudades como Sevilla o Málaga, pero también se advirtió de que el camino parece dirigirse hacia ese escenario si no se adoptan medidas. Barrios como el Alcázar Viejo o la Ribera se pusieron como ejemplo de esta transformación silenciosa: en algunas zonas, las viviendas turísticas ya superan en número a las residenciales, alterando el equilibrio natural del vecindario.. El debate sobre el turismo ocupó buena parte de la sesión. Se habló de sostenibilidad, de turismo de masas y de la proliferación de ofertas de bajo coste que multiplican las visitas, pero no siempre aportan valor a largo plazo. También se abordó la diferencia entre las viviendas de uso turístico y los apartamentos turísticos reglados, un matiz técnico que tiene implicaciones prácticas en el control y la planificación urbanística. La percepción general fue que se está produciendo una aceleración en la apertura de apartamentos turísticos que exige una respuesta inmediata.. Tanto los ponentes como los miembros del Consejo de Distrito Centro y el público coincidieron en un diagnóstico común: es necesario frenar el crecimiento descontrolado antes de que la situación alcance un punto de no retorno.. Pero la discusión no se limitó al turismo. Otra pregunta flotó sobre la sala: ¿sigue siendo el casco histórico un lugar apetecible para vivir?. Las dificultades son conocidas y cotidianas. La instalación de placas solares en edificios protegidos, las limitaciones de movilidad, la seguridad o la limpieza forman parte de los retos diarios. Sin embargo, los datos demográficos aportaron un matiz esperanzador. En los últimos años, el centro ha perdido población, pero no en la magnitud que algunos temían: de 30.000 habitantes se ha pasado a unos 28.000. Una reducción moderada que, según se señaló, demuestra que todavía existe voluntad de residir en el casco histórico.. Lo que sí reclaman los vecinos es mayor atención institucional. No basta con mantener el atractivo turístico si se descuida la calidad de vida de quienes sostienen el día a día. Porque la vida en el centro no se mide en cifras de visitantes, sino en la rutina silenciosa de sus habitantes.. Otro de los grandes focos de preocupación gira en torno al uso intensivo del casco histórico como escenario de eventos masivos. Aunque la Semana Santa suele acaparar el foco mediático, los asistentes subrayaron que no es el único momento de saturación. Las cruces de mayo, las catas y otros eventos multitudinarios generan problemas de movilidad que afectan directamente a los residentes.. Durante el debate se mencionó un ejemplo reciente que generó especial malestar: la celebración de un rally que atravesó zonas emblemáticas como Tendillas, Capitulares o la calle Feria. Espacios considerados de acceso restringido o con bajas emisiones que, en aquella ocasión, vieron alteradas sus normas habituales para permitir el desarrollo del evento. Para muchos vecinos, aquello simbolizó una contradicción evidente entre los discursos sobre sostenibilidad y las decisiones prácticas.. La palabra “desconcentración” se repitió en numerosas intervenciones. La idea de repartir los eventos por otros barrios de la ciudad se planteó como una solución razonable para evitar la saturación constante del centro. Porque, según relataron algunos asistentes, hay momentos en los que ni siquiera es posible acceder a casa caminando, una situación que rompe la lógica más elemental de la vida urbana.. El Consejo de Distrito Centro ya ha elaborado un dictamen con propuestas concretas que fue remitido a la Alcaldía. Sin embargo, según denunciaron sus representantes, la sensación general es que sus demandas no han sido escuchadas con la atención necesaria.. El acto concluyó sin soluciones inmediatas, pero con una certeza compartida: el casco histórico se encuentra en un punto de inflexión. Las decisiones que se adopten en los próximos años marcarán su destino.. Mantener el equilibrio entre turismo y vida cotidiana no es una tarea sencilla. El turismo aporta riqueza, dinamiza la economía y proyecta la imagen de la ciudad al exterior. Pero cuando su crecimiento no se gestiona, puede erosionar aquello que precisamente lo hace atractivo: la autenticidad de sus barrios y la vida real de sus vecinos.. El centro, ese corazón antiguo que resiste al paso del tiempo, sigue latiendo. Pero su ritmo depende ahora de decisiones políticas, de planificación urbana y de la voluntad colectiva de proteger lo que aún queda intacto. Porque preservar el casco histórico no es solo una cuestión patrimonial: es, sobre todo, una forma de cuidar la ciudad que se quiere habitar mañana.
Noticias de Andalucía en La Razón
