La sordera está empezando a convertirse en un fenómeno realmente preocupante en nuestra sociedad actual, especialmente entre los jóvenes, grandes usuarios de los auriculares, fundamentalmente para escuchar música, y hacerlo a altos volúmenes y durante largos periodos de tiempo. El problema es que los síntomas de esta sordera no se perciben hasta pasado un tiempo, cuando en muchos casos el problema es irreversible.. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 50% de los jóvenes de entre 12 y 35 años utilizan sus dispositivos de audio a niveles de riesgo. «No es una sordera repentina, sino un desgaste progresivo que suele empezar en las frecuencias agudas», matiza el doctor Diego Rodríguez Contreras, especialista en Otorrinolaringología en el Centro Médico Quirónsalud Algeciras, adscrito al Hospital Quirónsalud Campo de Gibraltar.. Asimismo, lamenta este experto que el uso de auriculares con cancelación de ruido, paradójicamente, hace que los jóvenes suban más el volumen para aislarse de un entorno estresante. “Además, la cultura de la inmediatez y del consumo constante de vídeos cortos con sonidos estridentes somete al oído a una fatiga constante», avisa.. No oír bien. Así, subraya que, si un joven no puede seguir una conversación en un grupo de WhatsApp por audio, o en una cena ruidosa, empieza a retraerse: «El estrés social que genera el miedo a responder algo incoherente por no haber oído bien es devastador. He visto casos donde la ansiedad social y el aislamiento se cronifican, y el paciente no sabe que el origen es un déficit de audición que le hace sentirse fuera de juego. Vivimos en la era de la hiperestimulación auditiva”.. En concreto, señala este doctor que las causas principales de la hipoacusia —o disminución de la capacidad auditiva- en adolescentes y en los adultos jóvenes se dividen en tres grandes bloques, empezando por el trauma acústico crónico (la causa más frecuente), vinculado al uso de auriculares intraurales a volúmenes excesivos y que genera una exposición continuada a niveles de presión sonora superiores a los 85 decibelios. «Esto daña irreversiblemente las células ciliadas de la cóclea», avisa el doctor Rodríguez.. El estrés y la falta de sueño también afectan. Pero también hay factores de nuestro día a día que pueden favorecer una sordera súbita en los jóvenes, y que muchos desconocen, como son el estrés y la falta de sueño. ¿Y qué relación guardan entre ellos?. Comenta este otorrinolaringólogo que el estrés crónico y la falta de sueño en los jóvenes profesionales están correlacionados con la aparición de acúfenos o con la percepción de ruidos –zumbidos, pitidos o latidos– en los oídos o en la cabeza sin una fuente sonora externa), y con episodios de sordera súbita.. “Actualmente, representa una urgencia médica que cada vez vemos más en pacientes de 30 años, sin olvidar que el cortisol alto y el estrés mantenido pueden provocar espasmos vasculares», recuerda el doctor Rodríguez Contreras.. En tercer lugar, dice que se sitúan las infecciones y patologías del oído medio y externo. «En adolescentes, todavía arrastramos secuelas de otitis medias mal curadas en la infancia o disfunciones de la trompa de Eustaquio. También vemos casos de otosclerosis (una fijación del hueso estribo) que suele debutar en la etapa de adulto joven (20-30 años), especialmente en mujeres, y que tiene un fuerte componente genético», sostiene este otorrinolaringólogo del Centro Médico Quirónsalud Algeciras.. A su vez, indica que están los factores de estilo de vida y toxicidad, “esto último por el uso de fármacos ototóxicos», así como «el impacto del tabaquismo o el consumo de alcohol, que afectan a la microcirculación del oído interno».. Señales de alarma. Con todo ello, apunta algunas señales de alerta que son motivo de consulta inmediata al otorrinolaringólogo: el fenómeno ‘Oigo, pero no entiendo’, de forma que el joven detecta el sonido (sabe que alguien está hablando), pero no descodifica las palabras. “Se aprecia, especialmente, en ambientes con ruido de fondo, como una reunión con amigos, en un restaurante, o en un aula”, añade.. En adición, precisa que si se siente durante más de dos semanas que se tiene un tapón (y no es cera), o que el sonido llega amortiguado, especialmente después de un resfriado o de un concierto, o si se experimenta una pérdida de audición súbita en un solo oído, lo cual es una emergencia médica, “esto es imperativo realizar una audiometría».. Por otro lado, habla el doctor Rodríguez de que está la fatiga auditiva al final del día: «Si tras una jornada laboral o de estudio sientes un cansancio mental extremo, dolor de cabeza o irritabilidad, puede ser que tu cerebro esté haciendo un sobreesfuerzo agotador para compensar lo que el oído no capta”.. Además, apunta este otorrinolaringólogo que si los amigos o familiares comentan que el volumen está demasiado alto, o si la misma persona nota que cada vez necesita subir un punto más el volumen para sentirse cómodo, “se ha cruzado el umbral de seguridad».. «Si después de una exposición a música alta o al final del día notas un pitido o zumbido en los oídos, hay daño celular. Aunque el pitido desaparezca al día siguiente, el daño en las células ciliadas es acumulativo. Un acúfeno persistente de más de 24 horas es necesario acudir lo más pronto posible a tu otorrino de confianza», resalta este experto.. Pero es que, además, como hemos citado antes, en la inmensa mayoría de los casos de adolescentes y adultos jóvenes, la hipoacusia no es reversible: “Las células ciliadas, que son las que transforman el sonido en electricidad para el cerebro, no se dividen ni se regeneran. Sólo es reversible si la causa es mecánica (un tapón de cera, líquido por una otitis o una fijación de los huesos que se pueda operar) o si se trata de una ‘sordera súbita’ cogida a tiempo con corticoides en las primeras horas”.
No todo es la música alta: el estrés, el insomnio y ciertos hábitos silenciosos están impulsando la sordera y los zumbidos en la población joven
La sordera está empezando a convertirse en un fenómeno realmente preocupante en nuestra sociedad actual, especialmente entre los jóvenes, grandes usuarios de los auriculares, fundamentalmente para escuchar música, y hacerlo a altos volúmenes y durante largos periodos de tiempo. El problema es que los síntomas de esta sordera no se perciben hasta pasado un tiempo, cuando en muchos casos el problema es irreversible.. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 50% de los jóvenes de entre 12 y 35 años utilizan sus dispositivos de audio a niveles de riesgo. «No es una sordera repentina, sino un desgaste progresivo que suele empezar en las frecuencias agudas», matiza el doctor Diego Rodríguez Contreras, especialista en Otorrinolaringología en el Centro Médico Quirónsalud Algeciras, adscrito al Hospital Quirónsalud Campo de Gibraltar.. Asimismo, lamenta este experto que el uso de auriculares con cancelación de ruido, paradójicamente, hace que los jóvenes suban más el volumen para aislarse de un entorno estresante. “Además, la cultura de la inmediatez y del consumo constante de vídeos cortos con sonidos estridentes somete al oído a una fatiga constante», avisa.. No oír bien. Así, subraya que, si un joven no puede seguir una conversación en un grupo de WhatsApp por audio, o en una cena ruidosa, empieza a retraerse: «El estrés social que genera el miedo a responder algo incoherente por no haber oído bien es devastador. He visto casos donde la ansiedad social y el aislamiento se cronifican, y el paciente no sabe que el origen es un déficit de audición que le hace sentirse fuera de juego. Vivimos en la era de la hiperestimulación auditiva”.. En concreto, señala este doctor que las causas principales de la hipoacusia —o disminución de la capacidad auditiva- en adolescentes y en los adultos jóvenes se dividen en tres grandes bloques, empezando por el trauma acústico crónico (la causa más frecuente), vinculado al uso de auriculares intraurales a volúmenes excesivos y que genera una exposición continuada a niveles de presión sonora superiores a los 85 decibelios. «Esto daña irreversiblemente las células ciliadas de la cóclea», avisa el doctor Rodríguez.. El estrés y la falta de sueño también afectan. Pero también hay factores de nuestro día a día que pueden favorecer una sordera súbita en los jóvenes, y que muchos desconocen, como son el estrés y la falta de sueño. ¿Y qué relación guardan entre ellos?. Comenta este otorrinolaringólogo que el estrés crónico y la falta de sueño en los jóvenes profesionales están correlacionados con la aparición de acúfenos o con la percepción de ruidos –zumbidos, pitidos o latidos– en los oídos o en la cabeza sin una fuente sonora externa), y con episodios de sordera súbita.. “Actualmente, representa una urgencia médica que cada vez vemos más en pacientes de 30 años, sin olvidar que el cortisol alto y el estrés mantenido pueden provocar espasmos vasculares», recuerda el doctor Rodríguez Contreras.. En tercer lugar, dice que se sitúan las infecciones y patologías del oído medio y externo. «En adolescentes, todavía arrastramos secuelas de otitis medias mal curadas en la infancia o disfunciones de la trompa de Eustaquio. También vemos casos de otosclerosis (una fijación del hueso estribo) que suele debutar en la etapa de adulto joven (20-30 años), especialmente en mujeres, y que tiene un fuerte componente genético», sostiene este otorrinolaringólogo del Centro Médico Quirónsalud Algeciras.. A su vez, indica que están los factores de estilo de vida y toxicidad, “esto último por el uso de fármacos ototóxicos», así como «el impacto del tabaquismo o el consumo de alcohol, que afectan a la microcirculación del oído interno».. Señales de alarma. Con todo ello, apunta algunas señales de alerta que son motivo de consulta inmediata al otorrinolaringólogo: el fenómeno ‘Oigo, pero no entiendo’, de forma que el joven detecta el sonido (sabe que alguien está hablando), pero no descodifica las palabras. “Se aprecia, especialmente, en ambientes con ruido de fondo, como una reunión con amigos, en un restaurante, o en un aula”, añade.. En adición, precisa que si se siente durante más de dos semanas que se tiene un tapón (y no es cera), o que el sonido llega amortiguado, especialmente después de un resfriado o de un concierto, o si se experimenta una pérdida de audición súbita en un solo oído, lo cual es una emergencia médica, “esto es imperativo realizar una audiometría».. Por otro lado, habla el doctor Rodríguez de que está la fatiga auditiva al final del día: «Si tras una jornada laboral o de estudio sientes un cansancio mental extremo, dolor de cabeza o irritabilidad, puede ser que tu cerebro esté haciendo un sobreesfuerzo agotador para compensar lo que el oído no capta”.. Además, apunta este otorrinolaringólogo que si los amigos o familiares comentan que el volumen está demasiado alto, o si la misma persona nota que cada vez necesita subir un punto más el volumen para sentirse cómodo, “se ha cruzado el umbral de seguridad».. «Si después de una exposición a música alta o al final del día notas un pitido o zumbido en los oídos, hay daño celular. Aunque el pitido desaparezca al día siguiente, el daño en las células ciliadas es acumulativo. Un acúfeno persistente de más de 24 horas es necesario acudir lo más pronto posible a tu otorrino de confianza», resalta este experto.. Pero es que, además, como hemos citado antes, en la inmensa mayoría de los casos de adolescentes y adultos jóvenes, la hipoacusia no es reversible: “Las células ciliadas, que son las que transforman el sonido en electricidad para el cerebro, no se dividen ni se regeneran. Sólo es reversible si la causa es mecánica (un tapón de cera, líquido por una otitis o una fijación de los huesos que se pueda operar) o si se trata de una ‘sordera súbita’ cogida a tiempo con corticoides en las primeras horas”.
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