En la ciudad de Huelva, el sistema de sus cabezos no es solo una característica geológica, sino un elemento de su patrimonio natural y el soporte físico de su memoria. Tras décadas de incertidumbre y una larga una batalla judicial, el Cabezo de la Joya se encamina finalmente hacia su destino como parque arqueológico. Este hito no se explica sin la persistencia de la sociedad civil, encabezadas por organizaciones como Ecologistas en Acción o Huelva Te Mira, que han liderado la defensa de este enclave tartésico frente a las excavadoras.. La lucha por el patrimonio de Huelva y sus cabezos, entre ellos el de La Joya, explica a LA RAZÓN, Alicia de Navascués, arquitecta y portavoz de la plataforma Huelva Te Mira, se intensificó en 2016, tras el «expolio» del yacimiento en la zona arqueológica del Seminario a raíz de unas movimientos de tierra sin permiso. Desde aquel momento, la plataforma se marcó un objetivo claro: difundir entre los onubenses el valor del patrimonio natural y cultural de Huelva, en el que esos cabezos ocupan un relevante lugar.. Al investigar el planeamiento urbanístico, el colectivo descubrió que el Plan General (PGOU) de 1999 trataba a estos cerros o colinas como «grandes vacíos urbanos y una oportunidad de sacar negocios lucrativos con la construcción de viviendas». La crisis inmobiliaria de 2008 fue, paradójicamente, la salvación temporal de los mismos. Según la portavoz: «Eso ha sido nuestra gran oportunidad; si no, a estas alturas tendríamos una Huelva con unos cabezos completamente ya destruidos y construidos».. Ante la negativa del anterior equipo de gobierno municipal del PSOE a modificar los planes urbanísticos para El Cabezo de la Joya, Huelva Te Mira se constituyó como asociación jurídica para llevar el caso a los tribunales. El resultado, siempre de la mano de Ecologistas, fue una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) que Navascués califica de «histórica».. «Es prácticamente de las primeras en España en la que se mezcla como algo indisociable el patrimonio natural y el paisaje con el yacimiento arqueológico», señala la arquitecta, que recuerda que no fue recurrida ni por el actual equipo de Gobierno del PP ni por los propietarios de los terrenos. Para la plataforma, La Joya no es un simple solar con restos que se extraen y se olvidan: «Es importantísimo mantener el contexto paisajístico para comprender por qué nuestros antepasados tartésicos eligieron puntos elevados como zona de enterramiento». Esta visión científica e integradora logró paralizar un proyecto que, en palabras de Navascués, era una «auténtica aberración» que pretendía cortarlo en vertical.. Uno de los mayores retos ha sido pedagógico. Durante años, el abandono institucional alimentó la idea de que los cabezos eran focos de suciedad y desprendimientos. «De forma interesada se dejaron abandonar… no se enseñó a valorar eso», denuncia Navascués. Sin embargo, la movilización logró un cambio de mentalidad en la población similar al que existe en ciudades con un fuerte orgullo patrimonial, que incluso les llevó a contar con lo que denomina «red de espías» para detectar cualquier movimiento de tierras o trabajos en estos cabezos.. Con la expropiación forzosa del Cabezo de La Joya culminada por el Ayuntamiento de Huelva el pasado mes de febrero -un paso que la plataforma valora positivamente como respuesta al «clamor de la sociedad onubense»-, De Navascués considera que hay que garantizar que «su seguridad jurídica sea definitiva» para lo que es necesario una modificación del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) que descarte cualquier posibilidad de construcción en él.. Al margen de eso, el debate se centra ahora en el modelo de gestión y la arquitecta lo tiene claro el futuro parque arqueológico al que aspira el Ayuntamiento no debe ser un espacio estático lleno de grava, sino que aboga por un equipo multidisciplinar que incluya a la Universidad de Huelva (geólogos, antropólogos y arqueólogos) para realizar una «investigación sistemática» que nunca se ha hecho y que permita conocer al 100 % los restos que esconden este cabezo. Además, «si hay que construir algo, en mi opinión como arquitecta creo que no sería necesario más que un centro de interpretación aprovechando alguna de las casitas antiguas que quedan del barrio de La Joya».. Finalmente, De Navascués apela a convenios internacionales como el de Faro para exigir que el diseño del parque sea participativo. El patrimonio, sostiene, es un factor de bienestar social que no puede decidirse solo en los despachos. Por lo tanto, apuesta por que desde el Ayuntamiento «se convoque a la sociedad de forma abierta… el patrimonio es cualquier cosa que la gente diga, desde los restos tartésicos hasta las viviendas de principios del XX con azulejos verdes que son nuestra identidad».. Hoy, el Cabezo de la Joya ya no espera a las hormigoneras, sino a los arqueólogos y a los ciudadanos. La meta está clara: que Huelva deje de ser «la hermana pobre del patrimonio en Andalucía» para aspirar a convertirse en el referente mundial de la civilización de Tartessos.
El clamor de la sociedad civil ha provocado la expropiación forzosa de este enclave, que albergará un parque arqueológico
En la ciudad de Huelva, el sistema de sus cabezos no es solo una característica geológica, sino un elemento de su patrimonio natural y el soporte físico de su memoria. Tras décadas de incertidumbre y una larga una batalla judicial, el Cabezo de la Joya se encamina finalmente hacia su destino como parque arqueológico. Este hito no se explica sin la persistencia de la sociedad civil, encabezadas por organizaciones como Ecologistas en Acción o Huelva Te Mira, que han liderado la defensa de este enclave tartésico frente a las excavadoras.. La lucha por el patrimonio de Huelva y sus cabezos, entre ellos el de La Joya, explica a LA RAZÓN, Alicia de Navascués, arquitecta y portavoz de la plataforma Huelva Te Mira, se intensificó en 2016, tras el «expolio» del yacimiento en la zona arqueológica del Seminario a raíz de unas movimientos de tierra sin permiso. Desde aquel momento, la plataforma se marcó un objetivo claro: difundir entre los onubenses el valor del patrimonio natural y cultural de Huelva, en el que esos cabezos ocupan un relevante lugar.. Al investigar el planeamiento urbanístico, el colectivo descubrió que el Plan General (PGOU) de 1999 trataba a estos cerros o colinas como «grandes vacíos urbanos y una oportunidad de sacar negocios lucrativos con la construcción de viviendas». La crisis inmobiliaria de 2008 fue, paradójicamente, la salvación temporal de los mismos. Según la portavoz: «Eso ha sido nuestra gran oportunidad; si no, a estas alturas tendríamos una Huelva con unos cabezos completamente ya destruidos y construidos».. Ante la negativa del anterior equipo de gobierno municipal del PSOE a modificar los planes urbanísticos para El Cabezo de la Joya, Huelva Te Mira se constituyó como asociación jurídica para llevar el caso a los tribunales. El resultado, siempre de la mano de Ecologistas, fue una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) que Navascués califica de «histórica».. «Es prácticamente de las primeras en España en la que se mezcla como algo indisociable el patrimonio natural y el paisaje con el yacimiento arqueológico», señala la arquitecta, que recuerda que no fue recurrida ni por el actual equipo de Gobierno del PP ni por los propietarios de los terrenos. Para la plataforma, La Joya no es un simple solar con restos que se extraen y se olvidan: «Es importantísimo mantener el contexto paisajístico para comprender por qué nuestros antepasados tartésicos eligieron puntos elevados como zona de enterramiento». Esta visión científica e integradora logró paralizar un proyecto que, en palabras de Navascués, era una «auténtica aberración» que pretendía cortarlo en vertical.. Uno de los mayores retos ha sido pedagógico. Durante años, el abandono institucional alimentó la idea de que los cabezos eran focos de suciedad y desprendimientos. «De forma interesada se dejaron abandonar… no se enseñó a valorar eso», denuncia Navascués. Sin embargo, la movilización logró un cambio de mentalidad en la población similar al que existe en ciudades con un fuerte orgullo patrimonial, que incluso les llevó a contar con lo que denomina «red de espías» para detectar cualquier movimiento de tierras o trabajos en estos cabezos.. Con la expropiación forzosa del Cabezo de La Joya culminada por el Ayuntamiento de Huelva el pasado mes de febrero -un paso que la plataforma valora positivamente como respuesta al «clamor de la sociedad onubense»-, De Navascués considera que hay que garantizar que «su seguridad jurídica sea definitiva» para lo que es necesario una modificación del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) que descarte cualquier posibilidad de construcción en él.. Al margen de eso, el debate se centra ahora en el modelo de gestión y la arquitecta lo tiene claro el futuro parque arqueológico al que aspira el Ayuntamiento no debe ser un espacio estático lleno de grava, sino que aboga por un equipo multidisciplinar que incluya a la Universidad de Huelva (geólogos, antropólogos y arqueólogos) para realizar una «investigación sistemática» que nunca se ha hecho y que permita conocer al 100 % los restos que esconden este cabezo. Además, «si hay que construir algo, en mi opinión como arquitecta creo que no sería necesario más que un centro de interpretación aprovechando alguna de las casitas antiguas que quedan del barrio de La Joya».. Finalmente, De Navascués apela a convenios internacionales como el de Faro para exigir que el diseño del parque sea participativo. El patrimonio, sostiene, es un factor de bienestar social que no puede decidirse solo en los despachos. Por lo tanto, apuesta por que desde el Ayuntamiento «se convoque a la sociedad de forma abierta… el patrimonio es cualquier cosa que la gente diga, desde los restos tartésicos hasta las viviendas de principios del XX con azulejos verdes que son nuestra identidad».. Hoy, el Cabezo de la Joya ya no espera a las hormigoneras, sino a los arqueólogos y a los ciudadanos. La meta está clara: que Huelva deje de ser «la hermana pobre del patrimonio en Andalucía» para aspirar a convertirse en el referente mundial de la civilización de Tartessos.
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