El cocinero gallego Pablo Suárez, que comparte recetas en redes bajo la cuenta @poesiadefogon, lleva tiempo defendiendo una técnica tan simple como efectiva: un chorro de vino blanco, unas hojas de laurel, olla tapada y un par de minutos para que el vapor haga el resto.. La explicación es sencilla. Los mejillones ya sueltan su propio jugo al calentarse, así que añadir agua solo sirve para rebajar el sabor. Por eso, todo empieza con una buena limpieza y selección, descartando los que estén abiertos y no reaccionen o tengan la concha dañada.. Una forma sencilla de cocinar sin perder sabor. A partir de ahí, el proceso es directo. Se colocan en la olla con unos 30 mililitros de vino blanco y un par de hojas de laurel, se tapan y se van retirando según se abren. El caldo que sueltan no se desperdicia: se cuela y se reserva porque concentra todo el sabor y sirve de base para la salsa.. No es una técnica aislada. Cocineros como Karlos Arguiñano la han utilizado en más de una ocasión, reforzando una idea muy extendida en cocina: cuanto menos se toca el producto, mejor resultado da.. Con los mejillones ya abiertos, la receta sigue con un sofrito de ajo y cebolla, al que se añaden harina, tomate triturado y pimentón dulce. Después se incorpora parte del caldo reservado para ligar la salsa.. Se deja hervir unos minutos, se tritura y se devuelven los mejillones a la cazuela para que se integren. El último paso es dejar que la salsa reduzca hasta tener la textura adecuada y terminar con perejil.. Más allá de esta receta, el mejillón admite muchas otras preparaciones, desde el vapor o el escabeche hasta arroces o empanadas, lo que explica su peso en la gastronomía gallega.. Además, no solo destaca por su sabor. Es un alimento rico en proteínas, bajo en grasas saturadas y con aporte de omega-3. También contiene vitaminas del grupo B, especialmente B12, y minerales como hierro, yodo, zinc o magnesio.
Cocer los mejillones en agua es un error más común de lo que parece. En Galicia lo tienen claro: basta con un chorro de vino blanco para que se abran y mantengan todo su sabor
El cocinero gallego Pablo Suárez, que comparte recetas en redes bajo la cuenta @poesiadefogon, lleva tiempo defendiendo una técnica tan simple como efectiva: un chorro de vino blanco, unas hojas de laurel, olla tapada y un par de minutos para que el vapor haga el resto.. La explicación es sencilla. Los mejillones ya sueltan su propio jugo al calentarse, así que añadir agua solo sirve para rebajar el sabor. Por eso, todo empieza con una buena limpieza y selección, descartando los que estén abiertos y no reaccionen o tengan la concha dañada.. A partir de ahí, el proceso es directo. Se colocan en la olla con unos 30 mililitros de vino blanco y un par de hojas de laurel, se tapan y se van retirando según se abren. El caldo que sueltan no se desperdicia: se cuela y se reserva porque concentra todo el sabor y sirve de base para la salsa.. No es una técnica aislada. Cocineros como Karlos Arguiñano la han utilizado en más de una ocasión, reforzando una idea muy extendida en cocina: cuanto menos se toca el producto, mejor resultado da.. Con los mejillones ya abiertos, la receta sigue con un sofrito de ajo y cebolla, al que se añaden harina, tomate triturado y pimentón dulce. Después se incorpora parte del caldo reservado para ligar la salsa.. Se deja hervir unos minutos, se tritura y se devuelven los mejillones a la cazuela para que se integren. El último paso es dejar que la salsa reduzca hasta tener la textura adecuada y terminar con perejil.. Más allá de esta receta, el mejillón admite muchas otras preparaciones, desde el vapor o el escabeche hasta arroces o empanadas, lo que explica su peso en la gastronomía gallega.. Además, no solo destaca por su sabor. Es un alimento rico en proteínas, bajo en grasas saturadas y con aporte de omega-3. También contiene vitaminas del grupo B, especialmente B12, y minerales como hierro, yodo, zinc o magnesio.
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