En apenas unas horas llegará a su fin el alto el fuego acordado entre Estados Unidos e Irán tras días de caos diplomático e incertidumbre. En las jornadas anteriores, ambos países volvieron a intercambiar amenazas que dejaron en el aire la celebración de una segunda ronda de conversaciones directas en Islamabad. Si bien Washington confirmó su presencia con una delegación liderada por el vicepresidente JD Vance, Teherán se ha resistido hasta el último momento a aclarar su participación.. «Estados Unidos, al adoptar comportamientos contradictorios y violar de forma continua los términos del alto el fuego, ha demostrado que no tiene seriedad con el seguimiento del proceso diplomático», afirmó en rueda de prensa el portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Ismael Bagaei. La República Islámica se ha referido al bloqueo de Ormuz decretado por Trump como uno de los principales puntos de fricción para avanzar en el diálogo; aun así, no deja de ser otro factor que dificulta una paz que sigue sin materializarse.. Los principales obstáculos. Las posturas entre EE UU e Irán siguen alejadas. Los contactos mediados por Pakistán no han logrado salvar los puntos de discordia, en los que tanto Ormuz -por donde transita una quinta parte del petróleo del mundo- como el futuro del programa nuclear iraní, son protagonistas.. Irán ha utilizado el estrecho como baza estratégica tras la agresión de EE UU e Israel, iniciada el pasado 28 de febrero. Su cierre y la inestabilidad derivada del conflicto han tenido importantes consecuencias en la economía global, lo que a su vez se ha convertido en otro elemento de presión para la Administración estadounidense. Trump reclama una reapertura completa, para que vuelva a constituir una zona de libre paso marítimo, como recogía el plan de 15 puntos que serviría de base para las negociaciones.. Por su parte, Irán ha planteado la imposición de condiciones sobre el tránsito, asegurándose al menos de forma parcial su control. Esto se suma a las exigencias a la Armada de EE UU que cese su bloqueo contra puertos iraníes.. Enriquecimiento de uranio. La capacidad de enriquecimiento de uranio es otro de los temas que históricamente ha traído de cabeza a los distintos gobiernos estadounidenses, y uno de los motivos que el propio Trump empleó para justificar la ofensiva, llegando a afirmar que Teherán estaba cerca de desarrollar una bomba atómica sin exhibir pruebas. En este sentido, exige al régimen la entrega del uranio enriquecido, así como la suspensión temporal durante dos décadas, según reportan algunos medios.. Irán, a cambio, habría ofrecido ceder durante cinco años. El régimen insiste en que su programa nuclear es pacífico y tiene fines civiles, y defiende que su derecho a enriquecer uranio es «indiscutible», si bien sí se ha mostrado abierto a negociar el nivel permitido.. El inquilino de la Casa Blanca ha repetido en múltiples ocasiones que se quiere asegurar de que Teherán no sea capaz de hacerse con un arma nuclear en el futuro. De hecho, el vicepresidente de EE UU, JD Vance, apuntó que la primera ronda de negociaciones fracasó porque Teherán se negó a ceder en este aspecto.. A este puzzle se suman otros elementos decisivos para el régimen de los ayatolás, como la falta de confianza. El domingo, el presidente del Parlamento iraní, Mohamad Baqer Qalibaf, recordó que no confía en «el enemigo» ya que «podría escalar la guerra» en cualquier momento. Qalibaf recordó que la actual pugna «comenzó con el engaño de EE UU en medio de negociaciones». Estados Unidos e Irán también tendrán que acercar posturas en aspectos como el programa de misiles balísticos, el papel de los proxys en la región, el levantamiento de sanciones económicas y el frente en Líbano.. El alto el fuego entre Israel y la milicia proiraní Hizbulá fue una de las exigencias que Teherán planteó para seguir con las negociaciones. Una tregua que sigue en vigor, pero que se tambalea después de que ambas partes la hayan violado con nuevos ataques.
En apenas unas horas llegará a su fin el alto el fuego acordado entre Estados Unidos e Irán tras días de caos diplomático e incertidumbre. En las jornadas anteriores, ambos países volvieron a intercambiar amenazas que dejaron en el aire la celebración de una segunda ronda de conversaciones directas en Islamabad. Si bien Washington confirmó su presencia con una delegación liderada por el vicepresidente JD Vance, Teherán se ha resistido hasta el último momento a aclarar su participación.. «Estados Unidos, al adoptar comportamientos contradictorios y violar de forma continua los términos del alto el fuego, ha demostrado que no tiene seriedad con el seguimiento del proceso diplomático», afirmó en rueda de prensa el portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Ismael Bagaei. La República Islámica se ha referido al bloqueo de Ormuz decretado por Trump como uno de los principales puntos de fricción para avanzar en el diálogo; aun así, no deja de ser otro factor que dificulta una paz que sigue sin materializarse.. Los principales obstáculos. Las posturas entre EE UU e Irán siguen alejadas. Los contactos mediados por Pakistán no han logrado salvar los puntos de discordia, en los que tanto Ormuz -por donde transita una quinta parte del petróleo del mundo- como el futuro del programa nuclear iraní, son protagonistas.. Irán ha utilizado el estrecho como baza estratégica tras la agresión de EE UU e Israel, iniciada el pasado 28 de febrero. Su cierre y la inestabilidad derivada del conflicto han tenido importantes consecuencias en la economía global, lo que a su vez se ha convertido en otro elemento de presión para la Administración estadounidense. Trump reclama una reapertura completa, para que vuelva a constituir una zona de libre paso marítimo, como recogía el plan de 15 puntos que serviría de base para las negociaciones.. Por su parte, Irán ha planteado la imposición de condiciones sobre el tránsito, asegurándose al menos de forma parcial su control. Esto se suma a las exigencias a la Armada de EE UU que cese su bloqueo contra puertos iraníes.. Enriquecimiento de uranio. La capacidad de enriquecimiento de uranio es otro de los temas que históricamente ha traído de cabeza a los distintos gobiernos estadounidenses, y uno de los motivos que el propio Trump empleó para justificar la ofensiva, llegando a afirmar que Teherán estaba cerca de desarrollar una bomba atómica sin exhibir pruebas. En este sentido, exige al régimen la entrega del uranio enriquecido, así como la suspensión temporal durante dos décadas, según reportan algunos medios.. Irán, a cambio, habría ofrecido ceder durante cinco años. El régimen insiste en que su programa nuclear es pacífico y tiene fines civiles, y defiende que su derecho a enriquecer uranio es «indiscutible», si bien sí se ha mostrado abierto a negociar el nivel permitido.. El inquilino de la Casa Blanca ha repetido en múltiples ocasiones que se quiere asegurar de que Teherán no sea capaz de hacerse con un arma nuclear en el futuro. De hecho, el vicepresidente de EE UU, JD Vance, apuntó que la primera ronda de negociaciones fracasó porque Teherán se negó a ceder en este aspecto.. A este puzzle se suman otros elementos decisivos para el régimen de los ayatolás, como la falta de confianza. El domingo, el presidente del Parlamento iraní, Mohamad Baqer Qalibaf, recordó que no confía en «el enemigo» ya que «podría escalar la guerra» en cualquier momento. Qalibaf recordó que la actual pugna «comenzó con el engaño de EE UU en medio de negociaciones». Estados Unidos e Irán también tendrán que acercar posturas en aspectos como el programa de misiles balísticos, el papel de los proxys en la región, el levantamiento de sanciones económicas y el frente en Líbano.. El alto el fuego entre Israel y la milicia proiraní Hizbulá fue una de las exigencias que Teherán planteó para seguir con las negociaciones. Una tregua que sigue en vigor, pero que se tambalea después de que ambas partes la hayan violado con nuevos ataques.
El alto el fuego acordado entre Teherán y Washington llega a su fin sin concretarse un segundo encuentro entre ambas delegaciones
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