Buenas noticias para Europa: la marea ultra amaina. Los votantes de Hungría han vapuleado a Viktor Orbán. En el último par de años, los nacionalpopulistas han perdido el gobierno en Polonia (aunque no la presidencia) y en los Países Bajos, y han sufrido retrocesos en Suecia y Finlandia. La italiana Giorgia Meloni (que recibió un varapalo en su referéndum para la reforma judicial) se acerca al consenso europeo según se aleja de Donald Trump, quien ahora la desprecia. El presidente de EE UU se encuentra cada vez más solo: sin más aliado que Israel, enredado en un choque frontal con el papa León XIV, y cuestionado internamente por su rumbo errático. Su apoyo expreso a un candidato, o que JD Vance acuda a una campaña, ya no suma; en Canadá o en Dinamarca los votantes premiaron a quienes plantaron cara a Trump (ahí quiere estar Pedro Sánchez). Otra razón para el optimismo: el presidente de EE UU puede convertirse en noviembre en un pato cojo, en minoría en el Congreso y con su partido enfocado a la sucesión. Será más débil. También, sin nada que perder, más imprevisible.. Seguir leyendo
La caída de Orbán y el ocaso de Trump eliminan obstáculos para el avance de la UE. Pero hace falta la valentía que demostró otra generación de líderes, la que creó el euro
Buenas noticias para Europa: la marea ultra amaina. Los votantes de Hungría han vapuleado a Viktor Orbán. En el último par de años, los nacionalpopulistas han perdido el gobierno en Polonia (aunque no la presidencia) y en los Países Bajos, y han sufrido retrocesos en Suecia y Finlandia. La italiana Giorgia Meloni (que recibió un varapalo en su referéndum para la reforma judicial) se acerca al consenso europeo según se aleja de Donald Trump, quien ahora la desprecia. El presidente de EE UU se encuentra cada vez más solo: sin más aliado que Israel, enredado en un choque frontal con el papa León XIV, y cuestionado internamente por su rumbo errático. Su apoyo expreso a un candidato, o que JD Vance acuda a una campaña, ya no suma; en Canadá o en Dinamarca los votantes premiaron a quienes plantaron cara a Trump (ahí quiere estar Pedro Sánchez). Otra razón para el optimismo: el presidente de EE UU puede convertirse en noviembre en un pato cojo, en minoría en el Congreso y con su partido enfocado a la sucesión. Será más débil. También, sin nada que perder, más imprevisible.. Malas noticias para Europa: aunque se aleja al fantasma de una recesión global, ante la desescalada en Oriente Próximo y el frágil acuerdo para reabrir el estrecho de Ormuz, los efectos de esta crisis energética no se esfumarán. Queda inflación para unos meses, quizás alguna subida de tipos. Y el crecimiento es anémico en la zona euro. Rusia sigue amenazando el flanco oriental, y además ha logrado dinero fresco por la suspensión de sanciones sobre su petróleo, un regalito de Washington. La OTAN ha dejado de servir como disuasión después de que Trump amague con dejarla plantada. La dependencia militar de Washington no se resolverá en pocos años; si la relación transatlántica se deteriora más, saldrá a la luz otro punto débil: la falta de alternativa europea a las tecnológicas de EE UU.. Buenas noticias para Europa: ya no hay excusas para dejar de hacer lo que tiene que hacer. Toca dar pasos decididos en muchos campos: las reglas internas, la política exterior, la defensa. Algunas reformas económicas pendientes, que languidecían, recuperan el ritmo de repente, desde las reglas que deben facilitar las fusiones hasta la creación de una unión bancaria y un mercado de capitales. Es un momento crucial, trascendente, propicio para mostrar la misma valentía que sirvió en el pasado, a partir del Tratado de Maastricht en 1992, para lanzar el euro, el paso más ambicioso dado nunca por la Unión, sin discusión una historia de éxito. ¿Estarán a la altura nuestros líderes, como lo estuvieron los de aquella generación?. Freno al populismo. La aplastante victoria de Péter Magyar en las elecciones de Hungría, con un mensaje conservador, europeísta y respetuoso con el Estado de derecho, ha desatado cierta euforia en Bruselas. Es pronto para dar por vencida a la ultraderecha: el temor a que Marine Le Pen, o su delfín Jordan Bardella, alcancen la presidencia de Francia en 2027 ha llevado a considerar movimientos tan extraños como adelantar el relevo de Christine Lagarde en el Banco Central Europeo. Ya no se ve como inexorable un Elíseo lepenista, hostil a la UE. Tampoco se puede descartar.. La Unión resiste mejor de lo que parece… Tras el Brexit, en 2016, cundía el miedo a que la UE entrara en descomposición. Pero ningún otro país ha querido irse (ni siquiera la Hungría de Orbán: él prefería sabotear la Unión desde dentro). Hasta Londres vuelve a acercarse: Starmer apuesta por el “alineamiento dinámico” con el resto de Europa. Después del Brexit, la UE ha sabido responder a la pandemia con inversiones masivas y ha sido capaz de asumir el apoyo a la defensa de Ucrania sin EE UU. Este artículo de Janan Ganesh en Financial Times dice bien: “En una era de nacionalismo exacerbado, este club supranacional debería estar luchando por su supervivencia. Pero no es así. Pocas cosas resultan más extrañas en la política moderna”. La Unión ha funcionado peor, o estrepitosamente mal, en otros campos. Lo más doloroso es su irrelevancia geopolítica. Ursula von der Leyen se mostró sumisa ante Trump en la guerra arancelaria y complaciente con Israel pese al espanto por el genocidio en Gaza.. …pero necesita reformar la toma de decisiones. Los tiempos de Orbán, 16 largos años en que ejerció el bloqueo a menudo (a las sanciones a Rusia, al paquete de ayuda a Ucrania, al impuesto mínimo global), demostraron que no es gobernable un club de 27 países en el que las decisiones trascendentes solo pueden adoptarse por unanimidad. Eso se ha sorteado mediante variantes de la llamada Europa de varias velocidades, como las cooperaciones reforzadas o las coaliciones de voluntarios. Von der Leyen ha vuelto a poner sobre la mesa el cambio a mayorías cualificadas para la política exterior. Pero una reforma de los tratados para ello exige, una vez más, unanimidad. No será fácil.. La guerra sigue estando muy cerca. Hay tantos conflictos que casi se nos olvida que Rusia sigue combatiendo contra Europa en Ucrania desde 2022. Y es dudoso que, si Moscú fuera más lejos, Washington viniera en ayuda de sus aliados. Los países europeos han elevado sus presupuestos militares (casi todos, menos España, han prometido destinar un 5% del PIB dentro de una década, cifra difícil de cumplir). La cuestión ya no es gastar por gastar, sino lograr capacidades conjuntas. Se abre paso el debate sobre el ejército europeo, que no sustituiría a las fuerzas armadas de cada país, pero avanzaría en unidades y misiones concretas. Lo que no es eficaz es que cada país se rearme por su cuenta. Habrá resistencias, porque históricamente los ejércitos han sido el garante último de la soberanía nacional. Como ha escrito aquí Jesús A. Núñez Villaverde: “¿Qué gobernante se atreve a decirle a sus conciudadanos que hay que financiar un arsenal nuclear comunitario para no seguir dependiendo de Washington?”.. Prepararse para la siguiente crisis energética. Esta crisis no es igual a la que siguió a la invasión de Ucrania, pero rima. La Comisión ha planteado medidas de ahorro, como imponer el teletrabajo un día a la semana y subvencionar el transporte público. Se encendieron alertas, por ejemplo en las aerolíneas, sobre la falta de combustible en unas semanas. Si se consolida la apertura de Ormuz, toca reflexionar. Europa tiene tantos modelos energéticos como países: Francia descansa en su sector nuclear, Alemania apostó de forma imprudente por el gas ruso y España ha impulsado las renovables. Faltan interconexiones entre países: la Comisión quiere impulsarlas, pero España sabe que en eso chocará con Francia.. La soberanía tecnológica. Europa ha estado en cabeza de la regulación de las tecnológicas, algo que irrita a la Casa Blanca, pero no cuenta con ningún gigante en este sector clave. Las empresas europeas dependen por completo de Microsoft, Google o Amazon para sus servicios en la nube, la mayor parte del software y los sistemas operativos. Francia acaba de dar un paso decidido: la Administración migrará de Windows a Linux para “recuperar el control de su destino digital”. Harán falta muchos pasos más.. En busca de campeones europeos. Apenas hay empresas verdaderamente europeas, una desventaja muy evidente frente a Estados Unidos y China. Airbus es una sonora excepción en la aeronáutica, pero su ejemplo no cundió. Un mercado fragmentado desincentiva las fusiones transfronterizas. Los gobiernos se niegan a perder el control de empresas estratégicas, como revela la difícil entrada de Unicredit en Commerzbank. Las telecos quieren concentrarse, pero afirman que las reglas de competencia no se lo permiten. Algo se mueve: Bruselas ultima una reforma del modelo de autorización de fusiones.. La ansiada unión bancaria y del mercado de capitales. El hecho de que Estados Unidos tenga un mercado con insaciable apetito inversor ha asegurado financiación para que sus empresas crezcan e innoven. Europa ha ido a paso de tortuga en lo prometido hace más de una década. Los informes Letta y Draghi insisten en este punto: todo el mundo los aplaudió, pero se hizo poco. El debate, repentinamente, ha adquirido velocidad. Hace falta un fondo de garantía de depósitos único e incentivar, mediante un modelo común de cuenta de ahorro, que el dinero de los europeos sirva para financiar a las industrias. El Banco Central Europeo y las asociaciones de los bancos apremian a la Comisión para acelerar la unión bancaria, aunque chocan entre sí sobre los requisitos de capital. Se anuncian el euro digital y el Bizum europeo, y se plantea que la Autoridad Europea de Valores y Mercados (ESMA) asuma funciones propias de las comisiones de valores nacionales, incluida la supervisión de las cripto. No serían pocos avances, de concretarse, aunque lleguen tarde.. ¿Y los eurobonos? El mercado demanda títulos de deuda de la UE, pero solo se han emitido en circunstancias excepcionales, como la pandemia. Al menos se rompió el tabú, pero persiste el recelo de los países norteños a vincular su deuda con la de los sureños. Hay fórmulas para encauzar el debate: España plantea limitar el riego compartido. Los eurobonos no solo abaratarían los costes de financiación de los países, sino que servirían para captar inversión en euros de todo el mundo.. Europa tiene que moverse ya hacia adelante o se arriesga a quedarse muy atrás. No es una opción que permanezca quieta.. Este texto forma parte del boletín semanal La selección del director de Cinco Días, con el análisis de Ricardo de Querol y enlaces a las mejores historias económicas. Suscríbase aquí.
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