Socuéllamos, en la provincia de Ciudad Real, se prepara esta primavera para mostrar uno de sus paisajes más llamativos: la floración de los campos de amapolas, que tiñen de rojo el entorno de sus viñedos y dan lugar al conocido como «Mar Rojo de La Mancha».. A menos de dos horas de Madrid, este fenómeno convierte la llanura manchega en una gran alfombra roja que cada año atrae a amantes de la fotografía y de los paisajes rurales.. Rutas a pie por el entorno de Socuéllamos. La localidad, conocida como la Patria del Vino, cuenta con 27.000 hectáreas de viñedo en pleno corazón del mayor viñedo del mundo. Con algo más de 12.000 habitantes, es un destino tranquilo que, durante unas semanas, ofrece uno de los paisajes más llamativos de la primavera en Castilla-La Mancha.. Entre las propuestas destaca la ruta del Monte de Lodares, de 15 kilómetros. Parte de la Plaza de Toros, cruza el río Córcoles y llega hasta la ermita de San Antonio, en un recorrido donde viñedos y amapolas se mezclan continuamente. Tiene una duración aproximada de tres horas y media y dificultad moderada.. A lo largo del camino aparecen los llamados chozos manchegos, construcciones de piedra seca del siglo XV que forman parte de la arquitectura tradicional de la zona.. Otra opción es la ruta hasta la Casa de la Tinaja, de 16 kilómetros. Recorre viñedos, olivares, almendros y campos de cereal siguiendo el curso del Córcoles, con paradas en enclaves como el Monte de la Raya. Es un itinerario pensado para disfrutar sin prisas del paisaje.. Para quienes buscan un recorrido más largo, la ruta de Casa La Torre, de 21 kilómetros, se adentra en los orígenes vitivinícolas de la comarca. Discurre junto al río Záncara hasta el paraje de Titos y permite ver restos como el antiguo molino Caiceo.. La oferta se amplía con rutas para ciclistas. Destacan la que pasa por Pedro Muñoz y las lagunas de Majavacas, de 86 kilómetros, y la que llega hasta Casas de los Pinos, de 52.. También hay recorridos más suaves por caminos rurales y cañadas del llamado “Mar de Viñas”, además de paseos de entre uno y cinco kilómetros junto al río Záncara, ideales para hacer en familia.. La experiencia se completa con la oferta enoturística de Socuéllamos, conocida como la «Bodega de Europa», con 16 bodegas que permiten descubrir una tradición vinícola milenaria.. Uno de los puntos clave es el Museo Torre del Vino. Su mirador, a 40 metros de altura, permite contemplar la extensión de viñedos y, en estas fechas, el contraste con los campos de amapolas.
Durante unas pocas semanas al año, Socuéllamos cambia por completo de aspecto. Los campos de amapolas cubren la llanura manchega y crean un paisaje que puede recorrerse a pie, en bici o en coche
Socuéllamos, en la provincia de Ciudad Real, se prepara esta primavera para mostrar uno de sus paisajes más llamativos: la floración de los campos de amapolas, que tiñen de rojo el entorno de sus viñedos y dan lugar al conocido como «Mar Rojo de La Mancha».. A menos de dos horas de Madrid, este fenómeno convierte la llanura manchega en una gran alfombra roja que cada año atrae a amantes de la fotografía y de los paisajes rurales.. La localidad, conocida como la Patria del Vino, cuenta con 27.000 hectáreas de viñedo en pleno corazón del mayor viñedo del mundo. Con algo más de 12.000 habitantes, es un destino tranquilo que, durante unas semanas, ofrece uno de los paisajes más llamativos de la primavera en Castilla-La Mancha.. Entre las propuestas destaca la ruta del Monte de Lodares, de 15 kilómetros. Parte de la Plaza de Toros, cruza el río Córcoles y llega hasta la ermita de San Antonio, en un recorrido donde viñedos y amapolas se mezclan continuamente. Tiene una duración aproximada de tres horas y media y dificultad moderada.. A lo largo del camino aparecen los llamados chozos manchegos, construcciones de piedra seca del siglo XV que forman parte de la arquitectura tradicional de la zona.. Otra opción es la ruta hasta la Casa de la Tinaja, de 16 kilómetros. Recorre viñedos, olivares, almendros y campos de cereal siguiendo el curso del Córcoles, con paradas en enclaves como el Monte de la Raya. Es un itinerario pensado para disfrutar sin prisas del paisaje.. Para quienes buscan un recorrido más largo, la ruta de Casa La Torre, de 21 kilómetros, se adentra en los orígenes vitivinícolas de la comarca. Discurre junto al río Záncara hasta el paraje de Titos y permite ver restos como el antiguo molino Caiceo.. La oferta se amplía con rutas para ciclistas. Destacan la que pasa por Pedro Muñoz y las lagunas de Majavacas, de 86 kilómetros, y la que llega hasta Casas de los Pinos, de 52.. También hay recorridos más suaves por caminos rurales y cañadas del llamado “Mar de Viñas”, además de paseos de entre uno y cinco kilómetros junto al río Záncara, ideales para hacer en familia.. La experiencia se completa con la oferta enoturística de Socuéllamos, conocida como la «Bodega de Europa», con 16 bodegas que permiten descubrir una tradición vinícola milenaria.. Uno de los puntos clave es el Museo Torre del Vino. Su mirador, a 40 metros de altura, permite contemplar la extensión de viñedos y, en estas fechas, el contraste con los campos de amapolas.
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