El insomnio crónico, que afecta al 30% de la población en España en algún momento de su vida, mata. Se sabe que esta condición tiene una relación bidireccional con la ansiedad y la depresión, y que es un factor de riesgo de suicidio. En profesionales sanitarios, la incidencia es mucho más elevada que en la población general (llega hasta el 43%, según nuevas evidencias) y especialmente entre los médicos, por las interminables jornadas de guardias.. También entre los de atención primaria. Según una reciente encuesta realizada por la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG) y la Alianza por el Sueño a estos profesionales, el 53% presentaba insomnio subclínico, el 33%, insomnio clínico, y el 4%, insomnio grave. El contexto laboral existente en ese escalón asistencial es un factor que predispone a un incremento de los casos de insomnio entre sus trabajadores, así como una mayor gravedad de esta condición.. La única opción de tratamiento que incluye la sanidad pública son las benzodiacepinas que crean adicción y su consumo a largo plazo está relacionado con un mayor riesgo de padecer alzhéimer, entre otros muchos efectos perjudiciales. De hecho, aunque se usen, las guías clínicas no recomiendan la prescripción rutinaria de estos medicamentos para el tratamiento del insomnio, «ya que su relación riesgo/beneficio es desfavorable, especialmente en personas mayores». Y aquí nos encontramos con la contradicción de que la primera línea de tratamiento para el insomnio crónico son las medidas no farmacológicas, es decir, la terapia cognitivo-conductual, que es inexistente en la sanidad pública española.. «Esta terapia no está disponible en el Sistema Nacional de Salud (SNS) porque la hacen psicólogos especialistas en sueño y tenemos las unidades de Salud Mental absolutamente colapsadas», explica Carmen Bellido, responsable del Servicio de Prevención de Riesgos Laborales del Hospital General de Castellón, cuyos pacientes son profesionales sanitarios.. En este contexto, la Comisión Interministerial de Precios de los Medicamentos (CIPM) dependiente del Ministerio de Sanidad, ha rechazado incluir el primer fármaco específico para el insomnio crónico, daridorexant, en la prestación pública en dos ocasiones consecutivas. Esta decisión, basada exclusivamente en criterios económicos y de racionalización del gasto, convierte a España en el único país de Europa que no financia este tratamiento innovador. Mientras en los países de nuestro entorno los pacientes pueden acceder a una alternativa segura y eficaz desde 2023, en nuestro país se perpetúa la dependencia de las benzodiacepinas. Otra contradicción difícil de entender cuando el ministerio de Mónica García les ha declarado la guerra en su Plan de Salud Mental y , además, se jacta de haber aprobado más medicamentos innovadores que nunca y de haber reducido a la mitad los tiempos de espera para acceder a ello.. Para quienes padecen insomnio crónico y para los profesionales que lo tratan, estas resoluciones suponen la negación de una esperanza y la consolidación de un modelo terapéutico que, según los expertos, está obsoleto y resulta perjudicial.. Sergio G. (50 años) técnico de mantenimiento en el citado hospital de Levante y paciente de Carmen Bellido, cuenta como sufrió una abstinencia brutal cuando dejó el trankimazin después de cuatro años durante los que lo había estado usando por prescripción médica para tratar su insomnio.. «Fue horrible, pasé dos semanas hecho polvo con un síndrome de abstinencia como cuando se deja una droga. Era como en las películas: tenía taquicardias, sudor frio… Lo dejé para empezar a usar daridorexant por recomendación de la doctora Bellido. Al poco tiempo, empecé a dormir 5 o 6 horas al día pero, sobre todo, lo que me cambió la vida fue la calidad del sueño. Aunque no duerma más de 5 horas me siento descansado durante el día», Sergio es afortunado porque se pudo permitir pagarlo de su bolsillo: algo más de 90 euros por un tratamiento para 30 días.. Aunque no hay un límite de uso, la ficha técnica indica que el médico debe evaluar la evolución del paciente a los tres meses, con lo que el tratamiento mínimo efectivo sale por cerca de 300 euros. «Pagar este medicamento supone un esfuerzo económico. Conozco a mucha gente que no puede permitírselo y que tiene que seguir recurriendo a las benzodiacepinas», explica.. «Parece mentira que con un fármaco que tiene tanta evidencia de efectividad contrastada haya una especie de empecinamiento administrativo en no financiarlo, de la forma que sea. Podrían hacerlo en un formato de riesgo compartido, por ejemplo, que supone darlo durante un tiempo hasta la mejora del sueño», explica Lorenzo Armenteros, presidente de la SEMG. «Tiene todas las ventajas para el paciente: impacto sobre el funcionamiento diurno, perfil de seguridad superior a las benzodiacepinas y es coherente con las estrategias de deprescripción de estos medicamentos que se nos pide a los médicos generales y de familia desde el Ministerio de Sanidad».
Daridorexant está incluido en la prestación sanitaria en todos los países de nuestro entorno. En España, los pacientes tienen que pagarlo de su bolsillo: 300 euros el tratamiento mínimo efectivo de tres meses
El insomnio crónico, que afecta al 30% de la población en España en algún momento de su vida, mata. Se sabe que esta condición tiene una relación bidireccional con la ansiedad y la depresión, y que es un factor de riesgo de suicidio. En profesionales sanitarios, la incidencia es mucho más elevada que en la población general (llega hasta el 43%, según nuevas evidencias) y especialmente entre los médicos, por las interminables jornadas de guardias.. También entre los de atención primaria. Según una reciente encuesta realizada por la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG) y la Alianza por el Sueño a estos profesionales, el 53% presentaba insomnio subclínico, el 33%, insomnio clínico, y el 4%, insomnio grave. El contexto laboral existente en ese escalón asistencial es un factor que predispone a un incremento de los casos de insomnio entre sus trabajadores, así como una mayor gravedad de esta condición.. La única opción de tratamiento que incluye la sanidad pública son las benzodiacepinas que crean adicción y su consumo a largo plazo está relacionado con un mayor riesgo de padecer alzhéimer, entre otros muchos efectos perjudiciales. De hecho, aunque se usen, las guías clínicas no recomiendan la prescripción rutinaria de estos medicamentos para el tratamiento del insomnio, «ya que su relación riesgo/beneficio es desfavorable, especialmente en personas mayores». Y aquí nos encontramos con la contradicción de que la primera línea de tratamiento para el insomnio crónico son las medidas no farmacológicas, es decir, la terapia cognitivo-conductual, que es inexistente en la sanidad pública española.. «Esta terapia no está disponible en el Sistema Nacional de Salud (SNS) porque la hacen psicólogos especialistas en sueño y tenemos las unidades de Salud Mental absolutamente colapsadas», explica Carmen Bellido, responsable del Servicio de Prevención de Riesgos Laborales del Hospital General de Castellón, cuyos pacientes son profesionales sanitarios.. En este contexto, la Comisión Interministerial de Precios de los Medicamentos (CIPM) dependiente del Ministerio de Sanidad, ha rechazado incluir el primer fármaco específico para el insomnio crónico, daridorexant, en la prestación pública en dos ocasiones consecutivas. Esta decisión, basada exclusivamente en criterios económicos y de racionalización del gasto, convierte a España en el único país de Europa que no financia este tratamiento innovador. Mientras en los países de nuestro entorno los pacientes pueden acceder a una alternativa segura y eficaz desde 2023, en nuestro país se perpetúa la dependencia de las benzodiacepinas. Otra contradicción difícil de entender cuando el ministerio de Mónica García les ha declarado la guerra en su Plan de Salud Mental y , además, se jacta de haber aprobado más medicamentos innovadores que nunca y de haber reducido a la mitad los tiempos de espera para acceder a ello.. Para quienes padecen insomnio crónico y para los profesionales que lo tratan, estas resoluciones suponen la negación de una esperanza y la consolidación de un modelo terapéutico que, según los expertos, está obsoleto y resulta perjudicial.. Sergio G. (50 años) técnico de mantenimiento en el citado hospital de Levante y paciente de Carmen Bellido, cuenta como sufrió una abstinencia brutal cuando dejó el trankimazin después de cuatro años durante los que lo había estado usando por prescripción médica para tratar su insomnio.. «Fue horrible, pasé dos semanas hecho polvo con un síndrome de abstinencia como cuando se deja una droga. Era como en las películas: tenía taquicardias, sudor frio… Lo dejé para empezar a usar daridorexant por recomendación de la doctora Bellido. Al poco tiempo, empecé a dormir 5 o 6 horas al día pero, sobre todo, lo que me cambió la vida fue la calidad del sueño. Aunque no duerma más de 5 horas me siento descansado durante el día», Sergio es afortunado porque se pudo permitir pagarlo de su bolsillo: algo más de 90 euros por un tratamiento para 30 días.. Aunque no hay un límite de uso, la ficha técnica indica que el médico debe evaluar la evolución del paciente a los tres meses, con lo que el tratamiento mínimo efectivo sale por cerca de 300 euros. «Pagar este medicamento supone un esfuerzo económico. Conozco a mucha gente que no puede permitírselo y que tiene que seguir recurriendo a las benzodiacepinas», explica.. «Parece mentira que con un fármaco que tiene tanta evidencia de efectividad contrastada haya una especie de empecinamiento administrativo en no financiarlo, de la forma que sea. Podrían hacerlo en un formato de riesgo compartido, por ejemplo, que supone darlo durante un tiempo hasta la mejora del sueño», explica Lorenzo Armenteros, presidente de la SEMG. «Tiene todas las ventajas para el paciente: impacto sobre el funcionamiento diurno, perfil de seguridad superior a las benzodiacepinas y es coherente con las estrategias de deprescripción de estos medicamentos que se nos pide a los médicos generales y de familia desde el Ministerio de Sanidad».
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