Cuando Mar Ariza se dispone a diseccionar para LA RAZÓN los problemas que acusa el sector agroalimentario catalán, se ve obligada a cortar su discurso en seco: «Sí, me han dicho que he de esperar un momento y ahora me atenderán», dice la vicepresidenta del movimiento agrario, Revolta Pagesa, al otro lado del teléfono. Se encuentra en la oficina comarcal de Lleida. Entre gestiones y papeleo, lleva una hora y media intentando validar una autorización. «Es uno de los muchos trámites que nos piden», lamenta, sumergida en un «tsunami burocrático».. Así define los naufragios administrativos el último estudio publicado esta semana por el Pimec y el Col·legi d’Economistes de Catalunya, en el que se analizan los dilemas que trata de resolver el gremio en su día a día. El contexto no es sencillo: crisis climática, cambios geopolíticos, transición energética y evolución de los hábitos de consumo. Los retos a afrontar tampoco: crisis sanitarias, desigualdades en la cadena de valor, burocracia excesiva y falta de relevo generacional. «Los que quedamos, tenemos que trabajar más superficies para que no se abandonen», asegura Ariza.. Preocupaciones. Los agricultores y ganaderos vienen de celebrar la paralización del acuerdo entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur, pero esto no ha desdibujado —admiten— las preocupaciones de un colectivo que es el «combustible de la economía catalana». Según la investigación de ambas entidades, el sector agroalimentario representa cerca del 19% del PIB catalán y un 4% del valor añadido bruto (VAB), ante las necesidades alimentarias de una población de más de ocho millones de habitantes y más de 20 millones de turistas internacionales anuales.. «Aun así, los agricultores somos los más maltratados en esta industria», sentencia Néstor Serra, coordinador territorial de la Plana de Lleida del sindicato Unió de Pagesos, que destaca a este diario la «competitividad general» del gremio, a pesar de que cada área «tiene su tendón de Aquiles». «En el ámbito frutícola, por ejemplo, el mayor problema es la mano de obra. Necesitamos a gente cualificada, pero no la encontramos y cada vez tenemos fincas más grandes».. Los datos del censo agrario, recogidos por el estudio, indican que Cataluña perdió 18.103 explotaciones agrarias entre 1999 y 2020. Una cifra que comporta, a tal efecto, una disminución total del 25,14% de los cultivos. No obstante, la superficie agraria utilizada (SAU) durante este período se redujo en un porcentaje mucho menor. En 64.613 hectáreas (5,6%).. Crecimiento urbano. Por eso, el sector subraya la importancia de conservar en buen estado las áreas fértiles de suelo agrario, ante los distintos procesos de periurbanización que viven las grandes ciudades. Según el Banco Mundial, el 56% de la población universal —4.400 millones de habitantes— vive actualmente en urbes y estima que este grupo social sea más del doble en 2050. Es decir, la organización multinacional prevé que casi siete de cada 10 personas se hayan instalado en metrópolis de aquí a tres décadas.. «Este crecimiento ocupa territorio, fragmenta el paisaje y genera tensiones entre usos: ya sean residenciales, infraestructuras o del sector primario», expone Ariza al mismo tiempo que alerta de que esta evolución «puede dejar en una situación frágil al campo». Aunque también, dice, podría derivar en «nuevas oportunidades». Especialmente, en la agricultura de proximidad, «reduciendo dependencias con las cadenas largas de suministración», así como en el surgimiento de nuevas salidas laborales relacionadas con la producción local. «A nivel social, hemos de hacer que la gente consuma producto de proximidad», alega la mandataria.. El colectivo, con todo, realza una problemática: «El 60% de los agricultores y propietarios de fincas o granjas tienen más de 50 años», esgrime Néstor Serra. «La media de edad en el sector es de 60 años, por eso, la mayor parte de la gente que se dedica a esto debería estar jubilada. Mi padrino estuvo trabajando en el campo hasta los 85», concluye su discurso a este diario la vicepresidenta de Revolta Pagesa, Mar Ariza.. Ahora sí, ya es hora de arreglar ese papeleo.
Los agricultores exponen las amenazas y dificultades que afronta el sector agroalimentario: «Somos los más maltratados en esta industria»
Cuando Mar Ariza se dispone a diseccionar para LA RAZÓN los problemas que acusa el sector agroalimentario catalán, se ve obligada a cortar su discurso en seco: «Sí, me han dicho que he de esperar un momento y ahora me atenderán», dice la vicepresidenta del movimiento agrario, Revolta Pagesa, al otro lado del teléfono. Se encuentra en la oficina comarcal de Lleida. Entre gestiones y papeleo, lleva una hora y media intentando validar una autorización. «Es uno de los muchos trámites que nos piden», lamenta, sumergida en un «tsunami burocrático».. Así define los naufragios administrativos el último estudio publicado esta semana por el Pimec y el Col·legi d’Economistes de Catalunya, en el que se analizan los dilemas que trata de resolver el gremio en su día a día. El contexto no es sencillo: crisis climática, cambios geopolíticos, transición energética y evolución de los hábitos de consumo. Los retos a afrontar tampoco: crisis sanitarias, desigualdades en la cadena de valor, burocracia excesiva y falta de relevo generacional. «Los que quedamos, tenemos que trabajar más superficies para que no se abandonen», asegura Ariza.. Preocupaciones. Los agricultores y ganaderos vienen de celebrar la paralización del acuerdo entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur, pero esto no ha desdibujado —admiten— las preocupaciones de un colectivo que es el «combustible de la economía catalana». Según la investigación de ambas entidades, el sector agroalimentario representa cerca del 19% del PIB catalán y un 4% del valor añadido bruto (VAB), ante las necesidades alimentarias de una población de más de ocho millones de habitantes y más de 20 millones de turistas internacionales anuales.. «Aun así, los agricultores somos los más maltratados en esta industria», sentencia Néstor Serra, coordinador territorial de la Plana de Lleida del sindicato Unió de Pagesos, que destaca a este diario la «competitividad general» del gremio, a pesar de que cada área «tiene su tendón de Aquiles». «En el ámbito frutícola, por ejemplo, el mayor problema es la mano de obra. Necesitamos a gente cualificada, pero no la encontramos y cada vez tenemos fincas más grandes».. Los datos del censo agrario, recogidos por el estudio, indican que Cataluña perdió 18.103 explotaciones agrarias entre 1999 y 2020. Una cifra que comporta, a tal efecto, una disminución total del 25,14% de los cultivos. No obstante, la superficie agraria utilizada (SAU) durante este período se redujo en un porcentaje mucho menor. En 64.613 hectáreas (5,6%).. Crecimiento urbano. Por eso, el sector subraya la importancia de conservar en buen estado las áreas fértiles de suelo agrario, ante los distintos procesos de periurbanización que viven las grandes ciudades. Según el Banco Mundial, el 56% de la población universal —4.400 millones de habitantes— vive actualmente en urbes y estima que este grupo social sea más del doble en 2050. Es decir, la organización multinacional prevé que casi siete de cada 10 personas se hayan instalado en metrópolis de aquí a tres décadas.. «Este crecimiento ocupa territorio, fragmenta el paisaje y genera tensiones entre usos: ya sean residenciales, infraestructuras o del sector primario», expone Ariza al mismo tiempo que alerta de que esta evolución «puede dejar en una situación frágil al campo». Aunque también, dice, podría derivar en «nuevas oportunidades». Especialmente, en la agricultura de proximidad, «reduciendo dependencias con las cadenas largas de suministración», así como en el surgimiento de nuevas salidas laborales relacionadas con la producción local. «A nivel social, hemos de hacer que la gente consuma producto de proximidad», alega la mandataria.. El colectivo, con todo, realza una problemática: «El 60% de los agricultores y propietarios de fincas o granjas tienen más de 50 años», esgrime Néstor Serra. «La media de edad en el sector es de 60 años, por eso, la mayor parte de la gente que se dedica a esto debería estar jubilada. Mi padrino estuvo trabajando en el campo hasta los 85», concluye su discurso a este diario la vicepresidenta de Revolta Pagesa, Mar Ariza.. Ahora sí, ya es hora de arreglar ese papeleo.
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