Llegar a casa a las 20:30, estar cansado y tener que improvisar una cena familiar también forma parte del oficio. Incluso cuando uno ha tenido tres estrellas Michelin. Desde ahí nos habla el chef García en «Cocina en casa como Dani»: de cocina sin miedo, de identidad andaluza y de la necesidad de devolver a la formación pública todo lo que un día le dio. Dani García es de los cocineros andaluces con mayor proyección internacional, capaz de aunar en un mismo plato los productos propios de su tierra, junto con las técnicas e ingredientes de la cocina más internacional. En el libro, reúne desayunos para arrancar el día con ganas, platos con flow y trucos virales.. Dices de «Cocina en casa como Dani» que no es un libro para impresionar, sino para cocinar sin presión. ¿En qué momento un chef con tres estrellas Michelin siente la necesidad de bajarse del pedestal y volver a la cocina de casa?. Nunca me he sentido realmente en un pedestal. Cocinar se puede hacer de mil maneras distintas y es verdad que cuando llegas a la estrella Michelin la gente te mira solo desde ahí. Pero yo también soy padre, tengo una casa, cocino para mis hijas, para mis amigos… En casa no tengo una cocina profesional ni una despensa como la de un restaurante. Me apetecía mucho enseñar esa faceta de cocinero doméstico, la del que llega a las ocho y media, cansado, y tiene que resolver una cena familiar sin presión. Sin duda, la primera escuela de cocina es la casa.. Defiendes que la técnica puede ser sencilla y cercana. ¿Desmitificar la cocina es devolverle su verdad?. Totalmente. En casa hay que dejar de lado las complejidades. No hacen falta quince ingredientes ni quince pasos para cocinar bien. Hay recetas que sorprenden precisamente por eso. Ese es el espíritu del libro, quitar miedos. La cocina es una pasión más que una profesión.. Andalucía vive un momento de gran reconocimiento culinario, pero da la sensación de que no terminamos de creérnoslo ni de convertirlo en proyecto de autonomía. ¿Nos falta autoestima gastronómica como territorio?. Tenemos una cocina popular y tradicional riquísima, con producto y con cultura. Siempre he comparado Andalucía con Japón en ese sentido. El cambio ha sido brutal: cuando conseguí mi primera estrella Michelin, en el año 2000, era el único en toda Andalucía. Hoy la situación es incomparable. Hemos evolucionado muchísimo, aunque siempre se puede hacer más y creérnoslo un poco más.. Proyectos como La Cónsula fueron comparados en su día con el Basque Culinary Center y hoy parecen desdibujados. ¿Qué estamos haciendo mal a la hora de cuidar el talento gastronómico?. Yo le debo todo a lo público. Fui a una escuela de hostelería pública y no estaría hoy aquí si no hubiera recibido esa formación. De ahí han salido muchísimos profesionales increíbles, con y sin estrella Michelin. Algo se ha diluido en los últimos años y no sé exactamente qué ha pasado, pero la enseñanza es fundamental. Siempre digo que cuando me retire –que será más pronto que tarde– me gustaría dedicarme precisamente a eso: a la formación, a devolver todo lo que a mí me dieron. Ojalá hoy hubiera una Cónsula en cada provincia andaluza, una, dos o tres por provincia. Echo en falta que desde la administración se saque más pecho y se entienda la cocina como marca, cultura y motor económico.. En el libro conviven recetas muy emocionales con otras que han nacido en redes sociales.. Las redes permiten llegar a muchísima gente y compartir cosas muy buenas, pero también son un arma de doble filo. Hay mucho contenido «fake», mucha cocina que no es real. Yo intento usarlas de manera natural, enseñando lo que hago de verdad. En lo digital, no todo vale.. ¿Qué te gustaría que quedara de Dani García: el chef de las estrellas o el cocinero que ayudó a la gente a reconciliarse con su propia cocina?. Me quedo con lo segundo. Aunque sé que mucha gente me recordará por las tres estrellas o por platos concretos, a mí lo que más me llena es haber descubierto una Andalucía que no estaba cocinada; haber agitado el recetario andaluz y llevarla a otra dimensión. Si algo me hace feliz es haber demostrado que aquí también se podía hacer alta cocina desde nuestra identidad.
Señala que «fui a una escuela de hostelería pública y no estaría hoy aquí si no hubiera recibido esa formación»
Llegar a casa a las 20:30, estar cansado y tener que improvisar una cena familiar también forma parte del oficio. Incluso cuando uno ha tenido tres estrellas Michelin. Desde ahí nos habla el chef García en «Cocina en casa como Dani»: de cocina sin miedo, de identidad andaluza y de la necesidad de devolver a la formación pública todo lo que un día le dio. Dani García es de los cocineros andaluces con mayor proyección internacional, capaz de aunar en un mismo plato los productos propios de su tierra, junto con las técnicas e ingredientes de la cocina más internacional. En el libro, reúne desayunos para arrancar el día con ganas, platos con flow y trucos virales.. Dices de «Cocina en casa como Dani» que no es un libro para impresionar, sino para cocinar sin presión. ¿En qué momento un chef con tres estrellas Michelin siente la necesidad de bajarse del pedestal y volver a la cocina de casa?. Nunca me he sentido realmente en un pedestal. Cocinar se puede hacer de mil maneras distintas y es verdad que cuando llegas a la estrella Michelin la gente te mira solo desde ahí. Pero yo también soy padre, tengo una casa, cocino para mis hijas, para mis amigos… En casa no tengo una cocina profesional ni una despensa como la de un restaurante. Me apetecía mucho enseñar esa faceta de cocinero doméstico, la del que llega a las ocho y media, cansado, y tiene que resolver una cena familiar sin presión. Sin duda, la primera escuela de cocina es la casa.. Defiendes que la técnica puede ser sencilla y cercana. ¿Desmitificar la cocina es devolverle su verdad?. Totalmente. En casa hay que dejar de lado las complejidades. No hacen falta quince ingredientes ni quince pasos para cocinar bien. Hay recetas que sorprenden precisamente por eso. Ese es el espíritu del libro, quitar miedos. La cocina es una pasión más que una profesión.. Andalucía vive un momento de gran reconocimiento culinario, pero da la sensación de que no terminamos de creérnoslo ni de convertirlo en proyecto de autonomía. ¿Nos falta autoestima gastronómica como territorio?. Tenemos una cocina popular y tradicional riquísima, con producto y con cultura. Siempre he comparado Andalucía con Japón en ese sentido. El cambio ha sido brutal: cuando conseguí mi primera estrella Michelin, en el año 2000, era el único en toda Andalucía. Hoy la situación es incomparable. Hemos evolucionado muchísimo, aunque siempre se puede hacer más y creérnoslo un poco más.. Proyectos como La Cónsula fueron comparados en su día con el Basque Culinary Center y hoy parecen desdibujados. ¿Qué estamos haciendo mal a la hora de cuidar el talento gastronómico?. Yo le debo todo a lo público. Fui a una escuela de hostelería pública y no estaría hoy aquí si no hubiera recibido esa formación. De ahí han salido muchísimos profesionales increíbles, con y sin estrella Michelin. Algo se ha diluido en los últimos años y no sé exactamente qué ha pasado, pero la enseñanza es fundamental. Siempre digo que cuando me retire –que será más pronto que tarde– me gustaría dedicarme precisamente a eso: a la formación, a devolver todo lo que a mí me dieron. Ojalá hoy hubiera una Cónsula en cada provincia andaluza, una, dos o tres por provincia. Echo en falta que desde la administración se saque más pecho y se entienda la cocina como marca, cultura y motor económico.. En el libro conviven recetas muy emocionales con otras que han nacido en redes sociales.. Las redes permiten llegar a muchísima gente y compartir cosas muy buenas, pero también son un arma de doble filo. Hay mucho contenido «fake», mucha cocina que no es real. Yo intento usarlas de manera natural, enseñando lo que hago de verdad. En lo digital, no todo vale.. ¿Qué te gustaría que quedara de Dani García: el chef de las estrellas o el cocinero que ayudó a la gente a reconciliarse con su propia cocina?. Me quedo con lo segundo. Aunque sé que mucha gente me recordará por las tres estrellas o por platos concretos, a mí lo que más me llena es haber descubierto una Andalucía que no estaba cocinada; haber agitado el recetario andaluz y llevarla a otra dimensión. Si algo me hace feliz es haber demostrado que aquí también se podía hacer alta cocina desde nuestra identidad.
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