Este año que acaba de empezar será el de la conmemoración de los cien años de la muerte de Antoni Gaudí. A lo largo de este 2026 tendrán lugar varias actividades solemnes, entre exposiciones, conferencias y conciertos, que recordarán la vida y la obra del arquitecto modernista mientras levantamos la cabeza para mirar si ya toca el cielo la torre principal de la Sagrada Familia. Será el momento de revisar también las circunstancias del final de Gaudí.. Vayamos a los hechos. El arquitecto expiraba el 10 de junio de 1926 tras una agonía que había empezado poco antes, concretamente el día 7, cuando un tranvía de la línea 30 lo atropellaba. Tenemos que situarnos en un día de calor veraniego barcelonés, cuando el anciano Gaudí, con la cabeza perdida en sus asuntos, ha abandonado el recinto de la Sagrada Familia en dirección hacia la iglesia de Sant Felip Neri donde suele ir a orar cada día. Ha dejado atrás una jornada de trabajo en el inacabado templo en el que vive rodeado de planos y maquetas. Se encuentra en este preciso momento, a las seis de la tarde, en la Gran Via de les Corts Catalanes, entre las calles Girona y Bailén. Gaudí esquiva un vehículo para no ser atropellado, pero con tan mala fortuna que es arrollado por un tranvía, concretamente el de la línea 30. En “El Heraldo de Madrid” encontramos la declaración que poco después de los hechos hizo el conductor del tranvía ante las autoridades que investigaban los hechos: “Declaró que el señor Gaudí descendía por el arroyo en dirección a la plaza de Urquinaona, y en la calle de las Cortes, por no ser atropellado por otro vehículo, se abalanzó él mismo sobre el tranvía que conducía, sin poder remediar tan horrible desgracia. Añadió el declarante que vio cómo lo recogían algunos transeúntes, por lo que emprendió de nuevo la marcha, ignorando la gravedad del atropello”. Cabe decir que después de estas declaraciones, el conductor fue puesto en libertad sin cargos. En la actualidad no hay ninguna placa que recuerde los hechos.. El conductor del tranvía dejó abandonada a la víctima. A consecuencia del atropello, Gaudí tuvo una caída que desembocó en conmoción cerebral. Varios transeúntes salieron en ayuda del accidentado logrando que un taxi trasladara al artista hasta la ronda de Sant Pere tras la intervención de un guardia civil. Pese a entrar todavía con su propio pie y consciente, el arquitecto no fue identificado. Fue allí donde se supo de la gravedad de las heridas del accidentado, empezando por varias costillas rotas, además de una fractura en el cráneo y contusiones en pies y manos.. La noticia causó un gran impacto. Un buen ejemplo de ello lo encontramos en “La Voz”, diario de Madrid, el día 8, en una información de la agencia Febus: “Al arquitecto D. Antonio Gaudí, que fue atropellado en la calle de Cortes por un tranvía, que le produjo la fractura de tres costillas del lado izquierdo, contusiones en la pierna derecha, hemorragia en las meninges y hematoma, se le ha practicado al enyesado de las costillas. Los doctores Gorachán, Esquerdo y Gallardo han celebrado consulta en la que ha quedado corroborado el dictamen facultativo dado en el Hospital de la Santa Cruz, a donde fue llevado, como dijimos. El Sr. Gaudi, por lo avanzado de su edad, se encuentra en grave estado. Se pensó en trasladarlo a la Clínica del doctor Ribas y Ribas; pero los facultativos del Hospital estimaron que no era conveniente el traslado, por la gravedad del herido”.. El día 10 Gaudí murió coincidiendo con la fecha del fallecimiento de Jacint Verdaguer en 1902, probablemente los dos grandes iconos del catalanismo cultural. Se dice que la última palabra que dijo fue “Amén”. Su entierro fue uno de los más masivos que se recuerdan en Barcelona. Sus restos fueron depositados en la Sagrada Familia, algo que ignoran los muchos turistas que se dedican a captar con su cámara esa grandiosidad incompleta.
Los hechos tuvieron lugar el 7 de junio de 1926
Este año que acaba de empezar será el de la conmemoración de los cien años de la muerte de Antoni Gaudí. A lo largo de este 2026 tendrán lugar varias actividades solemnes, entre exposiciones, conferencias y conciertos, que recordarán la vida y la obra del arquitecto modernista mientras levantamos la cabeza para mirar si ya toca el cielo la torre principal de la Sagrada Familia. Será el momento de revisar también las circunstancias del final de Gaudí.. Vayamos a los hechos. El arquitecto expiraba el 10 de junio de 1926 tras una agonía que había empezado poco antes, concretamente el día 7, cuando un tranvía de la línea 30 lo atropellaba. Tenemos que situarnos en un día de calor veraniego barcelonés, cuando el anciano Gaudí, con la cabeza perdida en sus asuntos, ha abandonado el recinto de la Sagrada Familia en dirección hacia la iglesia de Sant Felip Neri donde suele ir a orar cada día. Ha dejado atrás una jornada de trabajo en el inacabado templo en el que vive rodeado de planos y maquetas. Se encuentra en este preciso momento, a las seis de la tarde, en la Gran Via de les Corts Catalanes, entre las calles Girona y Bailén. Gaudí esquiva un vehículo para no ser atropellado, pero con tan mala fortuna que es arrollado por un tranvía, concretamente el de la línea 30. En “El Heraldo de Madrid” encontramos la declaración que poco después de los hechos hizo el conductor del tranvía ante las autoridades que investigaban los hechos: “Declaró que el señor Gaudí descendía por el arroyo en dirección a la plaza de Urquinaona, y en la calle de las Cortes, por no ser atropellado por otro vehículo, se abalanzó él mismo sobre el tranvía que conducía, sin poder remediar tan horrible desgracia. Añadió el declarante que vio cómo lo recogían algunos transeúntes, por lo que emprendió de nuevo la marcha, ignorando la gravedad del atropello”. Cabe decir que después de estas declaraciones, el conductor fue puesto en libertad sin cargos. En la actualidad no hay ninguna placa que recuerde los hechos.. El conductor del tranvía dejó abandonada a la víctima. A consecuencia del atropello, Gaudí tuvo una caída que desembocó en conmoción cerebral. Varios transeúntes salieron en ayuda del accidentado logrando que un taxi trasladara al artista hasta la ronda de Sant Pere tras la intervención de un guardia civil. Pese a entrar todavía con su propio pie y consciente, el arquitecto no fue identificado. Fue allí donde se supo de la gravedad de las heridas del accidentado, empezando por varias costillas rotas, además de una fractura en el cráneo y contusiones en pies y manos.. La noticia causó un gran impacto. Un buen ejemplo de ello lo encontramos en “La Voz”, diario de Madrid, el día 8, en una información de la agencia Febus: “Al arquitecto D. Antonio Gaudí, que fue atropellado en la calle de Cortes por un tranvía, que le produjo la fractura de tres costillas del lado izquierdo, contusiones en la pierna derecha, hemorragia en las meninges y hematoma, se le ha practicado al enyesado de las costillas. Los doctores Gorachán, Esquerdo y Gallardo han celebrado consulta en la que ha quedado corroborado el dictamen facultativo dado en el Hospital de la Santa Cruz, a donde fue llevado, como dijimos. El Sr. Gaudi, por lo avanzado de su edad, se encuentra en grave estado. Se pensó en trasladarlo a la Clínica del doctor Ribas y Ribas; pero los facultativos del Hospital estimaron que no era conveniente el traslado, por la gravedad del herido”.. El día 10 Gaudí murió coincidiendo con la fecha del fallecimiento de Jacint Verdaguer en 1902, probablemente los dos grandes iconos del catalanismo cultural. Se dice que la última palabra que dijo fue “Amén”. Su entierro fue uno de los más masivos que se recuerdan en Barcelona. Sus restos fueron depositados en la Sagrada Familia, algo que ignoran los muchos turistas que se dedican a captar con su cámara esa grandiosidad incompleta.
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