Sin resultados tangibles ni declaraciones vinculantes, una cumbre entre las dos mayores superpotencias, una ascendente y otra en declive, puede marcar un hito histórico y un éxito de imagen para sus protagonistas, como ha sucedido esta semana con el viaje de Estado de Donald Trump a China, invitado por Xi Jinping. Convertida en un momento de conciliación en las relaciones entre ambos países, la reunión pretendía cerrar una larga etapa de creciente rivalidad estratégica, competencia tecnológica y comercial, y desencuentro diplomático. Las tensiones de esta etapa ya empezaron con el presidente Barack Obama, se intensificaron con Joe Biden y mutaron en una desastrosa guerra arancelaria con Trump, luego derrotado tanto por los tribunales de su país como por la capacidad coercitiva de China mediante las restricciones a la importación de tierras raras.. Seguir leyendo
El líder chino aprovecha la debilidad del presidente de EE UU para situarse en pie de igualdad con la primera potencia mundial
Sin resultados tangibles ni declaraciones vinculantes, una cumbre entre las dos mayores superpotencias, una ascendente y otra en declive, puede marcar un hito histórico y un éxito de imagen para sus protagonistas, como ha sucedido esta semana con el viaje de Estado de Donald Trump a China, invitado por Xi Jinping. Convertida en un momento de conciliación en las relaciones entre ambos países, la reunión pretendía cerrar una larga etapa de creciente rivalidad estratégica, competencia tecnológica y comercial, y desencuentro diplomático. Las tensiones de esta etapa ya empezaron con el presidente Barack Obama, se intensificaron con Joe Biden y mutaron en una desastrosa guerra arancelaria con Trump, luego derrotado tanto por los tribunales de su país como por la capacidad coercitiva de China mediante las restricciones a la importación de tierras raras.. Seguir leyendo
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