La Gerhardt Braun Gallery exhibe piezas de este alemán amante de la forma más que del contenido
Si bien existen simplistas, y esperemos que cada vez más disipados, postulados que aseguran que la vida en el rural es insustancial si se compara con el trasiego de una gran ciudad, Willi Siber encuentra su inspiración en el lugar más inhóspito. Su arte ha recorrido entornos cosmopolitas como Shanghái, Nueva York y Berlín y, aún así, ha decidido sentar su residencia en Eberhardzell, pueblo alemán de 4.000 habitantes no muy alejado de la frontera con Liechtenstein. «Me parece bien que mis obras sean exhibidas en grandes urbes, pero a mí me gusta la naturaleza y estar solo», explica.. Estas palabras, acompañadas de una ligera risa, las emite mientras recorremos la Gerhardt Braun Gallery en Madrid (manteniéndose fiel a su producción artística creada en el rural y exportada a lo urbano), la galería donde sus últimos trabajos se encuentran públicos hasta el próximo diciembre. «Color cosmos» es el nombre con el que ha englobado esta exhibición, la cual aúna en los intereses inmutables de su creador: la madera (elemento con el que se ha convertido en unos de los artistas más reputados en su país de origen), la policromía y la búsqueda de la calma.. De esta forma, sus ideales no se adscriben a la tendencia de narrar un suceso a través del arte, fórmula explícitamente reconocida por él. «El arte actual tiene mucha fuerza y siempre cuenta historias, pero yo estoy mucho más preocupado por las formas y el color», sugiere Siber, el cual cita a Vasili Kandinski como referencia, una de las voces más conectadas con el movimiento pictórico abstracto. La obra de Siber se encuentra muy próxima a la labor escultora, aunque a él no le gusta ser encasillado en una materia específica, alegando que sus piezas también podrían ser consideradas pictóricas.. Más allá de las interpretaciones que se hagan, lo que sí es verídico es que Willi Siber, tras vivir su adolescencia rodeado de vegetación, y en la que considera que nació su interés por la meditación, se mudó a Stuttgart para formarse. Primero como historiador del arte y, posteriormente, como escultor. Allí observó la naturaleza tan moldeable de la madera, además de su esencia rústica y sencilla. «Me gusta que un material tradicional se convierta en un producto contemporáneo», alaba. La que suele utilizar él es, concretamente, la MDF, la más utilizada para la confección de muebles del hogar gracias a su resistencia.. Y es que un paseo por la galería puede sorprender, pues la madera parece brillar por su ausencia. Su estilo pretende dejar confundido al que lo consuma, teniendo todas sus obras formas parecidas a círculos, gotas y huellas. Él no aclara qué simbolizan, como tampoco les aporta título más allá de la propia nomenclatura para designar el conjunto. Así, Willi Siber con «Color cosmos» trata de transmitir un estado de relajación y, por ende, un espacio seguro. «El mundo está actualmente muy loco, por lo que necesitamos hacer a la gente feliz», asegura él. Entonces, ¿está en el arte la solución a los conflictos mundiales, tanto bélicos como sociales? «El arte no puede arreglar los problemas políticos, pero sí ofrece un espacio de contemplación que nos aleje de ellos», responde.. Función democratizadora. A pesar de la cualidad ambigua de su arte, hay un rincón de la Gerhardt Braun Gallery que, sorprendentemente, sí representa un motivo. En la planta superior, un óvalo con distintas arrugas se expone, con grandes semejanzas al relieve lunar. Preguntamos al artista y lo confirma: es una plasmación del satélite más próximo a la Tierra. Para su diseño, buscó distintas informaciones ofrecidas por la NASA para así conseguir la versión más realista. Cabe la duda de por qué concretamente en ese caso sí hay un motivo autoral. «Me gusta el misterio de la noche», expresa.. Ese misterio inunda este conjunto de piezas, bien sea por su simbolismo o por, precisamente, carecer de ella, permitiendo un momento, en la ajetreada rutina con la que la sociedad convive, de contemplación. Eso sí, Siber aclara que ese estado zen que trata de contagiar no nace de un sentimiento religioso.. Es evidente que, aunque el arte de este alemán no tenga un argumento lineal, sí busca inculcar un ideal cívico. El dilema de si el arte puede ser educacional resurge una vez más tras la publicación del Informe PISA, en el que el país del que es originario el autor registró el peor resultado de su historia. El artista es consciente de ello, y siente que sus trabajos, y toda las destrezas en general, deben tener un fin democratizador. «Creo que es más relevante que la gente sienta las obras y no tanto entenderlas. Me gusta que una obra de arte pueda hacer que un analfabeto se sienta un académico», proclama.. Willi Siber parece que estudió hace ya más de cinco décadas arte para que, lejos de expresiones con miles de significaciones, todos podamos convertirnos, aunque sea por una hora, en críticos culturales. Para apoyar su postura, usa esa tan mítica oración de Antoine de Saint-Exupéry pero que nunca pierde fuste: «Lo esencial es invisible a los ojos».
Arte
Si bien existen simplistas, y esperemos que cada vez más disipados, postulados que aseguran que la vida en el rural es insustancial si se compara con el trasiego de una gran ciudad, Willi Siber encuentra su inspiración en el lugar más inhóspito. Su arte ha recorrido entornos cosmopolitas como Shanghái, Nueva York y Berlín y, aún así, ha decidido sentar su residencia en Eberhardzell, pueblo alemán de 4.000 habitantes no muy alejado de la frontera con Liechtenstein. «Me parece bien que mis obras sean exhibidas en grandes urbes, pero a mí me gusta la naturaleza y estar solo», explica.. Estas palabras, acompañadas de una ligera risa, las emite mientras recorremos la Gerhardt Braun Gallery en Madrid (manteniéndose fiel a su producción artística creada en el rural y exportada a lo urbano), la galería donde sus últimos trabajos se encuentran públicos hasta el próximo diciembre. «Color cosmos» es el nombre con el que ha englobado esta exhibición, la cual aúna en los intereses inmutables de su creador: la madera (elemento con el que se ha convertido en unos de los artistas más reputados en su país de origen), la policromía y la búsqueda de la calma.. De esta forma, sus ideales no se adscriben a la tendencia de narrar un suceso a través del arte, fórmula explícitamente reconocida por él. «El arte actual tiene mucha fuerza y siempre cuenta historias, pero yo estoy mucho más preocupado por las formas y el color», sugiere Siber, el cual cita a Vasili Kandinski como referencia, una de las voces más conectadas con el movimiento pictórico abstracto. La obra de Siber se encuentra muy próxima a la labor escultora, aunque a él no le gusta ser encasillado en una materia específica, alegando que sus piezas también podrían ser consideradas pictóricas.. Más allá de las interpretaciones que se hagan, lo que sí es verídico es que Willi Siber, tras vivir su adolescencia rodeado de vegetación, y en la que considera que nació su interés por la meditación, se mudó a Stuttgart para formarse. Primero como historiador del arte y, posteriormente, como escultor. Allí observó la naturaleza tan moldeable de la madera, además de su esencia rústica y sencilla. «Me gusta que un material tradicional se convierta en un producto contemporáneo», alaba. La que suele utilizar él es, concretamente, la MDF, la más utilizada para la confección de muebles del hogar gracias a su resistencia.. Y es que un paseo por la galería puede sorprender, pues la madera parece brillar por su ausencia. Su estilo pretende dejar confundido al que lo consuma, teniendo todas sus obras formas parecidas a círculos, gotas y huellas. Él no aclara qué simbolizan, como tampoco les aporta título más allá de la propia nomenclatura para designar el conjunto. Así, Willi Siber con «Color cosmos» trata de transmitir un estado de relajación y, por ende, un espacio seguro. «El mundo está actualmente muy loco, por lo que necesitamos hacer a la gente feliz», asegura él. Entonces, ¿está en el arte la solución a los conflictos mundiales, tanto bélicos como sociales? «El arte no puede arreglar los problemas políticos, pero sí ofrece un espacio de contemplación que nos aleje de ellos», responde.. A pesar de la cualidad ambigua de su arte, hay un rincón de la Gerhardt Braun Gallery que, sorprendentemente, sí representa un motivo. En la planta superior, un óvalo con distintas arrugas se expone, con grandes semejanzas al relieve lunar. Preguntamos al artista y lo confirma: es una plasmación del satélite más próximo a la Tierra. Para su diseño, buscó distintas informaciones ofrecidas por la NASA para así conseguir la versión más realista. Cabe la duda de por qué concretamente en ese caso sí hay un motivo autoral. «Me gusta el misterio de la noche», expresa.. Ese misterio inunda este conjunto de piezas, bien sea por su simbolismo o por, precisamente, carecer de ella, permitiendo un momento, en la ajetreada rutina con la que la sociedad convive, de contemplación. Eso sí, Siber aclara que ese estado zen que trata de contagiar no nace de un sentimiento religioso.. Es evidente que, aunque el arte de este alemán no tenga un argumento lineal, sí busca inculcar un ideal cívico. El dilema de si el arte puede ser educacional resurge una vez más tras la publicación del Informe PISA, en el que el país del que es originario el autor registró el peor resultado de su historia. El artista es consciente de ello, y siente que sus trabajos, y toda las destrezas en general, deben tener un fin democratizador. «Creo que es más relevante que la gente sienta las obras y no tanto entenderlas. Me gusta que una obra de arte pueda hacer que un analfabeto se sienta un académico», proclama.. Willi Siber parece que estudió hace ya más de cinco décadas arte para que, lejos de expresiones con miles de significaciones, todos podamos convertirnos, aunque sea por una hora, en críticos culturales. Para apoyar su postura, usa esa tan mítica oración de Antoine de Saint-Exupéry pero que nunca pierde fuste: «Lo esencial es invisible a los ojos».
