La llamada realizada desde el Palacio de Buckingham a Downing Street no fue nada habitual. Pero las circunstancias excepcionales que atraviesa la política británica la hacían inevitable. El monarca es el encargado de leer en Westminster las prioridades legislativas del Gobierno para el nuevo curso parlamentario. Sin embargo, hasta el último momento se debatió si era apropiado mantener la ceremonia, ya que las palabras pronunciadas por Carlos III —redactadas por el Ejecutivo— podrían quedar desfasadas en cuestión de horas ante el desafío interno que amenaza este mismo jueves a Keir Starmer, apenas dos años después de conquistar una mayoría absoluta con la promesa de devolver la estabilidad al país.. En una ceremonia cargada de pompa y tradición, Carlos III leyó un discurso elaborado por el Gobierno en el que detalló un paquete de alrededor de 35 proyectos legislativos. Entre ellos figuran la posible nacionalización de la siderúrgica British Steel, la creación de un fondo soberano para inversiones en infraestructuras, la implantación de un carné de identidad digital y medidas destinadas a acelerar la expansión de la energía nuclear.. Calma relativa. También se prevé un nuevo marco legal para permitir al Reino Unido alinear determinadas normas con el mercado único europeo en ámbitos como los estándares alimentarios, dentro de la estrategia del Ejecutivo para estrechar de nuevo los vínculos con la UE tras los turbulentos años posteriores al Brexit.. Todo se desarrolló conforme al rígido protocolo. Pero bajo la aparente calma se percibía la enorme tensión provocada por la grave crisis interna que atraviesa el Gobierno tras el descalabro sufrido en las elecciones locales y regionales de la semana pasada, marcadas por el auge del populismo de derecha radical de Nigel Farage.. Por respeto al monarca, la vorágine política de los últimos días —con más de 80 diputados reclamando la salida de Starmer y cuatro secretarios de Estado presentando su dimisión— quedó temporalmente suspendida. Pero la tregua puede durar apenas unas horas. Este jueves se espera que el ministro de Sanidad, Wes Streeting, principal rival interno del primer ministro, presente su dimisión para activar el mecanismo de desafío al liderazgo laborista.. Menos de 20 minutos. Streeting se reunió este miércoles con Starmer en Downing Street a primera hora de la mañana en un encuentro que apenas superó los veinte minutos. Ninguno de los dos realizó declaraciones, aunque los aliados del titular de Sanidad dan por hecho que moverá ficha. Según las normas del Partido Laborista, Streeting necesitaría el respaldo de 81 diputados para forzar una votación entre la militancia. Starmer, que ha prometido luchar hasta el final, entraría automáticamente en la contienda sin necesidad de reunir apoyos. Otros aspirantes también podrían intentar alcanzar ese umbral. Y ahí emerge un nombre inesperado: el secretario de Defensa, Al Carns.. Veterano de la Marina Real, con servicio en Afganistán y elegido diputado por Birmingham Selly Oak en 2024, Carns no figura entre los posibles candidatos que se barajaban hasta ahora —como la ex viceprimera ministra Angela Rayner—, pero su irrupción refleja hasta qué punto las divisiones internas se han profundizado dentro del laborismo.. En un artículo publicado en la revista New Statesman bajo el título «Cómo puede volver a ganar el Partido Laborista», Carns reconoce el atractivo de Reform UK entre los votantes golpeados por el alto coste de la vida y advierte: «No necesitamos más eslóganes, estrategias, comunicados de prensa ni comisiones. Necesitamos acción».. Los once sindicatos afiliados al Partido Laborista —que mantienen una enorme influencia dentro de la formación— publicaron un comunicado conjunto en el que consideran «evidente» que Starmer no seguirá al frente del partido en las próximas elecciones generales previstas para 2029. Entre ellos se encuentra Unite, el mayor sindicato del país, que calificó de «devastadores» los resultados obtenidos en los comicios locales y regionales del pasado jueves y defendió que «en algún momento» será necesario preparar un relevo.. Y, sin embargo, en caso de una batalla inmediata por el liderazgo, parte del aparato sindical podría terminar respaldando al todavía primer ministro, al considerar que Streeting representa el ala más moderada del partido.. La estrategia de Starmer. Starmer está tratando de explotar hábilmente las divisiones internas. Algunos diputados prefieren retrasar cualquier carrera sucesoria porque respaldan a Andy Burnham, alcalde del Gran Manchester y referente del ala más izquierdista. Pero Burnham necesita tiempo: actualmente no es diputado y tendría que regresar antes a Westminster mediante unas elecciones parciales. Otros, en cambio, reclaman la salida inmediata del primer ministro porque apoyan a Streeting, situado ideológicamente más a la derecha dentro del laborismo.. Starmer se ha reunido con diputados y ministros en Westminster, donde insistió en que «no podemos permitir que una contienda por el liderazgo nos hunda en el caos». «Una moción de censura sin duda lo haría», advirtió. Más de cien diputados, de los cerca de 400 con los que cuenta el partido, le expresaron públicamente su apoyo en una carta abierta. Aunque el primer ministro no despierta entusiasmo dentro de sus propias filas, muchos consideran que el actual contexto geopolítico no convierte este en el momento adecuado para provocar otro terremoto político en Downing Street. Pero, pese a ello, Starmer parece cada vez más acorralado.
La llamada realizada desde el Palacio de Buckingham a Downing Street no fue nada habitual. Pero las circunstancias excepcionales que atraviesa la política británica la hacían inevitable. El monarca es el encargado de leer en Westminster las prioridades legislativas del Gobierno para el nuevo curso parlamentario. Sin embargo, hasta el último momento se debatió si era apropiado mantener la ceremonia, ya que las palabras pronunciadas por Carlos III —redactadas por el Ejecutivo— podrían quedar desfasadas en cuestión de horas ante el desafío interno que amenaza este mismo jueves a Keir Starmer, apenas dos años después de conquistar una mayoría absoluta con la promesa de devolver la estabilidad al país.. En una ceremonia cargada de pompa y tradición, Carlos III leyó un discurso elaborado por el Gobierno en el que detalló un paquete de alrededor de 35 proyectos legislativos. Entre ellos figuran la posible nacionalización de la siderúrgica British Steel, la creación de un fondo soberano para inversiones en infraestructuras, la implantación de un carné de identidad digital y medidas destinadas a acelerar la expansión de la energía nuclear.. Calma relativa. También se prevé un nuevo marco legal para permitir al Reino Unido alinear determinadas normas con el mercado único europeo en ámbitos como los estándares alimentarios, dentro de la estrategia del Ejecutivo para estrechar de nuevo los vínculos con la UE tras los turbulentos años posteriores al Brexit.. Todo se desarrolló conforme al rígido protocolo. Pero bajo la aparente calma se percibía la enorme tensión provocada por la grave crisis interna que atraviesa el Gobierno tras el descalabro sufrido en las elecciones locales y regionales de la semana pasada, marcadas por el auge del populismo de derecha radical de Nigel Farage.. Por respeto al monarca, la vorágine política de los últimos días —con más de 80 diputados reclamando la salida de Starmer y cuatro secretarios de Estado presentando su dimisión— quedó temporalmente suspendida. Pero la tregua puede durar apenas unas horas. Este jueves se espera que el ministro de Sanidad, Wes Streeting, principal rival interno del primer ministro, presente su dimisión para activar el mecanismo de desafío al liderazgo laborista.. Menos de 20 minutos. Streeting se reunió este miércoles con Starmer en Downing Street a primera hora de la mañana en un encuentro que apenas superó los veinte minutos. Ninguno de los dos realizó declaraciones, aunque los aliados del titular de Sanidad dan por hecho que moverá ficha. Según las normas del Partido Laborista, Streeting necesitaría el respaldo de 81 diputados para forzar una votación entre la militancia. Starmer, que ha prometido luchar hasta el final, entraría automáticamente en la contienda sin necesidad de reunir apoyos. Otros aspirantes también podrían intentar alcanzar ese umbral. Y ahí emerge un nombre inesperado: el secretario de Defensa, Al Carns.. Veterano de la Marina Real, con servicio en Afganistán y elegido diputado por Birmingham Selly Oak en 2024, Carns no figura entre los posibles candidatos que se barajaban hasta ahora —como la ex viceprimera ministra Angela Rayner—, pero su irrupción refleja hasta qué punto las divisiones internas se han profundizado dentro del laborismo.. En un artículo publicado en la revista New Statesman bajo el título «Cómo puede volver a ganar el Partido Laborista», Carns reconoce el atractivo de Reform UK entre los votantes golpeados por el alto coste de la vida y advierte: «No necesitamos más eslóganes, estrategias, comunicados de prensa ni comisiones. Necesitamos acción».. Los once sindicatos afiliados al Partido Laborista —que mantienen una enorme influencia dentro de la formación— publicaron un comunicado conjunto en el que consideran «evidente» que Starmer no seguirá al frente del partido en las próximas elecciones generales previstas para 2029. Entre ellos se encuentra Unite, el mayor sindicato del país, que calificó de «devastadores» los resultados obtenidos en los comicios locales y regionales del pasado jueves y defendió que «en algún momento» será necesario preparar un relevo.. Y, sin embargo, en caso de una batalla inmediata por el liderazgo, parte del aparato sindical podría terminar respaldando al todavía primer ministro, al considerar que Streeting representa el ala más moderada del partido.. La estrategia de Starmer. Starmer está tratando de explotar hábilmente las divisiones internas. Algunos diputados prefieren retrasar cualquier carrera sucesoria porque respaldan a Andy Burnham, alcalde del Gran Manchester y referente del ala más izquierdista. Pero Burnham necesita tiempo: actualmente no es diputado y tendría que regresar antes a Westminster mediante unas elecciones parciales. Otros, en cambio, reclaman la salida inmediata del primer ministro porque apoyan a Streeting, situado ideológicamente más a la derecha dentro del laborismo.. Starmer se ha reunido con diputados y ministros en Westminster, donde insistió en que «no podemos permitir que una contienda por el liderazgo nos hunda en el caos». «Una moción de censura sin duda lo haría», advirtió. Más de cien diputados, de los cerca de 400 con los que cuenta el partido, le expresaron públicamente su apoyo en una carta abierta. Aunque el primer ministro no despierta entusiasmo dentro de sus propias filas, muchos consideran que el actual contexto geopolítico no convierte este en el momento adecuado para provocar otro terremoto político en Downing Street. Pero, pese a ello, Starmer parece cada vez más acorralado.
La ceremonia de apertura parlamentaria queda atravesada por la crisis laborista, con el primer ministro acorralado por las dimisiones, el malestar sindical y la amenaza de una batalla interna inminente
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