Un pájaro canta cerca de un discreto sensor blanco instalado en una farola de Madrid Río a mediodía. El dispositivo capta el sonido, lo procesa en el momento mediante inteligencia artificial y, acto seguido, identifica a qué especie pertenece. Si lo que sobrevuela el parque es un murciélago, el procedimiento es el mismo, aunque en ese caso lo que detecta son sus ultrasonidos. Así funciona la nueva red de 15 dispositivos de vigilancia con la que el Ayuntamiento de Madrid pretende seguir durante las 24 horas del día la biodiversidad de dos de los grandes pulmones verdes de la ciudad: Madrid Río y el parque forestal Valdebebas-Felipe VI. “Lo más importante para tener un plan es tener información”, ha resumido este miércoles el delegado de Urbanismo, Medio Ambiente y Movilidad, Borja Carabante. El objetivo, explica, es conocer qué especies habitan la ciudad y cómo evolucionan sus poblaciones para detectar cambios y, a partir de ellos, “tomar decisiones” sobre su conservación y la gestión de los espacios verdes.. Seguir leyendo
Los dispositivos, instalados en Madrid Río y Valdebebas, acumulan más de 12.000 observaciones de especies como la urraca, el jilguero o el murciélago de Nathusius
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Un pájaro canta cerca de un discreto sensor blanco instalado en una farola de Madrid Río a mediodía. El dispositivo capta el sonido, lo procesa en el momento mediante inteligencia artificial y, acto seguido, identifica a qué especie pertenece. Si lo que sobrevuela el parque es un murciélago, el procedimiento es el mismo, aunque en ese caso lo que detecta son sus ultrasonidos. Así funciona la nueva red de 15 dispositivos de vigilancia con la que el Ayuntamiento de Madrid pretende seguir durante las 24 horas del día la biodiversidad de dos de los grandes pulmones verdes de la ciudad: Madrid Río y el parque forestal Valdebebas-Felipe VI. “Lo más importante para tener un plan es tener información”, ha resumido este miércoles el delegado de Urbanismo, Medio Ambiente y Movilidad, Borja Carabante. El objetivo, explica, es conocer qué especies habitan la ciudad y cómo evolucionan sus poblaciones para detectar cambios y, a partir de ellos, “tomar decisiones” sobre su conservación y la gestión de los espacios verdes.. El proyecto piloto, presentado este miércoles en el Centro de Interpretación de Madrid Río, cuenta con siete sensores en este parque y otros ocho en el parque forestal de Valdebebas-Felipe VI. La intención es complementar la fotografía puntual que ofrecen los censos tradicionales con una película continua de la biodiversidad madrileña. Los dispositivos funcionan día y noche y permiten conocer no solo qué especies están presentes, sino también cómo varía su actividad a lo largo del día y del año. De momento, llevan operativos desde julio, por lo que los responsables municipales piden cautela antes de extraer conclusiones. El estudio pretende prolongarse durante un año completo para incorporar todas las estaciones.. Los dos escenarios han sido escogidos precisamente por sus diferencias. Madrid Río es un parque plenamente urbano, atravesado a diario por corredores, ciclistas y viandantes y sometido a un intenso uso recreativo. Valdebebas, en cambio, es un espacio forestal de mayor extensión, más natural y tranquilo. Esa comparación permitirá comprobar cómo se comporta la fauna en dos ambientes urbanos distintos.. Los primeros datos ya muestran diferencias. En Madrid Río se han identificado 66 especies de aves a través de 1.564 observaciones y 13 especies de murciélagos, con otros 221 registros. En Valdebebas, la variedad y el número de detecciones son mayores: 103 especies de aves y 6.885 observaciones, además de 23 especies de murciélagos y 3.578 registros. La urraca, el verdecillo, el jilguero y el vencejo aparecen entre las aves más frecuentes en ambos espacios. Entre los mamíferos voladores figura el murciélago de Nathusius, detectado tanto en Madrid Río como en Valdebebas.. También han aparecido animales menos habituales. Antonio Morcillo, subdirector general de Parques y Viveros del Ayuntamiento, destaca la presencia en Valdebebas del martín pescador, una especie “rara, escasa” que suele criar en cortados y zonas similares. En Madrid Río, los sensores han captado un halcón peregrino que, según Morcillo, probablemente se encuentra en las proximidades y se posa en las cornisas o zonas altas de los edificios del entorno. Aun así, insiste en que apenas ha transcurrido mes y medio y considera “prematuro” sacar conclusiones sobre los resultados.. La tecnología resulta especialmente útil para estudiar a los murciélagos. Sus hábitos nocturnos dificultan la observación directa y uno de los métodos empleados para identificarlos ha sido tradicionalmente su captura. Los nuevos dispositivos reconocen sus ultrasonidos sin necesidad de tocarlos. “Esta tecnología nos permite identificarlos perfectamente sin tener la necesidad de capturarlos ni de interferir en su biología, en su desarrollo o en sus costumbres”, señala Morcillo. El técnico recuerda además su importancia para los ecosistemas, ya que se alimentan de mosquitos y otros pequeños insectos.. Sensor del proyecto de monitorización de biodiversidad urbana en Madrid Río.MIGUEL BERROCAL/ AYUNTAMIENTO DE MADRID. Los sensores no almacenan únicamente la identificación de cada animal. A cada observación se incorporan la fecha y la hora exactas, la temperatura, la humedad relativa y la presión atmosférica. Esto permite cruzar la presencia de las distintas especies con las condiciones ambientales, estudiar sus periodos de mayor actividad y detectar cambios estacionales.. Toda esa información desemboca automáticamente en una plataforma que funciona como un “gemelo digital” de la biodiversidad de los dos parques. En ella pueden consultarse gráficos, tablas estadísticas y mapas de calor para conocer dónde y cuándo aparece cada especie. Los sensores tampoco sustituyen por completo a los métodos tradicionales: especialistas continúan realizando recorridos y observaciones directas que complementan y corrigen la información obtenida automáticamente.. El interés municipal está, sobre todo, en lo que se pueda hacer después con esos datos. Conocer los ciclos vitales de los animales permitiría adaptar determinadas labores de conservación y mantenimiento. Morcillo pone como ejemplo la presencia de una especie nidificante: si el sistema la detecta, una actuación podría interrumpirse o aplazarse para evitar interferir en su reproducción. También serviría para advertir variaciones en las poblaciones o seguir la presencia de especies invasoras. Carabante recuerda que el control de las cotorras ha requerido tradicionalmente censos mediante avistamientos, costosos tanto en tiempo como en presupuesto. Con los sensores, señala, el seguimiento puede realizarse de forma continua.. El piloto no terminará, en principio, en Madrid Río y Valdebebas. El Ayuntamiento prevé mantener los 15 dispositivos y plantea extender posteriormente la red a otros parques y zonas verdes hasta cubrir una parte mucho mayor de la capital. Morcillo abre además la puerta a ampliar el catálogo de animales vigilados: los sonidos podrían utilizarse para identificar anfibios y reptiles, mientras que el sistema podría incorporar en el futuro otros mamíferos, como los zorros presentes en Valdebebas. La meta es disponer de una red permanente que permita observar qué ocurre en la biodiversidad madrileña todos los días y a cualquier hora.
