A apenas unos pasos de tierra firme, unido por una sencilla pasarela de madera, se abre un lugar que parece detenido en el tiempo. La isla de Santa Cruz, frente al núcleo de Porto de Santa Cruz, en Oleiros, no es la más grande ni la más famosa de Galicia, pero sí una de las que mejor condensa su relato: historia, paisaje y conocimiento en apenas 1,9 hectáreas.. Redonda, ligeramente elevada y cubierta de arbolado y jardines, Santa Cruz emerge como un refugio natural en plena ría de A Coruña. Pero lo que realmente la convierte en un enclave único es el castillo que corona su superficie, una fortaleza levantada en el siglo XVI con un propósito claro: defender la bahía coruñesa de posibles ataques marítimos.. El Castillo de Santa Cruz fue mandado construir por el general Diego das Mariñas como parte de un sistema defensivo estratégico. Durante décadas cumplió su función militar, pero con el paso del tiempo perdió relevancia en este ámbito, iniciando una transformación que lo llevaría por caminos inesperados.. Uno de los episodios más singulares de su historia llegó cuando el recinto pasó a manos de la familia de Emilia Pardo Bazán, una de las figuras clave de la literatura española. La fortaleza se convirtió entonces en un pazo, integrándose en la vida cultural de la época. Tras la muerte de la hija de la escritora, el espacio fue donado al ejército, que lo utilizó como residencia de verano para huérfanos de militares.. Divulgación ambiental. Lejos de quedar anclado en el pasado, el castillo ha sabido reinventarse. Hoy es propiedad municipal y alberga el Centro de Extensión Universitaria e Divulgación Ambiental de Galicia (CEIDA), un referente en la difusión del conocimiento científico y medioambiental.. En sus instalaciones se organizan exposiciones, cursos, actividades educativas y visitas guiadas, además de contar con biblioteca y un fondo permanente.. Pero más allá de su valor histórico y científico, la isla de Santa Cruz destaca por su entorno natural. El paseo que rodea el islote permite disfrutar de ecosistemas bien conservados y de unas vistas privilegiadas de la ría, en un recorrido que combina tranquilidad y belleza.. El acceso, a través de un puente de madera, añade un componente simbólico: cruzar hacia la isla es, en cierto modo, entrar en otro tiempo. Un espacio donde la historia militar, la memoria literaria y la divulgación científica conviven en armonía.. En una tierra repleta de grandes iconos turísticos, la isla de Santa Cruz se presenta, así, como una alternativa diferente: más íntima, más concentrada, pero igual de rica. Un lugar que demuestra que no hace falta extensión para albergar historia, ni fama para ofrecer experiencias difíciles de olvidar.. A fin de cuentas, a veces, los secretos mejor guardados no están lejos, sino justo al otro lado de un puente.
Este pequeño islote esconde siglos de defensa militar, literatura y divulgación ambiental
A apenas unos pasos de tierra firme, unido por una sencilla pasarela de madera, se abre un lugar que parece detenido en el tiempo. La isla de Santa Cruz, frente al núcleo de Porto de Santa Cruz, en Oleiros, no es la más grande ni la más famosa de Galicia, pero sí una de las que mejor condensa su relato: historia, paisaje y conocimiento en apenas 1,9 hectáreas.. Redonda, ligeramente elevada y cubierta de arbolado y jardines, Santa Cruz emerge como un refugio natural en plena ría de A Coruña. Pero lo que realmente la convierte en un enclave único es el castillo que corona su superficie, una fortaleza levantada en el siglo XVI con un propósito claro: defender la bahía coruñesa de posibles ataques marítimos.. El Castillo de Santa Cruz fue mandado construir por el general Diego das Mariñas como parte de un sistema defensivo estratégico. Durante décadas cumplió su función militar, pero con el paso del tiempo perdió relevancia en este ámbito, iniciando una transformación que lo llevaría por caminos inesperados.. Uno de los episodios más singulares de su historia llegó cuando el recinto pasó a manos de la familia de Emilia Pardo Bazán, una de las figuras clave de la literatura española. La fortaleza se convirtió entonces en un pazo, integrándose en la vida cultural de la época. Tras la muerte de la hija de la escritora, el espacio fue donado al ejército, que lo utilizó como residencia de verano para huérfanos de militares.. Lejos de quedar anclado en el pasado, el castillo ha sabido reinventarse. Hoy es propiedad municipal y alberga el Centro de Extensión Universitaria e Divulgación Ambiental de Galicia (CEIDA), un referente en la difusión del conocimiento científico y medioambiental.. En sus instalaciones se organizan exposiciones, cursos, actividades educativas y visitas guiadas, además de contar con biblioteca y un fondo permanente.. Pero más allá de su valor histórico y científico, la isla de Santa Cruz destaca por su entorno natural. El paseo que rodea el islote permite disfrutar de ecosistemas bien conservados y de unas vistas privilegiadas de la ría, en un recorrido que combina tranquilidad y belleza.. El acceso, a través de un puente de madera, añade un componente simbólico: cruzar hacia la isla es, en cierto modo, entrar en otro tiempo. Un espacio donde la historia militar, la memoria literaria y la divulgación científica conviven en armonía.. En una tierra repleta de grandes iconos turísticos, la isla de Santa Cruz se presenta, así, como una alternativa diferente: más íntima, más concentrada, pero igual de rica. Un lugar que demuestra que no hace falta extensión para albergar historia, ni fama para ofrecer experiencias difíciles de olvidar.. A fin de cuentas, a veces, los secretos mejor guardados no están lejos, sino justo al otro lado de un puente.
Noticias de Galicia: última hora y actualidad de A Coruña, Vigo, Lugo, Santiago de Compostela
