Un nuevo análisis científico sostiene que los bebés y niños menores de dos años no deberían recibir ningún tipo de pantalla, ni siquiera en actividades compartidas. Los investigadores advierten que la exposición en esta etapa está vinculada a efectos negativos a largo plazo en la salud y en la calidad de vida. El estudio señala que el uso de pantallas en los primeros meses y años de vida puede limitar el desarrollo del lenguaje, dificultar el sueño, afectar la salud ocular y aumentar el riesgo de obesidad. Los autores describen esta revisión como la más completa realizada hasta la fecha sobre los efectos del uso digital en la primera infancia. Las recomendaciones actuales indican que los menores de dos años deberían evitar las pantallas salvo en actividades compartidas que fomenten la interacción. Sin embargo, la nueva revisión va más allá y advierte que cualquier tipo de exposición puede asociarse a problemas. El investigador Rafe Clayton, de la Universidad de Leeds, afirma que el uso de pantallas en esta etapa es “una preocupación global que no está siendo abordada adecuadamente”. La evidencia coincide con organismos internacionales El informe recuerda que las guías de la OMS y de la Academia Americana de Pediatría ya recomiendan evitar pantallas en menores de dos años. Aun así, estas recomendaciones se están superando en todo el mundo durante los primeros 1001 días de vida, un periodo considerado crítico para el desarrollo. Los investigadores destacan otros efectos asociados: menos oportunidades de vincularse con los padres, menos juego con otros niños, mayor riesgo de sobreestimulación y una dependencia temprana de dispositivos para regular emociones. También advierten que el tiempo de pantalla de los adultos suele correlacionarse con el de los bebés, aunque insisten en que los padres no deben ser culpabilizados. La fundadora de la iniciativa 1001 Critical Days, Dame Andrea Leadsom, califica la revisión como “un llamado de atención”. Señala que las pantallas ofrecen beneficios muy limitados para los bebés y pueden conllevar riesgos significativos en el periodo más importante del desarrollo humano. Subraya que los padres no deben cargar con toda la responsabilidad y pide que las empresas tecnológicas también actúen. Datos preocupantes sobre el uso real de pantallas Un estudio citado en la revisión revela que el 2 % de los bebés de nueve meses recibe más de tres horas diarias de pantallas. Otro trabajo muestra que los niños de dos años que pasan más tiempo frente a dispositivos presentan un vocabulario más reducido. Los expertos mencionan varias prácticas que ayudan a disminuir el uso de pantallas: pasar tiempo al aire libre, evitar dispositivos durante las comidas, ofrecer juguetes no digitales y fomentar la interacción presencial con otras personas. Estas actividades favorecen el desarrollo físico, social y emocional. Los investigadores remarcan que las pantallas están integradas en
La revisión más amplia realizada hasta ahora advierte de efectos negativos en el desarrollo, el sueño, el lenguaje y la salud futura
Un nuevo análisis científico sostiene que los bebés y niños menores de dos años no deberían recibir ningún tipo de pantalla, ni siquiera en actividades compartidas. Los investigadores advierten que la exposición en esta etapa está vinculada a efectos negativos a largo plazo en la salud y en la calidad de vida.El estudio señala que el uso de pantallas en los primeros meses y años de vida puede limitar el desarrollo del lenguaje, dificultar el sueño, afectar la salud ocular y aumentar el riesgo de obesidad. Los autores describen esta revisión como la más completa realizada hasta la fecha sobre los efectos del uso digital en la primera infancia.Las recomendaciones actuales indican que los menores de dos años deberían evitar las pantallas salvo en actividades compartidas que fomenten la interacción. Sin embargo, la nueva revisión va más allá y advierte que cualquier tipo de exposición puede asociarse a problemas. El investigador Rafe Clayton, de la Universidad de Leeds, afirma que el uso de pantallas en esta etapa es “una preocupación global que no está siendo abordada adecuadamente”.La evidencia coincide con organismos internacionalesEl informe recuerda que las guías de la OMS y de la Academia Americana de Pediatría ya recomiendan evitar pantallas en menores de dos años. Aun así, estas recomendaciones se están superando en todo el mundo durante los primeros 1001 días de vida, un periodo considerado crítico para el desarrollo.Los investigadores destacan otros efectos asociados: menos oportunidades de vincularse con los padres, menos juego con otros niños, mayor riesgo de sobreestimulación y una dependencia temprana de dispositivos para regular emociones. También advierten que el tiempo de pantalla de los adultos suele correlacionarse con el de los bebés, aunque insisten en que los padres no deben ser culpabilizados.La fundadora de la iniciativa 1001 Critical Days, Dame Andrea Leadsom, califica la revisión como “un llamado de atención”. Señala que las pantallas ofrecen beneficios muy limitados para los bebés y pueden conllevar riesgos significativos en el periodo más importante del desarrollo humano. Subraya que los padres no deben cargar con toda la responsabilidad y pide que las empresas tecnológicas también actúen.Datos preocupantes sobre el uso real de pantallasUn estudio citado en la revisión revela que el 2 % de los bebés de nueve meses recibe más de tres horas diarias de pantallas. Otro trabajo muestra que los niños de dos años que pasan más tiempo frente a dispositivos presentan un vocabulario más reducido.Los expertos mencionan varias prácticas que ayudan a disminuir el uso de pantallas: pasar tiempo al aire libre, evitar dispositivos durante las comidas, ofrecer juguetes no digitales y fomentar la interacción presencial con otras personas. Estas actividades favorecen el desarrollo físico, social y emocional.Los investigadores remarcan que las pantallas están integradas en la vida c
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