Un estudio del Grupo de Investigación en Salud Pública (GISP) de la Universitat Politécnica de Cataluña (UPC) concluye que alrededor de 244.000 españoles dejaron de fumar en 2022 gracias al uso de cigarrillos electrónicos, también conocidos como vapers. La investigación, elaborada a partir de microdatos de las encuestas Estudes (2019–2023) y Edades (2018–2022), sostiene que el vapeo actuó como una herramienta eficaz para abandonar el tabaco convencional, especialmente entre adultos que ya eran fumadores habituales.. El informe, difundido este martes, analiza patrones de consumo de nicotina en adolescentes y adultos y desmonta una de las tesis más repetidas en el debate público: que los cigarrillos electrónicos funcionan como una «puerta de entrada» al tabaquismo. Según los datos del GISP, el inicio del consumo de nicotina a través del vapeo entre no fumadores es residual, limitado al 0,9% de los adolescentes y al 0,04% de los adultos. La investigación subraya que no existe una relación estadísticamente significativa entre el uso de vapers y una mayor probabilidad de fumar cigarrillos convencionales en el futuro.. Por el contrario, el estudio apunta a que el 61% de los adultos que recurrieron al vapeo lo hicieron con el objetivo explícito de dejar de fumar, y que una parte sustancial lo consiguió.. Retroceso en la prevención escolar. Entre los menores, la prevalencia del uso de cigarrillos electrónicos aumenta con la edad, pero disminuye entre los estudiantes con mejores calificaciones y menor repetición de curso. El factor más determinante es el entorno social: tener amigos fumadores multiplica la probabilidad de usar vapers, mientras que recibir información preventiva en el ámbito educativo mejora la percepción de los riesgos asociados.. El estudio alerta, sin embargo, de un retroceso en la prevención escolar. En 2023, solo el 72% de los alumnos de secundaria recibió formación sobre los efectos de las drogas legales, cinco puntos menos que en 2019. La caída fue más acusada en centros públicos, donde la prevención se situó cuatro puntos por debajo de la registrada en colegios privados o concertados.. Los investigadores destacan que la educación sigue siendo un elemento clave: recibir información sobre drogas legales en el aula incrementa en 9,5 puntos la probabilidad de identificar correctamente los riesgos del consumo y reduce la incidencia del tabaquismo diario.. Choque con la postura de Sanidad. El informe también cuestiona la línea regulatoria del Ministerio de Sanidad, que en los últimos años ha equiparado el vapeo al tabaco convencional en sus normativas. Para el GISP, esta equiparación no refleja la evidencia disponible y puede dificultar el acceso a herramientas de reducción de daños para fumadores que buscan alternativas menos nocivas.. Los autores subrayan que, aunque los cigarrillos electrónicos no están exentos de riesgos, su perfil toxicológico es significativamente menor que el del tabaco de combustión y que su uso controlado puede contribuir a disminuir la carga sanitaria asociada al tabaquismo. «Los cigarrillos electrónicos representan una herramienta de reducción del tabaquismo más que un mecanismo de iniciación», concluye trabajo.. El estudio llega en un momento en el que el Gobierno prepara nuevas restricciones al vapeo, incluidas limitaciones de sabores, envases y publicidad. Las conclusiones del GISP añaden presión al debate científico y regulatorio, especialmente en un país donde el tabaquismo sigue siendo la principal causa prevenible de enfermedad y muerte.. Mientras tanto, los investigadores insisten en que la prioridad debe ser reforzar la prevención entre menores y garantizar que los adultos fumadores tengan acceso a información basada en evidencia. «La clave no es demonizar ni promover el vapeo, sino entender su papel real en el ecosistema del consumo de nicotina», señalan.
El estudio cuestiona la política regulatoria del Ministerio de Sanidad y muestra que 244.000 españoles abandonaron el hábito gracias al uso de cigarrillos electrónicos en 2022
Un estudio del Grupo de Investigación en Salud Pública (GISP) de la Universitat Politécnica de Cataluña (UPC) concluye que alrededor de 244.000 españoles dejaron de fumar en 2022 gracias al uso de cigarrillos electrónicos, también conocidos como vapers. La investigación, elaborada a partir de microdatos de las encuestas Estudes (2019–2023) y Edades (2018–2022), sostiene que el vapeo actuó como una herramienta eficaz para abandonar el tabaco convencional, especialmente entre adultos que ya eran fumadores habituales.. El informe, difundido este martes, analiza patrones de consumo de nicotina en adolescentes y adultos y desmonta una de las tesis más repetidas en el debate público: que los cigarrillos electrónicos funcionan como una «puerta de entrada» al tabaquismo. Según los datos del GISP, el inicio del consumo de nicotina a través del vapeo entre no fumadores es residual, limitado al 0,9% de los adolescentes y al 0,04% de los adultos. La investigación subraya que no existe una relación estadísticamente significativa entre el uso de vapers y una mayor probabilidad de fumar cigarrillos convencionales en el futuro.. Por el contrario, el estudio apunta a que el 61% de los adultos que recurrieron al vapeo lo hicieron con el objetivo explícito de dejar de fumar, y que una parte sustancial lo consiguió.. Retroceso en la prevención escolar. Entre los menores, la prevalencia del uso de cigarrillos electrónicos aumenta con la edad, pero disminuye entre los estudiantes con mejores calificaciones y menor repetición de curso. El factor más determinante es el entorno social: tener amigos fumadores multiplica la probabilidad de usar vapers, mientras que recibir información preventiva en el ámbito educativo mejora la percepción de los riesgos asociados.. El estudio alerta, sin embargo, de un retroceso en la prevención escolar. En 2023, solo el 72% de los alumnos de secundaria recibió formación sobre los efectos de las drogas legales, cinco puntos menos que en 2019. La caída fue más acusada en centros públicos, donde la prevención se situó cuatro puntos por debajo de la registrada en colegios privados o concertados.. Los investigadores destacan que la educación sigue siendo un elemento clave: recibir información sobre drogas legales en el aula incrementa en 9,5 puntos la probabilidad de identificar correctamente los riesgos del consumo y reduce la incidencia del tabaquismo diario.. Choque con la postura de Sanidad. El informe también cuestiona la línea regulatoria del Ministerio de Sanidad, que en los últimos años ha equiparado el vapeo al tabaco convencional en sus normativas. Para el GISP, esta equiparación no refleja la evidencia disponible y puede dificultar el acceso a herramientas de reducción de daños para fumadores que buscan alternativas menos nocivas.. Los autores subrayan que, aunque los cigarrillos electrónicos no están exentos de riesgos, su perfil toxicológico es significativamente menor que el del tabaco de combustión y que su uso controlado puede contribuir a disminuir la carga sanitaria asociada al tabaquismo. «Los cigarrillos electrónicos representan una herramienta de reducción del tabaquismo más que un mecanismo de iniciación», concluye trabajo.. El estudio llega en un momento en el que el Gobierno prepara nuevas restricciones al vapeo, incluidas limitaciones de sabores, envases y publicidad. Las conclusiones del GISP añaden presión al debate científico y regulatorio, especialmente en un país donde el tabaquismo sigue siendo la principal causa prevenible de enfermedad y muerte.. Mientras tanto, los investigadores insisten en que la prioridad debe ser reforzar la prevención entre menores y garantizar que los adultos fumadores tengan acceso a información basada en evidencia. «La clave no es demonizar ni promover el vapeo, sino entender su papel real en el ecosistema del consumo de nicotina», señalan.
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