A mediados de la década de los 80 del pasado siglo llegaba España una serie de televisión estaodunidense que revolucionó las audiencias televisivas de la época para contarnos las rivalidades y luchas de poder por el control de la industria del vino en el ficticio Valle californiano de Tuscany: Falcon Crest.. Una ficción con protagonistas inolvidables, como Ángela Channing -la matriarca de la familia bodeguera, tiránica para unos y amada por otros caracterizada por la actriz Jane Wyman- que estaba dispuesta a todo por mantener su legado contra Los Gioberti, herederos de una parte de las tierras tras la muerte misteriosa del padre y hermano de la Channing, y contra Los Agretti, una familia rival dueña de unos viñedos colindantes con quienes mantienen constantes enfrentamientos y alianzas estratégicas. Esta serie puso delante del televisor a millones de españoles en cada capítulo.. Mucho más reciente, y además española, es el melodrama televisivo Gran Reserva, emitido entre los años 2010 y 2013 con los viñedos de La Rioja como protagonistas. Y nuevamente con la rivalidad de dos familias como gancho, en este caso Los Cortázar y los Reverte, que luchan por el control de viñedos mezclando negocios, secretos, amor y numerosas traiciones.. Y si el mundo del vino da mucho juego en la televisión, qué decir en la literatura, donde existen referencias desde cientos de años antes de Cristo en libros como La Epopeya de Gilgamesh, una obra sumeria en la que atribuyen a esta bebida cierta aura de divinidad, o en la obra funeraria egipcia El Libro de los Muertos, que promete vino a los difuntos en el más allá.. La carta de vinos de Cervantes en El licenciado Vidriera; el amor que profesaba por Lord Byron por el jerez; la pasión de Shakespeare por el caldo de uva canario; la alcahueta de La Celestina, de Fernando de Rojas, que utiliza esta bebida para engatusar y manipular; o el pícaro Lazarillo de Tormes, que engaña a su amo ciego para poder beber más cantidad de este líquido celestial, son otros ejemplos del exitoso binomio que forman vino y literatura que sigue llegando a nuestros días con muchas otras novelas, como la que ocupa estas líneas de LA RAZÓN: «Trestanto», de la joven vallisoletana Pilar Mesonero, que tiene un poco de las series Falcon Crest y Gran Reserva así como de todo este amor por el vino de la literatura clásica que no dejará indiferente a nadie.. Un thriller psicológico que combina familia, tradición y misterio en la ribera de Duero vallisoletana, y más en concreto en Peñafiel, cuna y corazón de esta zona vitivinícola considerada entre las más importantes del mundo y donde se elaboran algunos de los mejores vinos del planeta.. A punto de comenzar la vendimia, la extraña desaparición de Vera sitúa a la familia bodeguera Villena Calderón -un guiño al infante Don Juan Manuel, príncipe, duque y señor de Peñafiel, entre otras muchas localidades, además de autor de El conde Lucanor, un conjunto de cuentos que terminan con una moraleja-, a las puertas del abismo.. Pilar profundiza en este libro en las emociones, miedos, contradicciones y culpas de cada uno de los miembros de esta familia que libra su particular batalla en el marco de una prestigiosa bodega.. «Me interesa mucho indagar en todo esto y no solo quedarme en la tensión o el suspense, porque creo que las relaciones familiares, el amor o la amistad son importantes y cuando vienen mal dadas la oscuridad es lo que da sentido a todo», señala la autora a LA RAZÓN, quien explica que ha querido escribir una historia de una familia viticultora con una bodega de renombre y en un lugar que tuviera una identidad muy marcada por su historia y tradición.. «Y todo ello lo encontré aquí, en Peñafiel, tras una visita que hice al Museo del Vino donde me di cuenta de que la Ribera del Duero tiene algo hipnótico que invita a observar, mirar y oler y que el paisaje de Peñafiel tenía que ser un personaje más en el libro, porque transmite serenidad y, al mismo tiempo, algo perturbador e inquietante, que es lo que buscaba», apunta la escritora, quien revela que los personajes conviven en la novela con esa oscuridad y el miedo. «Les he querido poner al límite», asegura.. Cuenta también Pilar que durante el proceso de escritura de «Trestranto» ha aprendido mucho sobre la cultura del vino que desconocía, desde los métodos de elaboración, del ciclo vegetativo de la vid, el envero, la maduración, la crianza, la dormida… y que con este libro ha querido también hacer un homenaje a la tierra, a los bodegueros y a todo el trabajo que hay detrás enla viña, «que es apasionante y deconocido para mucha gente», afirma.. Una novela que está teniendo muy buena acogida, que Pilar tardó un año en escribir, al que hay sumar otros seis meses para la corrección, porque según cuenta la autora hay temas muy técnicos en los que, debido a su carácer perfeccionista, ha buscado el asesoramiento de profesionales como una filóloga, pero también un guardiacivil, una enóloga e incluso ha echado mano de una psicóloga para no cometer errores.. Tono reivindicativo. Si algo caracteriza también a la joven autora de la novela «Los días fríos», su primera incursión en la literatura, en la que explora sobre la soledad, la memoria o el amor, pero también sobre los sueños a los que tuvieron que renunciar las mujeres del pasado siglo durante muchos años, es el tono reivindicativo de su escritura.. «Me gusta remover conciencias y emociones, ya que el objetivo final es que el lector pueda reflexionar sobre lo que está leyendo, en este caso la desaparición de una mujer», afirma.. De hecho, desvela a este periódico que en el penúltimo capítulo de «Trestanto», que ha titulado «Desahogo» y está narrado por uno delos personajes de la novela, la que realmente habla es Pilar para reivindicar a la mujer por todo lo que tiene que pasar en esta sociedad. Y pone como ejemplo lo ocurrido con un caso real: la desaparición y posterior muerte de Esther López -el famoso Caso Traspinedo que en estos días ha sido noticia otra vez después de que la juez del caso haya decidido mandar a juicio al principal acusado y responsable de lo ocurrido, Óscar S.M.-, que ha insipirado también a Pilar Mesonero a la hora de construir su trama para la novela.. «He tratado de trasladar al papel como una desgracia tan grande es capaz de unir a la una comunidad entera, como ha ocurrido en Traspinedo, pero en este caso enfocado a la familia, sus sentimientos y cómo afrontan la desaparición», señala.. La autora asegura que en el thriller tiene que haber chicha y no solo misterio, que el lector pueda ponerse en la piel de los demás, y en este sentido reconoce que las desapariciones son un elemento narrativo muy potente. Al respecto, advierte de que la ficción ha usado en muchas ocasiones la imagen de la mujer y de su supuesta debilidad, por lo que llama a preguntarse el porqué la sociedad se ha acostumbrado tanto a esta ausencia y anima a reflexionar sobre ello.. Influencia periodística. Pilar es periodista de carrera aunque luego la vida le ha llevado por otros derroteros, como a un bufete de abogados de Valladolid. Si bien escribir es lo que más le gusta y apasiona y cuenta que lleva haciéndolo desde su adolescencia.. Y aunque apenas ha ejercido como periodista dice que el periodismo le ha dado las herramientas para saber escuchar, ver y observar, que es lo que necesita un escritor también para poder crear personajes que tengan cierta credibilidad o para crear atmósferas idílicas acordes a la trama que quiere escribir. «También me ha enseñado a no dar nada por sentado y me interesa que los lectores se cuestionen las cosas como hace un buen periodista», apunta.. Otra de las cosas que caracteriza también la escritura de Pilar son los giros que hace y la fuerte personalidad que da a sus personajes. «Algunos son muy díscolos, van a su bola y me han obligado a cambiar la trama sobre la marcha porque ellos van cambiando y evolucionando», afirma.. En este sentido, la escritora vallisoletana defiende que en el proceso de escritura lo mejor es dejarse llevar y que los personajes vayan fluyendo y reconoce que en sus dos novelas el resultado final no ha sido el que tenía en su cabeza cuando empezó. «Me gusta dejarme llevar y hay muchos personajes secundarios que al final caban teniendo un papel principal y protagonista en la trama», señala.. La editorial Cuatro Letras ha apostado fuerte por la literatura de Pilar, que está muy orgullosa de poder formar parte de esa familia que la ha acogido con los brazos abiertos. «Siempre quise trabajar en una editorial tradicional y he dado con una que apoya al escritor, que cuida mucho la edición y con la que comparto valores y su forma de ver el mundo; me ha tocado la lotería», afirma, contenta y satisfecha también por la gran acogida que está teniendo el libro y por el cariño que está recibiendo por donde lo está presentando, como hace unos días en el propio castillo de Peñafiel.. Consciente de que la competencia en este mundo literario es máxima, la autora de «Trestanto» asegura que su objetivo no es vivir de la escritura, aunque admite que «ojalá» fuera así, «porque es bonito soñar».. Mientras tanto, e inquieta como es, ya está trabajando en la que será su tercera novela, que tiene muy avanzada y a falta de tan solo de unos capítulos, según cuenta. De hecho, avanza que si todo va bien se publicará el año que viene y versará sobre un drama «muy significativo» para España que está tratando con mucho respeto y cariño debido a la sensibilidad que hay detrás, y que está convencida de que va a gustar. Y ahí lo deja.. Pero lo que sí que deja claro Pilar es que no quiere quedarse como una autora de género y su idea es la de probar todos los posibles. Cuenta que la narrativa gótica, nacida en la Inglaterra del siglo XVIII y que combina ficción, horror, muerte y a veces el romance, le atrae mucho, por lo que a buen seguro escribirá algo relacionado con él e incluso espera escribir algo en clave de humor.. «Cuando voy andando por la calle siempre estoy maquinando algo y no dejo de pensar en qué haré con ese capítulo o con este u otro personaje; no lo puedo evitar, y siempre me surgen nuevas ideas de novelas», señala, convencida de que la imaginación ha de estar en constante evolución y que nunca hay que dejar de observar lo que ocurre a nuestro alrededor.. «Las vivencias personales de cada uno sugieren ideas pero también las ajenas, y hay una serie de pautas universales que me gusta seguir, como las verdades que no se dicen o las realidades que las personas no se atreven a indagar. Todo esto me acaba inspirando», finaliza.
La escritora vallisoletana Pilar Mesonero rinde homenaje en este thriller psicológico a la tierra y a quienes trabajan en la viña con el castillo de Peñafiel como telón de fondo
A mediados de la década de los 80 del pasado siglo llegaba España una serie de televisión estaodunidense que revolucionó las audiencias televisivas de la época para contarnos las rivalidades y luchas de poder por el control de la industria del vino en el ficticio Valle californiano de Tuscany: Falcon Crest.. Una ficción con protagonistas inolvidables, como Ángela Channing -la matriarca de la familia bodeguera, tiránica para unos y amada por otros caracterizada por la actriz Jane Wyman- que estaba dispuesta a todo por mantener su legado contra Los Gioberti, herederos de una parte de las tierras tras la muerte misteriosa del padre y hermano de la Channing, y contra Los Agretti, una familia rival dueña de unos viñedos colindantes con quienes mantienen constantes enfrentamientos y alianzas estratégicas. Esta serie puso delante del televisor a millones de españoles en cada capítulo.. Mucho más reciente, y además española, es el melodrama televisivo Gran Reserva, emitido entre los años 2010 y 2013 con los viñedos de La Rioja como protagonistas. Y nuevamente con la rivalidad de dos familias como gancho, en este caso Los Cortázar y los Reverte, que luchan por el control de viñedos mezclando negocios, secretos, amor y numerosas traiciones.. Y si el mundo del vino da mucho juego en la televisión, qué decir en la literatura, donde existen referencias desde cientos de años antes de Cristo en libros como La Epopeya de Gilgamesh, una obra sumeria en la que atribuyen a esta bebida cierta aura de divinidad, o en la obra funeraria egipcia El Libro de los Muertos, que promete vino a los difuntos en el más allá.. La carta de vinos de Cervantes en El licenciado Vidriera; el amor que profesaba por Lord Byron por el jerez; la pasión de Shakespeare por el caldo de uva canario; la alcahueta de La Celestina, de Fernando de Rojas, que utiliza esta bebida para engatusar y manipular; o el pícaro Lazarillo de Tormes, que engaña a su amo ciego para poder beber más cantidad de este líquido celestial, son otros ejemplos del exitoso binomio que forman vino y literatura que sigue llegando a nuestros días con muchas otras novelas, como la que ocupa estas líneas de LA RAZÓN: «Trestanto», de la joven vallisoletana Pilar Mesonero, que tiene un poco de las series Falcon Crest y Gran Reserva así como de todo este amor por el vino de la literatura clásica que no dejará indiferente a nadie.. Un thriller psicológico que combina familia, tradición y misterio en la ribera de Duero vallisoletana, y más en concreto en Peñafiel, cuna y corazón de esta zona vitivinícola considerada entre las más importantes del mundo y donde se elaboran algunos de los mejores vinos del planeta.. A punto de comenzar la vendimia, la extraña desaparición de Vera sitúa a la familia bodeguera Villena Calderón -un guiño al infante Don Juan Manuel, príncipe, duque y señor de Peñafiel, entre otras muchas localidades, además de autor de El conde Lucanor, un conjunto de cuentos que terminan con una moraleja-, a las puertas del abismo.. Pilar profundiza en este libro en las emociones, miedos, contradicciones y culpas de cada uno de los miembros de esta familia que libra su particular batalla en el marco de una prestigiosa bodega.. «Me interesa mucho indagar en todo esto y no solo quedarme en la tensión o el suspense, porque creo que las relaciones familiares, el amor o la amistad son importantes y cuando vienen mal dadas la oscuridad es lo que da sentido a todo», señala la autora a LA RAZÓN, quien explica que ha querido escribir una historia de una familia viticultora con una bodega de renombre y en un lugar que tuviera una identidad muy marcada por su historia y tradición.. «Y todo ello lo encontré aquí, en Peñafiel, tras una visita que hice al Museo del Vino donde me di cuenta de que la Ribera del Duero tiene algo hipnótico que invita a observar, mirar y oler y que el paisaje de Peñafiel tenía que ser un personaje más en el libro, porque transmite serenidad y, al mismo tiempo, algo perturbador e inquietante, que es lo que buscaba», apunta la escritora, quien revela que los personajes conviven en la novela con esa oscuridad y el miedo. «Les he querido poner al límite», asegura.. Cuenta también Pilar que durante el proceso de escritura de «Trestranto» ha aprendido mucho sobre la cultura del vino que desconocía, desde los métodos de elaboración, del ciclo vegetativo de la vid, el envero, la maduración, la crianza, la dormida… y que con este libro ha querido también hacer un homenaje a la tierra, a los bodegueros y a todo el trabajo que hay detrás enla viña, «que es apasionante y deconocido para mucha gente», afirma.. Una novela que está teniendo muy buena acogida, que Pilar tardó un año en escribir, al que hay sumar otros seis meses para la corrección, porque según cuenta la autora hay temas muy técnicos en los que, debido a su carácer perfeccionista, ha buscado el asesoramiento de profesionales como una filóloga, pero también un guardiacivil, una enóloga e incluso ha echado mano de una psicóloga para no cometer errores.. Tono reivindicativo. Si algo caracteriza también a la joven autora de la novela «Los días fríos», su primera incursión en la literatura, en la que explora sobre la soledad, la memoria o el amor, pero también sobre los sueños a los que tuvieron que renunciar las mujeres del pasado siglo durante muchos años, es el tono reivindicativo de su escritura.. «Me gusta remover conciencias y emociones, ya que el objetivo final es que el lector pueda reflexionar sobre lo que está leyendo, en este caso la desaparición de una mujer», afirma.. De hecho, desvela a este periódico que en el penúltimo capítulo de «Trestanto», que ha titulado «Desahogo» y está narrado por uno delos personajes de la novela, la que realmente habla es Pilar para reivindicar a la mujer por todo lo que tiene que pasar en esta sociedad. Y pone como ejemplo lo ocurrido con un caso real: la desaparición y posterior muerte de Esther López -el famoso Caso Traspinedo que en estos días ha sido noticia otra vez después de que la juez del caso haya decidido mandar a juicioal principal acusado y responsable de lo ocurrido, Óscar S.M.-, que ha insipirado también a Pilar Mesonero a la hora de construir su trama para la novela.. «He tratado de trasladar al papel como una desgracia tan grande es capaz de unir a la una comunidad entera, como ha ocurrido en Traspinedo, pero en este caso enfocado a la familia, sus sentimientos y cómo afrontan la desaparición», señala.. La autora asegura que en el thriller tiene que haber chicha y no solo misterio, que el lector pueda ponerse en la piel de los demás, y en este sentido reconoce que las desapariciones son un elemento narrativo muy potente. Al respecto, advierte de que la ficción ha usado en muchas ocasiones la imagen de la mujer y de su supuesta debilidad, por lo que llama a preguntarse el porqué la sociedad se ha acostumbrado tanto a esta ausencia y anima a reflexionar sobre ello.. Influencia periodística. Pilar es periodista de carrera aunque luego la vida le ha llevado por otros derroteros, como a un bufete de abogados de Valladolid. Si bien escribir es lo que más le gusta y apasiona y cuenta que lleva haciéndolo desde su adolescencia.. Y aunque apenas ha ejercido como periodista dice que el periodismo le ha dado las herramientas para saber escuchar, ver y observar, que es lo que necesita un escritor también para poder crear personajes que tengan cierta credibilidad o para crear atmósferas idílicas acordes a la trama que quiere escribir. «También me ha enseñado a no dar nada por sentado y me interesa que los lectores se cuestionen las cosas como hace un buen periodista», apunta.. Otra de las cosas que caracteriza también la escritura de Pilar son los giros que hace y la fuerte personalidad que da a sus personajes. «Algunos son muy díscolos, van a su bola y me han obligado a cambiar la trama sobre la marcha porque ellos van cambiando y evolucionando», afirma.. En este sentido, la escritora vallisoletana defiende que en el proceso de escritura lo mejor es dejarse llevar y que los personajes vayan fluyendo y reconoce que en sus dos novelas el resultado final no ha sido el que tenía en su cabeza cuando empezó. «Me gusta dejarme llevar y hay muchos personajes secundarios que al final caban teniendo un papel principal y protagonista en la trama», señala.. La editorial Cuatro Letras ha apostado fuerte por la literatura de Pilar, que está muy orgullosa de poder formar parte de esa familia que la ha acogido con los brazos abiertos. «Siempre quise trabajar en una editorial tradicional y he dado con una que apoya al escritor, que cuida mucho la edición y con la que comparto valores y su forma de ver el mundo; me ha tocado la lotería», afirma, contenta y satisfecha también por la gran acogida que está teniendo el libro y por el cariño que está recibiendo por donde lo está presentando, como hace unos días en el propio castillo de Peñafiel.. Consciente de que la competencia en este mundo literario es máxima, la autora de «Trestanto» asegura que su objetivo no es vivir de la escritura, aunque admite que «ojalá» fuera así, «porque es bonito soñar».. Mientras tanto, e inquieta como es, ya está trabajando en la que será su tercera novela, que tiene muy avanzada y a falta de tan solo de unos capítulos, según cuenta. De hecho, avanza que si todo va bien se publicará el año que viene y versará sobre un drama «muy significativo» para España que está tratando con mucho respeto y cariño debido a la sensibilidad que hay detrás, y que está convencida de que va a gustar. Y ahí lo deja.. Pero lo que sí que deja claro Pilar es que no quiere quedarse como una autora de género y su idea es la de probar todos los posibles. Cuenta que la narrativa gótica, nacida en la Inglaterra del siglo XVIII y que combina ficción, horror, muerte y a veces el romance, le atrae mucho, por lo que a buen seguro escribirá algo relacionado con él e incluso espera escribir algo en clave de humor.. «Cuando voy andando por la calle siempre estoy maquinando algo y no dejo de pensar en qué haré con ese capítulo o con este u otro personaje; no lo puedo evitar, y siempre me surgen nuevas ideas de novelas», señala, convencida de que la imaginación ha de estar en constante evolución y que nunca hay que dejar de observar lo que ocurre a nuestro alrededor.. «Las vivencias personales de cada uno sugieren ideas pero también las ajenas, y hay una serie de pautas universales que me gusta seguir, como las verdades que no se dicen o las realidades que las personas no se atreven a indagar. Todo esto me acaba inspirando», finaliza.
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