Dicen que en Castilla y León se habla el mejor español, donde coexisten desde tiempos inmemoriales numerosas frases y expresiones coloquiales que han pasado de generación en generación y que reflejan la sabiduría y el carácter de la región.. La mayoría de ellas llaman la atención por su ingenio pero también por lo bien que definen las situaciones que se dan en el día a día y con una procedencia singular muchos de ellos. Como por ejemplo, «coger la ocasión por los pelos», en alusión a la hora de conseguir algo en el último momento y de forma ocasional. Al respecto, cabe señalar que «Ocasión» era una diosa romana personificada con figura de mujer hermosa y alada, como símbolo de la fugacidad con que pasan, ante el hombre, las ocasiones favorables.. También tiene su aquél la frase «dar en el clavo», que significa acertar o averiguar algo que en un principio era muy complicado. Una expresión procede de un antiguo juego infantill, el «hito», que consistía en fijar un vástago de hierro a determinada distancia de los participantes, desde ese lugar arrojaban unos aros de hierro. De esta forma, dar en el «hito» equivalía a acertar.. Igualmente tiene su gracia la expresión «entrar con el pie derecho» para referirse a empezar bien en algo con alguna acción así como. Una frase que tiene su origen en la rúbrica de los misales, donde se prescribía que el celebrante, una vez recitado el Introito, y al disponerse a subir las gradas del altar, debía iniciar el paso con el pie derecho.. Otra expresión típica castellana es cuando se hace referencia a «ser el chivo expiatorio», en alusión a alguien a quien se quiere culpar de una falta colectiva. Se dice que entre los judíos era práctica ritual que, el día de la Expiación, el Gran Sacerdote pusiese las manos sobre la cabeza de un macho cabrío, el Azazel, al que culpaban de todos los pecados del pueblo israelita, para después apedrearle.. Pero hay otra frase de uso muy común en estas tierras castellanas y leonesas, además de muy utilizada en la literatura, que además de singular tiene un origen o mejor dicho, varios orígenes, no menos curiosos, y que ocupa estas líneas de LA RAZÓN de hoy. Se trata de “tomar las de Villadiego”, que es la forma coloquial de definir a aquella persona que huye apresuradamente de algún lugar o situación, porque siente miedo a que le ocurra algo y no se atreve a enfrentarse a esta circunstancia porque le resulta incómoda y decide huir de ella, tras la cual se adivina la intención de esa persona de no volver de ninguna manera.. O lo que es lo mismo, cuando alguien toma las de Villadiego es que se larga de improviso, con prisas y sin avisar ni dar explicación alguna.. Una frase de cuya procedencia hay varias teorías, como la que se aplica a unas alforjas de viaje que se confeccionaban en Villadiego. municipio burgalés situado a casi 40 kilómetros de Burgos capital, que fueron famosas y muy conocidas en Castilla. Tal es así que se dice que «Tomar las de Villadiego» es coger las alforjas para ir de viaje.. Otra teoría hace hincapié en algunos pasajes literarios de nuestros clásicos, como en El Quijote de Miguel de Cervantes, donde el universal escritor y soldado usa esta expresión al describir el momento en el que el barbero fue derribado de su asno por el ingenioso hidalgo: «puso los pies en polvorosa (otra expresión típica) y cogió las de Villadiego». También en otra de sus grandes obras, como La Gran Sultana, Cervantes emplea otra variante: «pondré pies en polvorosa y tomaré las calzas de Villadiego».. Asimismo, Ruiz de Alarcón en su comedia «Los pechos privilegiados» escribe: «Culpa a un bravo bigotudo rostriamargo y hombrituerto, que en sacando las de Juanes, toma las de Villadiego».. Y en La Celestina, la Tragicomedia de Calisto y Melibea escrita en el año 1499 y atribuida a Fernando de Rojas y debió de ser muy popular, ya que la encontramos frecuentemente en nuestros clásicos. En este libro en concreto se utiliza la frase “Tomar las calzas de Villadiego”.. «Culpa a un bravo bigotudo. rostriamargo y hombrituerto,. que en sacando las de Juanes,. toma las de Villadiego». Unas calzas amarillas hasta las rodillas. Una tercera teoría, la de más pesao además, es una que alude a las calzas, una especie de pantalones hasta la rodilla que se fabricaban en un pueblo de Burgos, llamado justamente Villadiego.. Y es que según cuentan diversos historiadores, el rey Fernando III el Santo (1199-1252) protegió a los judíos de Villadiego a través de un decreto en el que prohibió que se les persiguiera y apresara advirtiendo de penas a quienes les hicieran daño o sometieran a vejaciones y maltratos.. Para garantizar su protección, el monarca hizo que los judíos llevaran unas calzas de color amarillo, maldito para ellos, para que de esta forma se les pudiera reconocer a la primera.. Se cuenta que los judíos entraban por la puerta de atrás de la iglesia de San Lorenzo de Villadiego y salían por la principal con las calzas cambiadas. De ahí que tomar las de Villadiego era ponerse otras calzas o, dicho de otro modo, cambiar a un estatus más seguro.. Así, cuando se iniciaron las persecuciones contra todos los judíos de Toledo y de Burgos, estos dejaban sus calzas o leotardos para “tomar las de Villadiego” e irse a este municipio burgalés al amparo del monarca castellano.
Se trata, además, de una frase muy utilizada en la literatura clásica, desde Cervantes en «El Quijote» hasta en «La Celestina» de Fernando de Rojas
Dicen que en Castilla y León se habla el mejor español, donde coexisten desde tiempos inmemoriales numerosas frases y expresiones coloquiales que han pasado de generación en generación y que reflejan la sabiduría y el carácter de la región.. La mayoría de ellas llaman la atención por su ingenio pero también por lo bien que definen las situaciones que se dan en el día a día y con una procedencia singular muchos de ellos. Como por ejemplo, «coger la ocasión por los pelos», en alusión a la hora de conseguir algo en el último momento y de forma ocasional. Al respecto, cabe señalar que «Ocasión» era una diosa romana personificada con figura de mujer hermosa y alada, como símbolo de la fugacidad con que pasan, ante el hombre, las ocasiones favorables.. También tiene su aquél la frase «dar en el clavo», que significa acertar o averiguar algo que en un principio era muy complicado. Una expresión procede de un antiguo juego infantill, el «hito», que consistía en fijar un vástago de hierro a determinada distancia de los participantes, desde ese lugar arrojaban unos aros de hierro. De esta forma, dar en el «hito» equivalía a acertar.. Igualmente tiene su gracia la expresión «entrar con el pie derecho» para referirse a empezar bien en algo con alguna acción así como. Una frase que tiene su origen en la rúbrica de los misales, donde se prescribía que el celebrante, una vez recitado el Introito, y al disponerse a subir las gradas del altar, debía iniciar el paso con el pie derecho.. Otra expresión típica castellana es cuando se hace referencia a «ser el chivo expiatorio», en alusión a alguien a quien se quiere culpar de una falta colectiva. Se dice que entre los judíos era práctica ritual que, el día de la Expiación, el Gran Sacerdote pusiese las manos sobre la cabeza de un macho cabrío, el Azazel, al que culpaban de todos los pecados del pueblo israelita, para después apedrearle.. Pero hay otra frase de uso muy común en estas tierras castellanas y leonesas, además de muy utilizada en la literatura, que además de singular tiene un origen o mejor dicho, varios orígenes, no menos curiosos, y que ocupa estas líneas de LA RAZÓN de hoy. Se trata de “tomar las de Villadiego”, que es la forma coloquial de definir a aquella persona que huye apresuradamente de algún lugar o situación, porque siente miedo a que le ocurra algo y no se atreve a enfrentarse a esta circunstancia porque le resulta incómoda y decide huir de ella, tras la cual se adivina la intención de esa persona de no volver de ninguna manera.. O lo que es lo mismo, cuando alguien toma las de Villadiego es que se larga de improviso, con prisas y sin avisar ni dar explicación alguna.. Una frase de cuya procedencia hay varias teorías, como la que se aplica a unas alforjas de viaje que se confeccionaban en Villadiego. municipio burgalés situado a casi 40 kilómetros de Burgos capital, que fueron famosas y muy conocidas en Castilla. Tal es así que se dice que «Tomar las de Villadiego» es coger las alforjas para ir de viaje.. Otra teoría hace hincapié en algunos pasajes literarios de nuestros clásicos, como en El Quijote de Miguel de Cervantes, donde el universal escritor y soldado usa esta expresión al describir el momento en el que el barbero fue derribado de su asno por el ingenioso hidalgo: «puso los pies en polvorosa (otra expresión típica) y cogió las de Villadiego». También en otra de sus grandes obras, como La Gran Sultana, Cervantes emplea otra variante: «pondré pies en polvorosa y tomaré las calzas de Villadiego».. Asimismo, Ruiz de Alarcón en su comedia «Los pechos privilegiados» escribe: «Culpa a un bravo bigotudo rostriamargo y hombrituerto, que en sacando las de Juanes, toma las de Villadiego».. Y en La Celestina, la Tragicomedia de Calisto y Melibea escrita en el año 1499 y atribuida a Fernando de Rojas y debió de ser muy popular, ya que la encontramos frecuentemente en nuestros clásicos. En este libro en concreto se utiliza la frase “Tomar las calzas de Villadiego”.. «Culpa a un bravo bigotudo. rostriamargo y hombrituerto,. que en sacando las de Juanes,. toma las de Villadiego». Una tercera teoría, la de más pesao además, es una que alude a las calzas, una especie de pantalones hasta la rodilla que se fabricaban en un pueblo de Burgos, llamado justamente Villadiego.. Y es que según cuentan diversos historiadores, el rey Fernando III el Santo (1199-1252) protegió a los judíos de Villadiego a través de un decreto en el que prohibió que se les persiguiera y apresara advirtiendo de penas a quienes les hicieran daño o sometieran a vejaciones y maltratos.. Para garantizar su protección, el monarca hizo que los judíos llevaran unas calzas de color amarillo, maldito para ellos, para que de esta forma se les pudiera reconocer a la primera.. Se cuenta que los judíos entraban por la puerta de atrás de la iglesia de San Lorenzo de Villadiego y salían por la principal con las calzas cambiadas. De ahí que tomar las de Villadiego era ponerse otras calzas o, dicho de otro modo, cambiar a un estatus más seguro.. Así, cuando se iniciaron las persecuciones contra todos los judíos de Toledo y de Burgos, estos dejaban sus calzas o leotardos para “tomar las de Villadiego” e irse a este municipio burgalés al amparo del monarca castellano.
Noticias de Castilla y León: última hora local en La Razón
