Adrover dice: hace cuatro años que dejé el alcohol, hace ya seis, siete, las drogas, y algo muy parecido de tiempo que dejé el sexo. Pero sigue fumando como un carretero, como si no hubiera un mañana, porque, al cabo, todas sus mañanas y las tardes y las noches son desde hace un tiempo iguales, siempre pegado al pitillo, siempre delirantemente creativas, flores frescas de la vecina y maniquíes destrozados de tanto postureo vestidos de grandes lienzos, allí metido en una cueva subterránea como una tumba recién escarbada, desde un lugar, Mallorca, al que cree que nunca perteneció, más a Oriente Próximo, y, sobre todo, a Egipto.. Miguel Adrover se almorzaría en dos o tres bocados Nueva York, donde llegó a ser el diseñador más radical, más hipnótico y admirado por especímenes como Anne Wintour, la de Vogue y las gafas de sol, por ejemplo. En 1999 ya comenzó la jarana, un modista que recogía objetos y lo que se encontrase en las basuras, un tipo que armó tal movida que pronto lo intentó absorber un gran grupo textil, o de lo que fuera, quizá de patatas.. Menudo documental sobre Miguel Adrover; mediante archivos inéditos y varios, pocos, testimonios, reconstruimos la historia desde su fulgurante ascenso en la escena neoyorquina hasta su desaparición gradual del foco mediático tras un polémico show titulado Utopía. Hay, no obstante, amargura y nostalgia en el fondo por lo que pudo haber sido y no fue, o no del todo, hay desfiles magníficos, poblados por modelos que no quería entonces nadie, atestados de ropas de corte perfecto y marcas yanquis, Coca Cola, la Pepsi, con manchas; no, sucias no, como realmente vividas y sudadas, como el colchón de un novelista que Adrover salvó de la calle para confeccionar un traje maravilloso.. Y hay, siempre habrá, palabra de Adrover, más creación, más fotos estrafalarias, más soledad, hasta la muerte. No entiendo gran cosa de moda, pero quizá en las costuras de Adrover bebió, por ejemplo, Delfín. Es curioso, Bimba Bosé estaba allí justamente, con Adrover, hasta el show Utopia y, luego, el 11-S vomitó de EE UU a quienes olían a algo distinto. Mientras, nuestro protagonista permanece sereno en los atardeceres de ventanas estrechas, con tacones de aguja antiguos, con un perro tan sumamente cariñoso y como una muñeca recién vestidita de azul. A veces, muchas veces, solamente seremos ricos llenos de harapos, lejos de las imposiciones del mercado y aunque no sea mirando al mar.. Lo mejor: El descubrir, para quienes no lo conocían, a un personaje tan enigmático y creativo. Lo peor: Nos da la impresión de que sobre Adrover queda aún mucho por decir, si él quiere
Director: Gonzalo Huergueta. Intervienen: Miguel Adrover, Jennifer Hoffmann y Robin Givhan. Música: Ignacio Simón. Fotografía: Daniel Vignal. Produce: Little Spain. España, 2025. Duración: 86 minutos. Documental
Adrover dice: hace cuatro años que dejé el alcohol, hace ya seis, siete, las drogas, y algo muy parecido de tiempo que dejé el sexo. Pero sigue fumando como un carretero, como si no hubiera un mañana, porque, al cabo, todas sus mañanas y las tardes y las noches son desde hace un tiempo iguales, siempre pegado al pitillo, siempre delirantemente creativas, flores frescas de la vecina y maniquíes destrozados de tanto postureo vestidos de grandes lienzos, allí metido en una cueva subterránea como una tumba recién escarbada, desde un lugar, Mallorca, al que cree que nunca perteneció, más a Oriente Próximo, y, sobre todo, a Egipto.. Miguel Adroverse almorzaría en dos o tres bocados Nueva York, donde llegó a ser el diseñador más radical, más hipnótico y admirado por especímenes como Anne Wintour, la de Vogue y las gafas de sol, por ejemplo. En 1999 ya comenzó la jarana, un modista que recogía objetos y lo que se encontrase en las basuras, un tipo que armó tal movida que pronto lo intentó absorber un gran grupo textil, o de lo que fuera, quizá de patatas.. Menudo documental sobre Miguel Adrover; mediante archivos inéditos y varios, pocos, testimonios, reconstruimos la historia desde su fulgurante ascenso en la escena neoyorquina hasta su desaparición gradual del foco mediático tras un polémico show titulado Utopía. Hay, no obstante, amargura y nostalgia en el fondo por lo que pudo haber sido y no fue, o no del todo, hay desfiles magníficos, poblados por modelos que no quería entonces nadie, atestados de ropas de corte perfecto y marcas yanquis, Coca Cola, la Pepsi, con manchas; no, sucias no, como realmente vividas y sudadas, como el colchón de un novelista que Adrover salvó de la calle para confeccionar un traje maravilloso.. Y hay, siempre habrá, palabra de Adrover, más creación, más fotos estrafalarias, más soledad, hasta la muerte. No entiendo gran cosa de moda, pero quizá en las costuras de Adrover bebió, por ejemplo, Delfín. Es curioso, Bimba Bosé estaba allí justamente, con Adrover, hasta el show Utopia y, luego, el 11-S vomitó de EE UU a quienes olían a algo distinto. Mientras, nuestro protagonista permanece sereno en los atardeceres de ventanas estrechas, con tacones de aguja antiguos, con un perro tan sumamente cariñoso y como una muñeca recién vestidita de azul. A veces, muchas veces, solamente seremos ricos llenos de harapos, lejos de las imposiciones del mercado y aunque no sea mirando al mar.. Lo mejor: El descubrir, para quienes no lo conocían, a un personaje tan enigmático y creativo. Lo peor: Nos da la impresión de que sobre Adrover queda aún mucho por decir, si él quiere
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