Ester Iranzo lleva más de 20 años conviviendo con un Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA) y, pese a que este ha trastocado por completo su vida y sigue haciéndolo, su mensaje para todas aquellas personas que sufren un trastorno de estas características está cargado de esperanza.. Eso es lo que ella ha querido transmitir a través de su libro Bajo la piel del monstruo, en el que ahora, con 41 años, relata todas las vivencias acumuladas desde el diagnóstico y sus reflexiones hasta llegar a conciliarse con su trastorno para poder a día de hoy a convivir con él de forma serena.. Todo empezó a raíz de un cuadro depresivo. Ella tenía entonces 17 años y esa sensación de vacío que le invadía, la apatía que sentía, le llevó a rechazar la comida como una manera de desaparecer.. «Yo no distorsionaba mi imagen corporal», contrariamente a lo que popularmente se asocia a los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), sino que «era una forma de dejarme», asegura Ester.. «Me miraba al espejo y me veía como un cadáver, pero era incapaz de comer, tenía un bloqueo con la comida», confiesa, algo que ella achaca a sus dificultades para gestionar la situación a nivel emocional.. Un monstruo destructivo. «Gestionaba las emociones con la comida» y, pese a que «inicialmente el TCA no fue el origen de mis problemas, sí es lo que realmente ha marcado mi vida», asegura Ester, quien ha estado cerca de la muerte por su bajo peso y desnutrición.. Tal y como ella relata, «el comer menos, hace que pierdas la cabeza, que te aletargues, te anula cognitivamente, porque tu cerebro necesita gasolina y acabas quedándote muerta en vida», hasta el punto que, consciente de ello e incapaz de ingerir alimento alguno, Ester pidió en varias ocasiones que la sondaran.. Pero pese a su voluntad de hacer frente a este trastorno y superar su tormentosa relación con la comida, Ester ha pasado más de la mitad de su vida entrando y saliendo de las unidades de agudos. En consecuencia, por el camino perdió amistades, parejas y oportunidades laborales, pero su familia permaneció siempre a su lado, algo que resulta clave en estos casos para favorecer la recuperación del paciente.. Y pese a que con 30 años parecía que Ester al fin había logrado recuperarse y retomar su vida, una nueva recaída trastocó de nuevo su vida. «Fue brutal», recuerda. «No sé cómo he podido llegar hasta aquí. He pensado en tirar la toalla muchas veces», confiesa.. Y es que el monstruo, como ella llama al TCA, le ha acompañado durante años, con treguas muy puntuales, pero, por lo general, muy presente en su día a día. «No te deja vivir, te dificulta la vida, intenta pisotearte todo el tiempo, va cargado de autoexigencia y autocastigo, da miedo», asegura.. En definitiva, su relación con el trastorno ha sido tormentosa durante décadas, hasta que ingresó en la Unidad Integral de Recuperación de TCA de la Fundació Hospitàlaries de Martorell y el Hospital de Bellvitge. Un punto de inflexión. «Se trata de un unidad pensada para pacientes que han agotado otros recursos y llevan una larga evolución y, como tal, ofrece una atención más integral y sus pacientes son personas de mi edad, lo cual es muy diferente a lo que yo había experimentado anteriormente», relata Ester. Allí pasó de sentirse «un caso perdido, de tener una actitud pasiva ante el trastorno» al pensar que ya nadie le podía ayudar a «tomar las riendas de la situación».. En febrero de 2025 fue dada de alta y, para entonces, su manera de afrontar y gestionar su trastorno ya había cambiado completamente. «Soy consciente de que me va a acompañar toda mi vida, pero si bien eso antes me amargaba, ahora lo tolero. Lo asumo, lo acepto y eso me ha liberado, me ha permitido rebajar mis expectativas de querer estar bien «, asegura. «Luchar contra el monstruo no sirve de nada, has de conciliarte con él, sin permitir que este te domine y, de esta manera, puedes convivir con él» y este mensaje de esperanza es sobre el que gira su libro Bajo la piel del monstruo, un proyecto que fue tomando forma durante su estancia en la Unidad Integral de Recuperación de TCA.. Un libro para la esperanza. «Es un libro realista, pero en positivo, que creo que puede ayudar a personas que están pasando por esto, porque cuando sale de alguien que ha vivido algo similar, tiene credibilidad», destaca Ester, quien confiesa que, cuando ella estaba devastada, le hubiera gustado encontrarse a alguien que le dijera que «de esta se puede salir».. Y no es que a día de hoy la vida de Ester sea un bálsamo de agua, pero ahora no se mortifica por su trastorno, sino que lo asume y, en cierta medida, ha aprendido a mantenerlo a raya. «Ahora, cuando veo que el monstruo vuelve a asomar, ya no permito que me atrape», razón por la cual, tras detectar los primeros síntomas de una posible recaída, ahora se encuentra ingresada de forma preventiva en Zaragoza. «Estoy solo entre semana y el fin de semana me puedo ir, por eso he querido quedarme cerca de mi casa, en Teruel, porque ahora estoy bastante insertada y con ilusión y no quiero perder eso», confiesa a casa. Pero el de Ester no es un caso aislado, ya que, como indica Nuria Jaurrieta, coordinadora del unidad, «si bien el 60% de los pacientes tratados se recupera, hay un 40% que no, entre los cuales en cerca del 20% o 30%, el trastorno se convierte de larga duración».. Y hasta en los casos con mejor pronóstico, la media de tiempo para alcanzar la recuperación en anorexia ronda los 6 años. Así pues, es un camino largo, con idas y venidas, en el que «es importante hacer a los pacientes partícipes del proceso y proporcionarles técnicas de regulación emocional, así como trabajar su autoestima», explica Jaurrieta, quien recuerda que en los TCA «la comida suele ser un recurso para la gestión de los emociones».. En el caso concreto de Ester, «no hay una distorsión importante de la imagen corporal ni miedo a aumentar de peso, sino que ella bloqueó la comida como una forma de autodestrucción, de dejarse morir, porque su TCA surge desde una sintomatología depresiva e inestabilidad emocional» relata la psicóloga, que al respecto aclara que «en los trastornos de la alimentación solo vemos la punta del iceberg, pero debajo hay más cosas».. Entre otras, unos rasgos de personalidad muy característicos. El perfil tipo es el de una persona «perfeccionista, muy autoexigente e hiperresponsable, que necesita tenerlo todo controlado y recurre a la comida para sentir ese control», indica por su parte Jaurrieta, unos rasgos con los que Ester se siente totalmente identificada.. En este contexto, la psicóloga fue una de las personas que la apoyó y animó a escribir el libro. «Es muy reflexivo, refleja muy bien lo que viven estas personas y podría ser de gran ayuda para otros pacientes», pero también para la propia Ester. «Al dedicarse a eso, tuvo la oportunidad de identificar algo en lo que apoyarse y recuperar algo que había perdido», concluye Jaurrieta.
Ester Iranzo, una mujer que sufre TCA desde hace más de 20 años, ha publicado el libro Bajo la piel del monstruo para lanzar un mensaje de esperanza a los pacientes de larga evolución y alta complejidad
Ester Iranzo lleva más de 20 años conviviendo con un Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA) y, pese a que este ha trastocado por completo su vida y sigue haciéndolo, su mensaje para todas aquellas personas que sufren un trastorno de estas características está cargado de esperanza.. Eso es lo que ella ha querido transmitir a través de su libro Bajo la piel del monstruo, en el que ahora, con 41 años, relata todas las vivencias acumuladas desde el diagnóstico y sus reflexiones hasta llegar a conciliarse con su trastorno para poder a día de hoy a convivir con él de forma serena.. Todo empezó a raíz de un cuadro depresivo. Ella tenía entonces 17 años y esa sensación de vacío que le invadía, la apatía que sentía, le llevó a rechazar la comida como una manera de desaparecer.. «Yo no distorsionaba mi imagen corporal», contrariamente a lo que popularmente se asocia a los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), sino que «era una forma de dejarme», asegura Ester.. «Me miraba al espejo y me veía como un cadáver, pero era incapaz de comer, tenía un bloqueo con la comida», confiesa, algo que ella achaca a sus dificultades para gestionar la situación a nivel emocional.. Un monstruo destructivo. «Gestionaba las emociones con la comida» y, pese a que «inicialmente el TCA no fue el origen de mis problemas, sí es lo que realmente ha marcado mi vida», asegura Ester, quien ha estado cerca de la muerte por su bajo peso y desnutrición.. Tal y como ella relata, «el comer menos, hace que pierdas la cabeza, que te aletargues, te anula cognitivamente, porque tu cerebro necesita gasolina y acabas quedándote muerta en vida», hasta el punto que, consciente de ello e incapaz de ingerir alimento alguno, Ester pidió en varias ocasiones que la sondaran.. Pero pese a su voluntad de hacer frente a este trastorno y superar su tormentosa relación con la comida, Ester ha pasado más de la mitad de su vida entrando y saliendo de las unidades de agudos. En consecuencia, por el camino perdió amistades, parejas y oportunidades laborales, pero su familia permaneció siempre a su lado, algo que resulta clave en estos casos para favorecer la recuperación del paciente.. Y pese a que con 30 años parecía que Ester al fin había logrado recuperarse y retomar su vida, una nueva recaída trastocó de nuevo su vida. «Fue brutal», recuerda. «No sé cómo he podido llegar hasta aquí. He pensado en tirar la toalla muchas veces», confiesa.. Y es que el monstruo, como ella llama al TCA, le ha acompañado durante años, con treguas muy puntuales, pero, por lo general, muy presente en su día a día. «No te deja vivir, te dificulta la vida, intenta pisotearte todo el tiempo, va cargado de autoexigencia y autocastigo, da miedo», asegura.. En definitiva, su relación con el trastorno ha sido tormentosa durante décadas, hasta que ingresó en la Unidad Integral de Recuperación de TCA de la Fundació Hospitàlaries de Martorell y el Hospital de Bellvitge. Un punto de inflexión. «Se trata de un unidad pensada para pacientes que han agotado otros recursos y llevan una larga evolución y, como tal, ofrece una atención más integral y sus pacientes son personas de mi edad, lo cual es muy diferente a lo que yo había experimentado anteriormente», relata Ester. Allí pasó de sentirse «un caso perdido, de tener una actitud pasiva ante el trastorno» al pensar que ya nadie le podía ayudar a «tomar las riendas de la situación».. En febrero de 2025 fue dada de alta y, para entonces, su manera de afrontar y gestionar su trastorno ya había cambiado completamente. «Soy consciente de que me va a acompañar toda mi vida, pero si bien eso antes me amargaba, ahora lo tolero. Lo asumo, lo acepto y eso me ha liberado, me ha permitido rebajar mis expectativas de querer estar bien «, asegura. «Luchar contra el monstruo no sirve de nada, has de conciliarte con él, sin permitir que este te domine y, de esta manera, puedes convivir con él» y este mensaje de esperanza es sobre el que gira su libro Bajo la piel del monstruo, un proyecto que fue tomando forma durante su estancia en la Unidad Integral de Recuperación de TCA.. Un libro para la esperanza. «Es un libro realista, pero en positivo, que creo que puede ayudar a personas que están pasando por esto, porque cuando sale de alguien que ha vivido algo similar, tiene credibilidad», destaca Ester, quien confiesa que, cuando ella estaba devastada, le hubiera gustado encontrarse a alguien que le dijera que «de esta se puede salir».. Y no es que a día de hoy la vida de Ester sea un bálsamo de agua, pero ahora no se mortifica por su trastorno, sino que lo asume y, en cierta medida, ha aprendido a mantenerlo a raya. «Ahora, cuando veo que el monstruo vuelve a asomar, ya no permito que me atrape», razón por la cual, tras detectar los primeros síntomas de una posible recaída, ahora se encuentra ingresada de forma preventiva en Zaragoza. «Estoy solo entre semana y el fin de semana me puedo ir, por eso he querido quedarme cerca de mi casa, en Teruel, porque ahora estoy bastante insertada y con ilusión y no quiero perder eso», confiesa a casa. Pero el de Ester no es un caso aislado, ya que, como indica Nuria Jaurrieta, coordinadora del unidad, «si bien el 60% de los pacientes tratados se recupera, hay un 40% que no, entre los cuales en cerca del 20% o 30%, el trastorno se convierte de larga duración».. Y hasta en los casos con mejor pronóstico, la media de tiempo para alcanzar la recuperación en anorexia ronda los 6 años. Así pues, es un camino largo, con idas y venidas, en el que «es importante hacer a los pacientes partícipes del proceso y proporcionarles técnicas de regulación emocional, así como trabajar su autoestima», explica Jaurrieta, quien recuerda que en los TCA «la comida suele ser un recurso para la gestión de los emociones».. En el caso concreto de Ester, «no hay una distorsión importante de la imagen corporal ni miedo a aumentar de peso, sino que ella bloqueó la comida como una forma de autodestrucción, de dejarse morir, porque su TCA surge desde una sintomatología depresiva e inestabilidad emocional» relata la psicóloga, que al respecto aclara que «en los trastornos de la alimentación solo vemos la punta del iceberg, pero debajo hay más cosas».. Entre otras, unos rasgos de personalidad muy característicos. El perfil tipo es el de una persona «perfeccionista, muy autoexigente e hiperresponsable, que necesita tenerlo todo controlado y recurre a la comida para sentir ese control», indica por su parte Jaurrieta, unos rasgos con los que Ester se siente totalmente identificada.. En este contexto, la psicóloga fue una de las personas que la apoyó y animó a escribir el libro. «Es muy reflexivo, refleja muy bien lo que viven estas personas y podría ser de gran ayuda para otros pacientes», pero también para la propia Ester. «Al dedicarse a eso, tuvo la oportunidad de identificar algo en lo que apoyarse y recuperar algo que había perdido», concluye Jaurrieta.
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