Imagina que te quitas el reloj inteligente de la muñeca, lo colocas sobre un plátano, una manzana o un limón, que es lo que he hecho hace unos minutos. Obviamente, la fruta ya no está viva, no recibe savia, no tiene forma de evidenciar actividad biológica. Y, sin embargo… aparece una frecuencia cardíaca de 65 pulsaciones en un limón y 105 en una manzana, como se ve en la imagen. En tiempo real.. Parece una broma. Después de todo, muchas frutas tienen huesos, piel… pero ¿corazón? La realidad es que los relojes inteligentes no están «escuchando» el corazón, lo que hacen es una estimación basada en la luz.. Si miramos la parte inferior de un smartwatch vemos varios pequeños LED verdes que parpadean constantemente. Esos LED forman parte de una técnica llamada fotopletismografía, o PPG. La idea es sencilla: cada vez que el corazón late, una pequeña cantidad adicional de sangre llega a los vasos sanguíneos cercanos a la superficie de la piel. Como la sangre absorbe parte de la luz verde, el reloj detecta diminutas variaciones en la cantidad de luz reflejada.. Así, más sangre significa menos luz reflejada y viceversa. Al analizar esas oscilaciones miles de veces por segundo, el reloj calcula el ritmo cardíaco. El problema: el reloj no sabe qué está mirando. Puede ser una muñeca humana o una fruta, el smartwatch solo ve patrones de luz y si detecta cambios suficientemente parecidos a los producidos por un pulso, intentará interpretarlos como latidos.. Y resulta que algunos objetos tienen estructuras internas capaces de generar señales ópticas que confunden al sensor. Ese es el caso de muchas frutas: están llenas de fibras, canales de agua y tejidos vegetales con propiedades ópticas complejas.. Cuando los LED iluminan esa estructura, parte de la luz se dispersa, se absorbe y se refleja de formas que un reloj interpreta como las fluctuaciones que produciría el flujo sanguíneo humano. A esto hay que sumarle que los algoritmos modernos están diseñados para «rellenar huecos». Si la señal es débil o imperfecta, el software intenta reconstruirla utilizando modelos estadísticos. Es decir, no se limita a medir; también interpreta.. Lo curioso es que este fenómeno se parece mucho a lo que ocurre con otros sistemas, como la inteligencia artificial que a menudo se programa para detectar patrones o como los radares. Un radar meteorológico puede confundir una bandada de pájaros con una tormenta porque ambos producen ecos parecidos. El radar no ve lluvia; ve reflejos. Del mismo modo, el reloj no ve latidos; ve variaciones de luz. El “pulso de la fruta” aparece cuando esas variaciones se parecen lo suficiente a las de un ser humano.. ¿Significa que los relojes son poco fiables? En absoluto. Cuando están colocados sobre una muñeca humana, los relojes actuales suelen ser bastante precisos para medir la frecuencia cardíaca en reposo. Lo que demuestra este experimento no es que funcionen mal, sino que funcionan de una manera diferente a la que imaginamos. No son pequeños médicos observando directamente nuestro corazón, sino instrumentos ópticos que observan patrones de luz y realizan inferencias.. Y esto debería hacernos comprender una poco reconocida verdad sobre la tecnología moderna: la mayoría de las máquinas que usamos cada día no “comprenden” el mundo, reconocen patrones y hay una gran diferencia.
No se trata de un truco y, aunque parezca contradictorio, es una prueba de la fiabilidad de los sensores de un reloj inteligente.
Imagina que te quitas el reloj inteligente de la muñeca, lo colocas sobre un plátano, una manzana o un limón, que es lo que he hecho hace unos minutos. Obviamente, la fruta ya no está viva, no recibe savia, no tiene forma de evidenciar actividad biológica. Y, sin embargo… aparece una frecuencia cardíaca de 65 pulsaciones en un limón y 105 en una manzana, como se ve en la imagen. En tiempo real.. Parece una broma. Después de todo, muchas frutas tienen huesos, piel… pero ¿corazón? La realidad es que los relojes inteligentes no están «escuchando» el corazón, lo que hacen es una estimación basada en la luz.. Si miramos la parte inferior de un smartwatch vemos varios pequeños LED verdes que parpadean constantemente. Esos LED forman parte de una técnica llamada fotopletismografía, o PPG. La idea es sencilla: cada vez que el corazón late, una pequeña cantidad adicional de sangre llega a los vasos sanguíneos cercanos a la superficie de la piel. Como la sangre absorbe parte de la luz verde, el reloj detecta diminutas variaciones en la cantidad de luz reflejada.. Así, más sangre significa menos luz reflejada y viceversa. Al analizar esas oscilaciones miles de veces por segundo, el reloj calcula el ritmo cardíaco. El problema: el reloj no sabe qué está mirando. Puede ser una muñeca humana o una fruta, el smartwatch solo ve patrones de luz y si detecta cambios suficientemente parecidos a los producidos por un pulso, intentará interpretarlos como latidos.. Y resulta que algunos objetos tienen estructuras internas capaces de generar señales ópticas que confunden al sensor. Ese es el caso de muchas frutas: están llenas de fibras, canales de agua y tejidos vegetales con propiedades ópticas complejas.. Cuando los LED iluminan esa estructura, parte de la luz se dispersa, se absorbe y se refleja de formas que un reloj interpreta como las fluctuaciones que produciría el flujo sanguíneo humano. A esto hay que sumarle que los algoritmos modernos están diseñados para «rellenar huecos». Si la señal es débil o imperfecta, el software intenta reconstruirla utilizando modelos estadísticos. Es decir, no se limita a medir; también interpreta.. Lo curioso es que este fenómeno se parece mucho a lo que ocurre con otros sistemas, como la inteligencia artificial que a menudo se programa para detectar patrones o como los radares. Un radar meteorológico puede confundir una bandada de pájaros con una tormenta porque ambos producen ecos parecidos. El radar no ve lluvia; ve reflejos. Del mismo modo, el reloj no ve latidos; ve variaciones de luz. El “pulso de la fruta” aparece cuando esas variaciones se parecen lo suficiente a las de un ser humano.. ¿Significa que los relojes son poco fiables? En absoluto. Cuando están colocados sobre una muñeca humana, los relojes actuales suelen ser bastante precisos para medir la frecuencia cardíaca en reposo. Lo que demuestra este experimento no es que funcionen mal, sino que funcionan de una manera diferente a la que imaginamos. No son pequeños médicos observando directamente nuestro corazón, sino instrumentos ópticos que observan patrones de luz y realizan inferencias.. Y esto debería hacernos comprender una poco reconocida verdad sobre la tecnología moderna:la mayoría de las máquinas que usamos cada día no “comprenden” el mundo, reconocen patrones y hay una gran diferencia.
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