Luis Melgar (Madrid, 1980) pasa por España para presentar nuevo libro en una suerte de tregua entre dos destinos diplomáticos. De sus últimos siete años en Pekín como miembro de la delegación de la Unión Europea ha nacido «La noche cae sobre Shanghái» (Plaza & Janés), una novela adictiva que retrata una ciudad fascinante pero también un abismo histórico al que volvemos a asomarnos.. ¿Qué le llevó a escribir sobre Shanghái?. Shanghái es la ciudad que más me ha fascinado de China. Llevo siete años viviendo allí y fue el lugar donde pasamos nuestra primera Nochevieja, del 2019 al 2020, en una fiesta maravillosa inspirada en los años veinte. Allí pensé: «Tengo que escribir algo ambientado en esta época». Luego, por ajustes temporales, llevé la novela a los años treinta, pero la idea nació en Shanghái. Hemos ido más de veinte veces. Dentro de China continental es, junto a Hong Kong —que es otra cosa—, la ciudad más abierta. Evidentemente, ya no tiene nada que ver con lo que fue, pero quien tuvo, retuvo. Shanghái sigue siendo una joya.. ¿Qué tenía aquella ciudad para ser tan distinta?. Era un enclave internacional. Antes de las guerras del opio, Shanghái era poco más que una aldea de pescadores. Después, las potencias occidentales obligaron a China a abrir determinados puertos al comercio, y Shanghái fue uno de ellos. Además, impusieron zonas de extraterritorialidad: las concesiones. Estaban la concesión americana, la inglesa, la francesa… Luego algunas se fusionaron y quedaron básicamente la Internacional y la Francesa. Allí no regía la ley china, sino la de las potencias administradoras. No era una colonia, era una concesión, pero daba muchísimo juego. Podías cambiar de jurisdicción, de policía, de jueces y de leyes con solo cruzar una calle.. ¿Eso convirtió Shanghái en una ciudad sin ley?. En cierto modo, sí. Si eras un delincuente y cruzabas una calle, la policía podía tener que dejar de perseguirte porque ya estabas en otra jurisdicción. Eso convirtió Shanghái en un paraíso para gánsteres, buscadores de fortuna, comerciantes, diplomáticos, vividores, prostitutas, fumaderos de opio y europeos que huían de sus fantasmas. Había de todo. En aquel momento, quizá era la ciudad más cosmopolita del mundo.. ¿Cuánto duró ese mundo?. Desde finales del siglo XIX hasta la revolución comunista. Es verdad que con la invasión japonesa de 1937, que es como acaba la novela, empieza la fase final. Pero los japoneses todavía mantuvieron en parte las concesiones. Ese ambiente aparece también en El loto azul, de Tintín. Después, con la revolución comunista, todo eso se acaba. Shanghái quedó durante años castigada por haber sido tan internacional, hasta que con Deng Xiaoping se vuelve a apostar por la ciudad, se crea Pudong y recupera su vocación cosmopolita.. La novela rescata una presencia española muy desconocida.. Sí. España no tuvo una concesión propia, pero sí consiguió estatuto de extraterritorialidad. Eran pocas las potencias que lo tenían y España lo obtuvo porque todavía conservaba cierto papel en Asia, por Filipinas, que no hacía tanto tiempo que había perdido. Había una comunidad española muy vibrante: comerciantes, diplomáticos, periodistas, aventureros y pelotaris vascos. A los chinos siempre les ha gustado mucho apostar, y encontraron en la pelota vasca otro deporte sobre el que apostar.. Uno de esos pelotaris aparece en la novela.. Sí, Teodoro Jáuregui. Fue capitán de los pelotaris de Shanghái y fundador de la Falange Española allí. En la novela es uno de los malos, pero existió realmente. Esa es una de las claves del libro: los tres protagonistas son ficticios, pero casi todo lo que los rodea es histórico.. ¿Dónde arranca la historia?. En el consulado español, durante una fiesta para celebrar la noche de San Juan. Allí se produce un asesinato. A partir de ahí aparecen tres protagonistas: una periodista española, inspirada en parte en mi abuela; un pelotari que ha huido de España por su homosexualidad tras un escándalo en Guernica; y Miguel Roxas, descendiente ficticio de la familia vinculada al imperio San Miguel. La familia San Miguel existió de verdad. También Andrés Soriano, que aparece como uno de los malos, fue una figura real: jefe de esa familia, del imperio San Miguel y fundador de la Falange en Filipinas. El personaje de Miguel y el de su madre son inventados, pero el contexto es histórico.. La novela conecta también con la Guerra Civil española.. Sí. Quería mostrar que las mismas fuerzas se estaban fraguando en Asia, Europa y España. En Asia estaba el militarismo japonés; en Europa, el nazismo y el fascismo italiano; y en España, lo nuestro. Para unir esos mundos invento una conspiración ficticia construida sobre puntos reales: un oro del Ring que aparece en Shanghái y que podría financiar el golpe de Estado en España. No creo que hubiera una financiación real con un oro del Ring como la que yo invento, pero sí está basado en hechos verídicos. También utilizo el llamado memorándum de Stalin, que no fue real, pero que la historiografía franquista empleó para sostener que existía un plan soviético de revolución en España y justificar el golpe.. ¿Qué quería contar por encima de la intriga política?. Las tramas personales: las pasiones, los fantasmas, las historias de amor, los celos y la supervivencia al borde del abismo. Me interesaba ese momento porque le veo muchísimos paralelismos con el presente. En los años treinta, el orden nacido después de Versalles estaba llegando a su colapso y acabó explotando en la Segunda Guerra Mundial. Ahora vivimos otro momento de quiebra. Ojalá no nos lleve a un estallido semejante, pero estamos también ante otro abismo.. El título del libro tiene varias lecturas.. Sí. No significa solo que se haga de noche. Caían los japoneses, caía un orden mundial y caían sobre Shanghái los monstruos que iban a devorar el mundo: el nazismo, el totalitarismo, el militarismo, pero también el colonialismo. Las potencias occidentales que luego quedaron del lado de los vencedores también habían cometido barbaridades en China. Las guerras del opio consistieron en que los británicos obligaron a los chinos a aceptar que les vendieran opio para que lo consumiera la población. Y las concesiones eran un régimen profundamente racista, una especie de protoapartheid.. ¿Shanghái fue un laboratorio de su época?. Sí. En Shanghái, con dinero se conseguía todo. Allí estaban los actores más irresponsables, los que actuaban solo en función de su beneficio inmediato. Eso recuerda mucho a nuestro tiempo, donde muchos actores internacionales miran únicamente su interés de hoy, ni siquiera lo que va a pasar la semana que viene. Creo que los experimentos de aquel Shanghái de hace cien años nos sirven para entender el presente y para ver lo que todavía podemos evitar.. Después de siete años en China, ¿se va con menos prejuicios?. Intento huir de los prejuicios. China es un país sobre el que podrías pasar toda una vida estudiando y nunca llegarías al fondo. Es complejísimo. En Europa y en España tenemos muchas veces un enorme desconocimiento de su realidad. Y siendo China un actor internacional de ese calibre, tenemos que saber más. Me siento privilegiado por haber podido entender un poco mejor cómo se ve el mundo desde la perspectiva china. China está ahí, es el otro gran actor y no se va a ir a ninguna parte. Tenemos que vivir con ellos y entendernos.. ¿Quién está ganando hoy la guerra cultural: China o Estados Unidos?. Creo que vamos hacia un G2. Estamos viendo un reparto de zonas de influencia. China tiene su área, Estados Unidos tiene su hemisferio —América para los americanos— y Rusia ocupa un espacio intermedio que se le permite mantener porque interesa. Esto no está escrito negro sobre blanco ni formalizado en ningún tratado, pero cada vez se ve más claro. La llamada de atención a China sobre Irán va en esa línea: «Irán está en tu zona de influencia, involúcrate».. ¿Y Europa?. Nuestra fortaleza está en la Unión Europea. Cada vez que un Estado miembro pretende ir por separado e intenta sacar beneficios al margen de los demás socios, se equivoca. Con China eso es especialmente evidente. China mide sus objetivos en términos de siglos. No cambia de opinión como Trump según se levanta por la mañana. A China le encanta que los países europeos vayan por separado, porque es mucho más fácil tratarlos uno a uno. Pero nuestra fuerza está en ir juntos.. ¿Europa ha despertado tarde?. Quiero ser optimista, pero nos han pillado con el pie cambiado, sobre todo con Estados Unidos. Confiábamos ciegamente en la relación transatlántica. Pero Trump no es un fenómeno aislado. No es alguien que, cuando acabe su administración, se irá a su casa y todo desaparecerá como si nunca hubiera ocurrido. Hay una parte muy amplia de la población estadounidense que le respalda y un sector del Partido Republicano con ideas muy semejantes, incluso más peligrosas para Europa que las de Trump. No podemos tratarlo como una pesadilla de la que despertaremos, porque esto no es un sueño y no vamos a despertar. Eso también me recuerda mucho a la época de mi novela.
A medio camino entre Pekín y su nuevo destino en Bangkok, el diplomático Luis Melgar presenta «La noche cae sobre Shanghái», un thriller sobre identidad, deseo y culpa
Luis Melgar (Madrid, 1980) pasa por España para presentar nuevo libro en una suerte de tregua entre dos destinos diplomáticos. De sus últimos siete años en Pekín como miembro de la delegación de la Unión Europea ha nacido «La noche cae sobre Shanghái» (Plaza & Janés), una novela adictiva que retrata una ciudad fascinante pero también un abismo histórico al que volvemos a asomarnos.. ¿Qué le llevó a escribir sobre Shanghái?. Shanghái es la ciudad que más me ha fascinado de China. Llevo siete años viviendo allí y fue el lugar donde pasamos nuestra primera Nochevieja, del 2019 al 2020, en una fiesta maravillosa inspirada en los años veinte. Allí pensé: «Tengo que escribir algo ambientado en esta época». Luego, por ajustes temporales, llevé la novela a los años treinta, pero la idea nació en Shanghái. Hemos ido más de veinte veces. Dentro de China continental es, junto a Hong Kong —que es otra cosa—, la ciudad más abierta. Evidentemente, ya no tiene nada que ver con lo que fue, pero quien tuvo, retuvo. Shanghái sigue siendo una joya.. ¿Qué tenía aquella ciudad para ser tan distinta?. Era un enclave internacional. Antes de las guerras del opio, Shanghái era poco más que una aldea de pescadores. Después, las potencias occidentales obligaron a China a abrir determinados puertos al comercio, y Shanghái fue uno de ellos. Además, impusieron zonas de extraterritorialidad: las concesiones. Estaban la concesión americana, la inglesa, la francesa… Luego algunas se fusionaron y quedaron básicamente la Internacional y la Francesa. Allí no regía la ley china, sino la de las potencias administradoras. No era una colonia, era una concesión, pero daba muchísimo juego. Podías cambiar de jurisdicción, de policía, de jueces y de leyes con solo cruzar una calle.. ¿Eso convirtió Shanghái en una ciudad sin ley?. En cierto modo, sí. Si eras un delincuente y cruzabas una calle, la policía podía tener que dejar de perseguirte porque ya estabas en otra jurisdicción. Eso convirtió Shanghái en un paraíso para gánsteres, buscadores de fortuna, comerciantes, diplomáticos, vividores, prostitutas, fumaderos de opio y europeos que huían de sus fantasmas. Había de todo. En aquel momento, quizá era la ciudad más cosmopolita del mundo.. ¿Cuánto duró ese mundo?. Desde finales del siglo XIX hasta la revolución comunista. Es verdad que con la invasión japonesa de 1937, que es como acaba la novela, empieza la fase final. Pero los japoneses todavía mantuvieron en parte las concesiones. Ese ambiente aparece también en El loto azul, de Tintín. Después, con la revolución comunista, todo eso se acaba. Shanghái quedó durante años castigada por haber sido tan internacional, hasta que con Deng Xiaoping se vuelve a apostar por la ciudad, se crea Pudong y recupera su vocación cosmopolita.. La novela rescata una presencia española muy desconocida.. Sí. España no tuvo una concesión propia, pero sí consiguió estatuto de extraterritorialidad. Eran pocas las potencias que lo tenían y España lo obtuvo porque todavía conservaba cierto papel en Asia, por Filipinas, que no hacía tanto tiempo que había perdido. Había una comunidad española muy vibrante: comerciantes, diplomáticos, periodistas, aventureros y pelotaris vascos. A los chinos siempre les ha gustado mucho apostar, y encontraron en la pelota vasca otro deporte sobre el que apostar.. Uno de esos pelotaris aparece en la novela.. Sí, Teodoro Jáuregui. Fue capitán de los pelotaris de Shanghái y fundador de la Falange Española allí. En la novela es uno de los malos, pero existió realmente. Esa es una de las claves del libro: los tres protagonistas son ficticios, pero casi todo lo que los rodea es histórico.. ¿Dónde arranca la historia?. En el consulado español, durante una fiesta para celebrar la noche de San Juan. Allí se produce un asesinato. A partir de ahí aparecen tres protagonistas: una periodista española, inspirada en parte en mi abuela; un pelotari que ha huido de España por su homosexualidad tras un escándalo en Guernica; y Miguel Roxas, descendiente ficticio de la familia vinculada al imperio San Miguel. La familia San Miguel existió de verdad. También Andrés Soriano, que aparece como uno de los malos, fue una figura real: jefe de esa familia, del imperio San Miguel y fundador de la Falange en Filipinas. El personaje de Miguel y el de su madre son inventados, pero el contexto es histórico.. La novela conecta también con la Guerra Civil española.. Sí. Quería mostrar que las mismas fuerzas se estaban fraguando en Asia, Europa y España. En Asia estaba el militarismo japonés; en Europa, el nazismo y el fascismo italiano; y en España, lo nuestro. Para unir esos mundos invento una conspiración ficticia construida sobre puntos reales: un oro del Ring que aparece en Shanghái y que podría financiar el golpe de Estado en España. No creo que hubiera una financiación real con un oro del Ring como la que yo invento, pero sí está basado en hechos verídicos. También utilizo el llamado memorándum de Stalin, que no fue real, pero que la historiografía franquista empleó para sostener que existía un plan soviético de revolución en España y justificar el golpe.. ¿Qué quería contar por encima de la intriga política?. Las tramas personales: las pasiones, los fantasmas, las historias de amor, los celos y la supervivencia al borde del abismo. Me interesaba ese momento porque le veo muchísimos paralelismos con el presente. En los años treinta, el orden nacido después de Versalles estaba llegando a su colapso y acabó explotando en la Segunda Guerra Mundial. Ahora vivimos otro momento de quiebra. Ojalá no nos lleve a un estallido semejante, pero estamos también ante otro abismo.. El título del libro tiene varias lecturas.. Sí. No significa solo que se haga de noche. Caían los japoneses, caía un orden mundial y caían sobre Shanghái los monstruos que iban a devorar el mundo: el nazismo, el totalitarismo, el militarismo, pero también el colonialismo. Las potencias occidentales que luego quedaron del lado de los vencedores también habían cometido barbaridades en China. Las guerras del opio consistieron en que los británicos obligaron a los chinos a aceptar que les vendieran opio para que lo consumiera la población. Y las concesiones eran un régimen profundamente racista, una especie de protoapartheid.. ¿Shanghái fue un laboratorio de su época?. Sí. En Shanghái, con dinero se conseguía todo. Allí estaban los actores más irresponsables, los que actuaban solo en función de su beneficio inmediato. Eso recuerda mucho a nuestro tiempo, donde muchos actores internacionales miran únicamente su interés de hoy, ni siquiera lo que va a pasar la semana que viene. Creo que los experimentos de aquel Shanghái de hace cien años nos sirven para entender el presente y para ver lo que todavía podemos evitar.. Después de siete años en China, ¿se va con menos prejuicios?. Intento huir de los prejuicios. China es un país sobre el que podrías pasar toda una vida estudiando y nunca llegarías al fondo. Es complejísimo. En Europa y en España tenemos muchas veces un enorme desconocimiento de su realidad. Y siendo China un actor internacional de ese calibre, tenemos que saber más. Me siento privilegiado por haber podido entender un poco mejor cómo se ve el mundo desde la perspectiva china. China está ahí, es el otro gran actor y no se va a ir a ninguna parte. Tenemos que vivir con ellos y entendernos.. ¿Quién está ganando hoy la guerra cultural: China o Estados Unidos?. Creo que vamos hacia un G2. Estamos viendo un reparto de zonas de influencia. China tiene su área, Estados Unidos tiene su hemisferio —América para los americanos— y Rusia ocupa un espacio intermedio que se le permite mantener porque interesa. Esto no está escrito negro sobre blanco ni formalizado en ningún tratado, pero cada vez se ve más claro. La llamada de atención a China sobre Irán va en esa línea: «Irán está en tu zona de influencia, involúcrate».. ¿Y Europa?. Nuestra fortaleza está en la Unión Europea. Cada vez que un Estado miembro pretende ir por separado e intenta sacar beneficios al margen de los demás socios, se equivoca. Con China eso es especialmente evidente. China mide sus objetivos en términos de siglos. No cambia de opinión como Trump según se levanta por la mañana. A China le encanta que los países europeos vayan por separado, porque es mucho más fácil tratarlos uno a uno. Pero nuestra fuerza está en ir juntos.. ¿Europa ha despertado tarde?. Quiero ser optimista, pero nos han pillado con el pie cambiado, sobre todo con Estados Unidos. Confiábamos ciegamente en la relación transatlántica. Pero Trump no es un fenómeno aislado. No es alguien que, cuando acabe su administración, se irá a su casa y todo desaparecerá como si nunca hubiera ocurrido. Hay una parte muy amplia de la población estadounidense que le respalda y un sector del Partido Republicano con ideas muy semejantes, incluso más peligrosas para Europa que las de Trump. No podemos tratarlo como una pesadilla de la que despertaremos, porque esto no es un sueño y no vamos a despertar. Eso también me recuerda mucho a la época de mi novela.
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