“Gentilicio” procede del latín gentilicius, ‘perteneciente a una misma nación o linaje’. “Topónimo” nace del griego tópos, ‘lugar’. Entre ambos conceptos se teje buena parte de la historia de Andalucía, una tierra donde cada nombre arrastra siglos de conquistas, colonizaciones y mestizajes culturales. Los nombres no son casualidad: son memoria e historia.. Los ciudadanos de Cádiz son gaditanos porque antes fue Gadir. Sevilla remite a la antigua Híspalis, de ahí hispalenses. Córdoba hunde sus raíces en Corduba; Málaga en Malaka. Jaén procede del árabe Yaiyan, derivado a su vez de Gaiena y del latín Gaius, vinculado a gaudium, alegría. Almería viene de al-Mariyya, “torre de vigía”. Y sus habitantes pueden ser almerienses, pero también urcitanos, en referencia a la antigua Urci romana.. Huelva recuerda a Onuba, enclave fenicio y tartesio documentado desde al menos el siglo X antes de Cristo. Granada oscila entre el latín granatum, en alusión a la fruta, o el árabe gar-anat, “ciudad de peregrinos”. Andalucía no solo es historia: es una superposición de civilizaciones.. Los sexitanos de Almuñécar. Entre todos los gentilicios, pocos llaman tanto la atención como el de Almuñécar. Sus vecinos son sexitanos. El nombre procede de la antigua colonia fenicia Sexi -también documentada como Seksi o SKS-, uno de los primeros enclaves de contacto entre fenicios e indígenas peninsulares. El alfabeto fenicio carecía de vocales, de ahí la evolución hasta el “Sex” latino.. Hoy, el término convive con “almuñequeros”, aunque este último es menos habitual. La huella histórica permanece incluso en espacios públicos como el Parque Loro Sexi. La toponimia, en este caso, es arqueología viva.. De abderitanos a egabrenses. Adra fue Abdera en época fenicia; por eso sus vecinos son abderitanos. En Andújar son iliturgitano o isturgitanos, por la antigua Isturgi -durante años se creyó erróneamente que Iliturgi estaba allí, aunque finalmente se ubicó en Mengíbar-. El Ayuntamiento recoge en su web: «Todos sabemos que a los ciudadanos de Andújar se les ha conocido como iliturgitanos/as. A pesar de lo que mucha gente piensa, no es el gentilicio correcto, ya que la antigua ciudad iberorromana de Iliturgi se hallaba en lo que hoy es el término municipal de Mengíbar, en el cerro de Máquiz. Este está situado en la confluencia del río Guadalbullón con el río Guadalquivir, elevándose 40 metros por encima de los terrenos colindantes».. Écija fue Astigi; de ahí viene el término astigitanos.. Pero si hay un gentilicio célebre, es el de Cabra. Sus habitantes son egabrenses, por la romana Egabro. La anécdota parlamentaria es ya clásica: cuando un ministro cuestionó la utilidad del latín en las antiguas Cortes franquistas, un diputado replicó que servía, entre otras cosas, para llamar egabrense al nacido en Cabra y no otra cosa. La etimología como argumento político.. Alcalareños, alcalaínos y otras rarezas. No todas las formas siguen la intuición. Los de Alcalá de Guadaíra y Alcalá del Río son alcalareños. Pero en Alcalá de los Gazules y Alcalá la Real son alcalaínos. En Alcaracejos son moginos. En Alpandeire, panditos. En Añora, noriegos.. Archidona alterna entre archidoneses y achidonitas. En La Puebla de Cazalla se les llama moriscos, en referencia a la negativa de los Duques de Osuna a cumplir la orden de expulsión dictada por los Reyes Católicos.. Y en San Nicolás del Puerto el gentilicio maruchos sigue envuelto en incógnita.. Lenguas clásicas, memoria viva. En una época en la que el latín y el griego sobreviven con dificultades en los planes de estudio, Andalucía ofrece una lección silenciosa: buena parte de su identidad lingüística nace precisamente de esas raíces. Cada gentilicio es una cápsula histórica.. Quien hoy conozca esas lenguas antiguas puede descifrar siglos de mestizaje cultural escondidos en una sola palabra. En Andalucía nadie es solo “de un pueblo”. Es una tierra heredera de fenicios, romanos y andalusíes y el linaje mora tras cada palabra.
De Almuñécar a Cabra, pasando por Andújar o Almería, la historia habita tras cada nombre
“Gentilicio” procede del latín gentilicius, ‘perteneciente a una misma nación o linaje’. “Topónimo” nace del griego tópos, ‘lugar’. Entre ambos conceptos se teje buena parte de la historia de Andalucía, una tierra donde cada nombre arrastra siglos de conquistas, colonizaciones y mestizajes culturales. Los nombres no son casualidad: son memoria e historia.. Los ciudadanos de Cádiz son gaditanos porque antes fue Gadir. Sevilla remite a la antigua Híspalis, de ahí hispalenses. Córdoba hunde sus raíces en Corduba; Málaga en Malaka. Jaén procede del árabe Yaiyan, derivado a su vez de Gaiena y del latín Gaius, vinculado a gaudium, alegría. Almería viene de al-Mariyya, “torre de vigía”. Y sus habitantes pueden ser almerienses, pero también urcitanos, en referencia a la antigua Urci romana.. Huelva recuerda a Onuba, enclave fenicio y tartesio documentado desde al menos el siglo X antes de Cristo. Granada oscila entre el latín granatum, en alusión a la fruta, o el árabe gar-anat, “ciudad de peregrinos”. Andalucía no solo es historia: es una superposición de civilizaciones.. Los sexitanos de Almuñécar. Entre todos los gentilicios, pocos llaman tanto la atención como el de Almuñécar. Sus vecinos son sexitanos. El nombre procede de la antigua colonia fenicia Sexi -también documentada como Seksi o SKS-, uno de los primeros enclaves de contacto entre fenicios e indígenas peninsulares. El alfabeto fenicio carecía de vocales, de ahí la evolución hasta el “Sex” latino.. Hoy, el término convive con “almuñequeros”, aunque este último es menos habitual. La huella histórica permanece incluso en espacios públicos como el Parque Loro Sexi. La toponimia, en este caso, es arqueología viva.. De abderitanos a egabrenses. Adra fue Abdera en época fenicia; por eso sus vecinos son abderitanos. En Andújar son iliturgitano o isturgitanos, por la antigua Isturgi -durante años se creyó erróneamente que Iliturgi estaba allí, aunque finalmente se ubicó en Mengíbar-. El Ayuntamiento recoge en su web: «Todos sabemos que a los ciudadanos de Andújar se les ha conocido como iliturgitanos/as. A pesar de lo que mucha gente piensa, no es el gentilicio correcto, ya que la antigua ciudad iberorromana de Iliturgi se hallaba en lo que hoy es el término municipal de Mengíbar, en el cerro de Máquiz. Este está situado en la confluencia del río Guadalbullón con el río Guadalquivir, elevándose 40 metros por encima de los terrenos colindantes».. Écija fue Astigi; de ahí viene el término astigitanos.. Pero si hay un gentilicio célebre, es el de Cabra. Sus habitantes son egabrenses, por la romana Egabro. La anécdota parlamentaria es ya clásica: cuando un ministro cuestionó la utilidad del latín en las antiguas Cortes franquistas, un diputado replicó que servía, entre otras cosas, para llamar egabrense al nacido en Cabra y no otra cosa. La etimología como argumento político.. Alcalareños, alcalaínos y otras rarezas. No todas las formas siguen la intuición. Los de Alcalá de Guadaíra y Alcalá del Río son alcalareños. Pero en Alcalá de los Gazules y Alcalá la Real son alcalaínos. En Alcaracejos son moginos. En Alpandeire, panditos. En Añora, noriegos.. Archidona alterna entre archidoneses y achidonitas. En La Puebla de Cazalla se les llama moriscos, en referencia a la negativa de los Duques de Osuna a cumplir la orden de expulsión dictada por los Reyes Católicos.. Y en San Nicolás del Puerto el gentilicio maruchos sigue envuelto en incógnita.. Lenguas clásicas, memoria viva. En una época en la que el latín y el griego sobreviven con dificultades en los planes de estudio, Andalucía ofrece una lección silenciosa: buena parte de su identidad lingüística nace precisamente de esas raíces. Cada gentilicio es una cápsula histórica.. Quien hoy conozca esas lenguas antiguas puede descifrar siglos de mestizaje cultural escondidos en una sola palabra. En Andalucía nadie es solo “de un pueblo”. Es una tierra heredera de fenicios, romanos y andalusíes y el linaje mora tras cada palabra.
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