La conversación empezó como empiezan muchas cosas importantes: en la barra de un bar. El dueño de una empresa inmobiliaria me explicaba, cerveza en mano, cómo fijaban el precio de los pisos que gestionan. Tienen a una persona con poca experiencia, revisando referencias catastrales, cruzando datos públicos, comprobando precios máximos y mínimos de mercado y anotándolo todo en una hoja de cálculo. Un trabajo repetitivo y manual. Cuando terminó, no pude evitar decirlo en voz alta: ese trabajo es cien por cien automatizable. No hacía falta que nadie lo hiciera a mano. Ni hoy, ni mañana.. Me miró con curiosidad y me dijo algo clave: “Si funciona, yo lo pago”. No era la primera vez que escuchaba algo así. Era la tercera conversación esa misma semana con empresarios distintos, de sectores distintos, describiendo procesos que hoy dependen de personas pero que, en realidad, siguen una serie de pasos claros y repetibles. Justo lo que mejor saben hacer los llamados robots agénticos.. Los «robots» no son máquinas físicas, sino programas de software. Son capaces de ejecutar tareas complejas de principio a fin, como calcular el precio de un piso, buscando información, tomando decisiones y entregando un resultado sin supervisión. Pueden consultar datos, generar informes, enviar comunicaciones (emails, mensajes), actualizar documentos e interactuar con herramientas internas o sustituir tu servicio de atención al cliente, incluyendo la integración de Inteligencia Artificial. La ventaja principal es que trabajan 24/7, 365 días al año, en cualquier idioma, sin interrupciones por enfermedad.. Esa misma semana, en unas pocas horas, le enseñé un prototipo funcionando. El sistema consultaba datos públicos, aplicaba las reglas de negocio y devolvía el rango de precios automáticamente. Sin hojas de Excel. Sin copiar y pegar. Sin errores humanos. Me lo compró en el acto. No porque fuera magia. Sino porque se dio cuenta de una realidad incómoda: llevaba años pagando por un trabajo que ya no necesitaba ser humano.. Nos encontramos en el amanecer de una era de automatización profunda. Una era en la que muchos puestos de trabajo, especialmente los más repetitivos y predecibles, van a desaparecer. No por maldad, ni por ideología, sino por pura eficiencia.. Las empresas que no se automaticen no podrán competir con las que sí lo hagan. No será una cuestión de tamaño ni de talento, sino de velocidad, costes y capacidad de adaptación. La automatización ya no es una ventaja. Es una condición para seguir en el mercado.
Los «robots» no son máquinas físicas, sino programas de software
La conversación empezó como empiezan muchas cosas importantes: en la barra de un bar. El dueño de una empresa inmobiliaria me explicaba, cerveza en mano, cómo fijaban el precio de los pisos que gestionan. Tienen a una persona con poca experiencia, revisando referencias catastrales, cruzando datos públicos, comprobando precios máximos y mínimos de mercado y anotándolo todo en una hoja de cálculo. Un trabajo repetitivo y manual. Cuando terminó, no pude evitar decirlo en voz alta: ese trabajo es cien por cien automatizable. No hacía falta que nadie lo hiciera a mano. Ni hoy, ni mañana.. Me miró con curiosidad y me dijo algo clave: “Si funciona, yo lo pago”. No era la primera vez que escuchaba algo así. Era la tercera conversación esa misma semana con empresarios distintos, de sectores distintos, describiendo procesos que hoy dependen de personas pero que, en realidad, siguen una serie de pasos claros y repetibles. Justo lo que mejor saben hacer los llamados robots agénticos.. Los «robots» no son máquinas físicas, sino programas de software. Son capaces de ejecutar tareas complejas de principio a fin, como calcular el precio de un piso, buscando información, tomando decisiones y entregando un resultado sin supervisión. Pueden consultar datos, generar informes, enviar comunicaciones (emails, mensajes), actualizar documentos e interactuar con herramientas internas o sustituir tu servicio de atención al cliente, incluyendo la integración de Inteligencia Artificial. La ventaja principal es que trabajan 24/7, 365 días al año, en cualquier idioma, sin interrupciones por enfermedad.. Esa misma semana, en unas pocas horas, le enseñé un prototipo funcionando. El sistema consultaba datos públicos, aplicaba las reglas de negocio y devolvía el rango de precios automáticamente. Sin hojas de Excel. Sin copiar y pegar. Sin errores humanos. Me lo compró en el acto. No porque fuera magia. Sino porque se dio cuenta de una realidad incómoda: llevaba años pagando por un trabajo que ya no necesitaba ser humano.. Nos encontramos en el amanecer de una era de automatización profunda. Una era en la que muchos puestos de trabajo, especialmente los más repetitivos y predecibles, van a desaparecer. No por maldad, ni por ideología, sino por pura eficiencia.. Las empresas que no se automaticen no podrán competir con las que sí lo hagan. No será una cuestión de tamaño ni de talento, sino de velocidad, costes y capacidad de adaptación. La automatización ya no es una ventaja. Es una condición para seguir en el mercado.
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