A casi todos nos ha ocurrido alguna vez. Nos encontramos con alguien conocido, recordar con claridad dónde lo vimos, qué hablamos o incluso alguna anécdota compartida, pero quedarnos en blanco cuando intentamos recuperar su nombre. Ese vacío momentáneo obliga a recurrir a saludos genéricos para evitar que el olvido quede en evidencia. Los psicólogos coinciden en que este fenómeno es universal y tiene una explicación concreta. La psicóloga Silvia Severino (@silviaseverinopsico) explica que los nombres funcionan como etiquetas arbitrarias, sin relación lógica con los recuerdos que ya tenemos almacenados. El cerebro tiende a conservar aquello que se enlaza con conocimientos previos, y un nombre aislado, sin contexto, no encuentra un punto de anclaje. Por eso, aunque recordemos escenas completas, el nombre puede desaparecer sin previo aviso. Cuando conocemos a alguien por primera vez, solemos estar más pendientes de nuestra propia imagen, de cómo hablamos o de causar una buena impresión. Esa preocupación desplaza la atención que deberíamos dedicar a memorizar el nombre, lo que dificulta que quede registrado de forma sólida. Severino señala que este proceso es completamente normal y no indica ningún problema de salud. El cerebro reconoce mejor las caras que las palabras La especialista añade que el cerebro está diseñado para recordar rostros con mucha más facilidad que palabras. Por eso es habitual identificar a una persona al instante, incluso después de años, pero no recordar cómo se llama. “No es un defecto, es como funciona la memoria sin entrenamiento consciente”, resume Severino. Adrián, profesor de psicología y divulgador en redes a través de @psicosnet, comparte esta visión. Afirma que el cerebro no está preparado para retener nombres de inmediato, y que este despiste no debe interpretarse como una señal de deterioro cognitivo. Se trata, simplemente, de una característica natural del modo en que procesamos la información social. Cómo entrenar la memoria para evitar estos olvidos El experto propone técnicas sencillas para mejorar la retención. Una de ellas consiste en crear asociaciones visuales, vinculando el nombre con una imagen llamativa o fácil de recordar. Otra estrategia es repetir el nombre durante la conversación o utilizarlo al despedirse, lo que ayuda a reforzar el recuerdo de manera gradual y natural. Son métodos simples que permiten que esa etiqueta arbitraria se conecte con algo más sólido en la memoria.
Los especialistas explican que este despiste tan común no es un fallo de memoria, sino una consecuencia natural de cómo procesa información el cerebro
A casi todos nos ha ocurrido alguna vez. Nos encontramos con alguien conocido, recordar con claridad dónde lo vimos, qué hablamos o incluso alguna anécdota compartida, pero quedarnos en blanco cuando intentamos recuperar su nombre. Ese vacío momentáneo obliga a recurrir a saludos genéricos para evitar que el olvido quede en evidencia. Los psicólogos coinciden en que este fenómeno es universal y tiene una explicación concreta.La psicóloga Silvia Severino (@silviaseverinopsico) explica que los nombres funcionan como etiquetas arbitrarias, sin relación lógica con los recuerdos que ya tenemos almacenados. El cerebro tiende a conservar aquello que se enlaza con conocimientos previos, y un nombre aislado, sin contexto, no encuentra un punto de anclaje. Por eso, aunque recordemos escenas completas, el nombre puede desaparecer sin previo aviso.Cuando conocemos a alguien por primera vez, solemos estar más pendientes de nuestra propia imagen, de cómo hablamos o de causar una buena impresión. Esa preocupación desplaza la atención que deberíamos dedicar a memorizar el nombre, lo que dificulta que quede registrado de forma sólida. Severino señala que este proceso es completamente normal y no indica ningún problema de salud. El cerebro reconoce mejor las caras que las palabrasLa especialista añade que el cerebro está diseñado para recordar rostros con mucha más facilidad que palabras. Por eso es habitual identificar a una persona al instante, incluso después de años, pero no recordar cómo se llama. “No es un defecto, es como funciona la memoria sin entrenamiento consciente”, resume Severino.Adrián, profesor de psicología y divulgador en redes a través de @psicosnet, comparte esta visión. Afirma que el cerebro no está preparado para retener nombres de inmediato, y que este despiste no debe interpretarse como una señal de deterioro cognitivo. Se trata, simplemente, de una característica natural del modo en que procesamos la información social.Cómo entrenar la memoria para evitar estos olvidosEl experto propone técnicas sencillas para mejorar la retención. Una de ellas consiste en crear asociaciones visuales, vinculando el nombre con una imagen llamativa o fácil de recordar. Otra estrategia es repetir el nombre durante la conversación o utilizarlo al despedirse, lo que ayuda a reforzar el recuerdo de manera gradual y natural. Son métodos simples que permiten que esa etiqueta arbitraria se conecte con algo más sólido en la memoria.
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