En un país donde la lluvia acompaña prácticamente todo el año, cabría esperar que el paraguas fuera un objeto imprescindible. Sin embargo, quien haya visitado los Países Bajos habrá notado una escena llamativa: la mayoría de los neerlandeses camina o pedalea bajo la lluvia sin abrir uno. ¿Capricho cultural? ¿Costumbre? ¿Practicidad? Una italiana que reside en el país ha resumido las razones en cuatro puntos reveladores.. Lluvia constante, paraguas ausentes. Vivir en los Países Bajos tiene ventajas y desventajas. A su elevada calidad de vida, seguridad y estabilidad económica se contrapone un clima que difícilmente enamora. Aquí, las precipitaciones son frecuentes durante los doce meses del año, y desde septiembre hasta marzo es normal pasar días enteros sin ver el cielo despejado.. Aun así, en una nación tan lluviosa, la imagen más habitual es la de locales avanzando bajo el agua sin preocuparse demasiado, mientras los turistas -sobre todo del sur de Europa- sacan el paraguas a la primera gota.. Los cuatro motivos por los que los neerlandeses prescinden del paraguas. Según Denise, una italiana afincada en los Países Bajos, existen cuatro explicaciones claras:. 1. El viento lo hace inútil. Los Países Bajos son una tierra de fuertes ráfagas, especialmente en otoño e invierno. Un paraguas no solo ofrece poco resguardo, sino que puede romperse en segundos. Para muchos neerlandeses, abrirlo es tirar el dinero y generar un residuo más.. 2. La bicicleta es la reina del transporte. El país es llano, cómodo y está diseñado para moverse en dos ruedas. Como explica Denise, «la mayoría prefiere ir en bici a cualquier sitio». Y, por supuesto, pedalear mientras se sujeta un paraguas no es solo incómodo, sino peligroso. Por eso optan por chubasqueros con capucha o simplemente por mojarse un poco.. 3. Practicidad y costumbre. Los neerlandeses conocen bien la volatilidad de su clima: en cinco minutos puede pasar del sol al chaparrón. Llevar siempre un paraguas encima les parece poco práctico. Su solución es más sencilla: ropa impermeable y actitud despreocupada. «Están acostumbrados, saben dónde viven», comenta Denise.. 4. Una cultura de resistencia. El cuarto motivo está muy ligado al anterior: la mentalidad. Según Denise, existe en los Países Bajos una verdadera «cultura de la resistencia» ante el mal tiempo. Es común ver a la gente en bici incluso con lluvia torrencial o viento fuerte. No dramatizan: lo asumen como parte de su día a día. De hecho, en neerlandés existe una expresión muy popular: «We zijn niet van suiker» -«No estamos hechos de azúcar»- para recordar que mojarse no es ningún drama.. Como cuenta la italiana, esta diferencia cultural la percibe incluso en su pareja neerlandesa, que recuerda haber pedaleado de niño durante una hora bajo la lluvia para ir a la escuela. «Yo llamaba a mi padre para que me recogiera en coche si caían cuatro gotas», confiesa
Aunque llueve casi a diario en los Países Bajos, la mayoría de sus habitantes camina o pedalea bajo el agua sin abrir un paraguas. Detrás de esta acción, hay una explicación cultural, práctica y hasta filosófica que revela mucho sobre la forma de vida neerlandesa
En un país donde la lluvia acompaña prácticamente todo el año, cabría esperar que el paraguas fuera un objeto imprescindible. Sin embargo, quien haya visitado los Países Bajos habrá notado una escena llamativa: la mayoría de los neerlandeses camina o pedalea bajo la lluvia sin abrir uno. ¿Capricho cultural? ¿Costumbre? ¿Practicidad? Una italiana que reside en el país ha resumido las razones en cuatro puntos reveladores.. Lluvia constante, paraguas ausentes. Vivir en los Países Bajos tiene ventajas y desventajas. A su elevada calidad de vida, seguridad y estabilidad económica se contrapone un clima que difícilmente enamora. Aquí, las precipitaciones son frecuentes durante los doce meses del año, y desde septiembre hasta marzo es normal pasar días enteros sin ver el cielo despejado.. Aun así, en una nación tan lluviosa, la imagen más habitual es la de locales avanzando bajo el agua sin preocuparse demasiado, mientras los turistas -sobre todo del sur de Europa- sacan el paraguas a la primera gota.. Los cuatro motivos por los que los neerlandeses prescinden del paraguas. Según Denise, una italiana afincada en los Países Bajos, existen cuatro explicaciones claras:. 1. El viento lo hace inútil. Los Países Bajos son una tierra de fuertes ráfagas, especialmente en otoño e invierno. Un paraguas no solo ofrece poco resguardo, sino que puede romperse en segundos. Para muchos neerlandeses, abrirlo es tirar el dinero y generar un residuo más.. 2. La bicicleta es la reina del transporte. El país es llano, cómodo y está diseñado para moverse en dos ruedas. Como explica Denise, «la mayoría prefiere ir en bici a cualquier sitio». Y, por supuesto, pedalear mientras se sujeta un paraguas no es solo incómodo, sino peligroso. Por eso optan por chubasqueros con capucha o simplemente por mojarse un poco.. 3. Practicidad y costumbre. Los neerlandeses conocen bien la volatilidad de su clima: en cinco minutos puede pasar del sol al chaparrón. Llevar siempre un paraguas encima les parece poco práctico. Su solución es más sencilla: ropa impermeable y actitud despreocupada. «Están acostumbrados, saben dónde viven», comenta Denise.. 4. Una cultura de resistencia. El cuarto motivo está muy ligado al anterior: la mentalidad. Según Denise, existe en los Países Bajos una verdadera «cultura de la resistencia» ante el mal tiempo. Es común ver a la gente en bici incluso con lluvia torrencial o viento fuerte. No dramatizan: lo asumen como parte de su día a día. De hecho, en neerlandés existe una expresión muy popular: «We zijn niet van suiker» -«No estamos hechos de azúcar»- para recordar que mojarse no es ningún drama.. Como cuenta la italiana, esta diferencia cultural la percibe incluso en su pareja neerlandesa, que recuerda haber pedaleado de niño durante una hora bajo la lluvia para ir a la escuela. «Yo llamaba a mi padre para que me recogiera en coche si caían cuatro gotas», confiesa
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