Nunca antes había existido tanta información sobre bienestar, desarrollo personal o productividad. Libros, aplicaciones y redes sociales repiten constantemente la promesa de una vida mejor basada en la optimización permanente de uno mismo. Sin embargo, paralelamente, los trastornos relacionados con la salud mental no han dejado de aumentar en numerosos países desarrollados.. Este contraste ha generado una pregunta incómoda: ¿cómo es posible que una sociedad que se define como más libre, más conectada y más optimista experimente niveles crecientes de agotamiento emocional?. La reflexión del filósofo surcoreano Byung-Chul Han parte precisamente de esa contradicción.. La sociedad del rendimiento: cuando la presión ya no viene de fuera. En su ensayo más influyente, La sociedad del cansancio, Han sostiene que cada época desarrolla sus propias enfermedades características. Si el pasado estuvo marcado por patologías vinculadas a la represión o la disciplina, el presente estaría dominado por trastornos como la depresión, la ansiedad o el agotamiento crónico. Su tesis central se resume en una frase que se ha hecho viral: “La depresión es la enfermedad de una sociedad que sufre una excesiva positividad”.. El filósofo argumenta que hemos pasado de una sociedad basada en órdenes externas a otra donde la exigencia se interioriza. Ya no es necesario un vigilante constante ni una autoridad visible que obligue a producir más. El individuo contemporáneo se impulsa a sí mismo.. El trabajador, el estudiante o incluso el usuario de redes sociales se convierten simultáneamente en jefe y empleado. El mensaje dominante no es “debes”, sino “puedes”. Y precisamente ahí, según Han, nace el problema.. La positividad, entendida como optimismo o esperanza, no es negativa en sí misma. Lo que critica Han es su absolutización. La cultura actual transmite la idea de que todo es alcanzable si se trabaja lo suficiente, si se mantiene la actitud correcta o si se gestiona bien el tiempo.. El cansancio, la tristeza o la frustración dejan de verse como experiencias normales y pasan a interpretarse como fallos personales. Cuando alguien no logra cumplir las expectativas de éxito, bienestar o felicidad constante, la responsabilidad recae únicamente sobre él mismo.. Según el filósofo, la presión ya no reprime: satura. No excluye: agota. El individuo entra así en una dinámica de autoexigencia permanente que puede desembocar en una guerra interior. La depresión aparece entonces no solo como un problema individual, sino como un síntoma social.. Redes sociales y el imperativo de ser feliz. Uno de los elementos que amplifican esta lógica es el entorno digital. Las plataformas sociales favorecen la exhibición continua de versiones idealizadas de la vida cotidiana: logros profesionales, viajes, cuerpos perfectos o productividad constante.. Han sostiene que esta dinámica genera una comparación silenciosa pero constante. La comunicación se transforma en intercambio de información y visibilidad, mientras las relaciones profundas pierden espacio frente a conexiones rápidas y superficiales.. Diversos estudios psicológicos, como los publicados por la American Psychological Association, relacionan el uso intensivo de redes sociales con mayores niveles de ansiedad y percepción de insuficiencia personal, especialmente entre jóvenes adultos. El problema no reside únicamente en la tecnología, sino en el modelo cultural que convierte la felicidad en obligación.. Otra idea clave del pensamiento de Han es la figura del “sujeto de rendimiento”. A diferencia del antiguo sujeto obediente, sometido a normas externas, el individuo contemporáneo cree actuar libremente mientras se autoimpone metas cada vez más altas.. El resultado es paradójico: cuanto mayor es la promesa de libertad, mayor puede ser el agotamiento. El mensaje constante de “todavía puedes más” termina chocando con los límites físicos y emocionales reales.. Cuando la persona ya no puede seguir aumentando su rendimiento, surge el reproche interno. La depresión, según Han, nace precisamente en ese punto: cuando el ideal ilimitado de poder hacerlo todo se enfrenta con la experiencia humana del límite.. ¿Existe una salida al hiperpositivismo?. El filósofo no propone abandonar el optimismo ni rechazar el progreso, sino recuperar espacios olvidados: el descanso, la contemplación, el silencio y la vulnerabilidad compartida.. Aceptar que no todo debe ser productivo ni visible se convierte, en su pensamiento, en un acto casi revolucionario. Recuperar la pausa, la reflexión o la comunidad permitiría equilibrar una cultura centrada exclusivamente en el rendimiento individual.. Byung-Chul Han, el pensador del cansancio contemporáneo. Nacido en Seúl en 1959 y formado intelectualmente en Alemania, Byung-Chul Han es hoy una de las voces filosóficas más influyentes del siglo XXI. Doctorado con una tesis sobre Martin Heidegger y profesor en instituciones europeas, ha dedicado su obra a analizar fenómenos como la hipertransparencia, el neoliberalismo, la digitalización o la pérdida del tiempo contemplativo.. Autor de más de treinta libros y galardonado con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2025, Han ha logrado algo poco habitual en la filosofía contemporánea: convertir conceptos complejos en diagnósticos comprensibles del malestar actual.. Su reflexión sobre la depresión no pretende reducir una enfermedad a una explicación social única, sino abrir una conversación necesaria. Al señalar el exceso de positividad como rasgo de nuestra época, el filósofo recuerda que la salud mental también depende del tipo de sociedad que construimos y de la manera en que entendemos el éxito, el fracaso y, sobre todo, la condición humana.
El pensamiento del filósofo surcoreano invita a replantear la relación entre éxito, felicidad y salud mental en el mundo contemporáneo
Nunca antes había existido tanta información sobre bienestar, desarrollo personal o productividad. Libros, aplicaciones y redes sociales repiten constantemente la promesa de una vida mejor basada en la optimización permanente de uno mismo. Sin embargo, paralelamente, los trastornos relacionados con la salud mental no han dejado de aumentar en numerosos países desarrollados.. Este contraste ha generado una pregunta incómoda: ¿cómo es posible que una sociedad que se define como más libre, más conectada y más optimista experimente niveles crecientes de agotamiento emocional?. La reflexión del filósofo surcoreano Byung-Chul Han parte precisamente de esa contradicción.. La sociedad del rendimiento: cuando la presión ya no viene de fuera. En su ensayo más influyente, La sociedad del cansancio, Han sostiene que cada época desarrolla sus propias enfermedades características. Si el pasado estuvo marcado por patologías vinculadas a la represión o la disciplina, el presente estaría dominado por trastornos como la depresión, la ansiedad o el agotamiento crónico. Su tesis central se resume en una frase que se ha hecho viral: “La depresión es la enfermedad de una sociedad que sufre una excesiva positividad”.. El filósofo argumenta que hemos pasado de una sociedad basada en órdenes externas a otra donde la exigencia se interioriza. Ya no es necesario un vigilante constante ni una autoridad visible que obligue a producir más. El individuo contemporáneo se impulsa a sí mismo.. El trabajador, el estudiante o incluso el usuario de redes sociales se convierten simultáneamente en jefe y empleado. El mensaje dominante no es “debes”, sino “puedes”. Y precisamente ahí, según Han, nace el problema.. La positividad, entendida como optimismo o esperanza, no es negativa en sí misma. Lo que critica Han es su absolutización. La cultura actual transmite la idea de que todo es alcanzable si se trabaja lo suficiente, si se mantiene la actitud correcta o si se gestiona bien el tiempo.. El cansancio, la tristeza o la frustración dejan de verse como experiencias normales y pasan a interpretarse como fallos personales. Cuando alguien no logra cumplir las expectativas de éxito, bienestar o felicidad constante, la responsabilidad recae únicamente sobre él mismo.. Según el filósofo, la presión ya no reprime: satura. No excluye: agota. El individuo entra así en una dinámica de autoexigencia permanente que puede desembocar en una guerra interior. La depresión aparece entonces no solo como un problema individual, sino como un síntoma social.. Redes sociales y el imperativo de ser feliz. Uno de los elementos que amplifican esta lógica es el entorno digital. Las plataformas sociales favorecen la exhibición continua de versiones idealizadas de la vida cotidiana: logros profesionales, viajes, cuerpos perfectos o productividad constante.. Han sostiene que esta dinámica genera una comparación silenciosa pero constante. La comunicación se transforma en intercambio de información y visibilidad, mientras las relaciones profundas pierden espacio frente a conexiones rápidas y superficiales.. Diversos estudios psicológicos, como los publicados por la American Psychological Association, relacionan el uso intensivo de redes sociales con mayores niveles de ansiedad y percepción de insuficiencia personal, especialmente entre jóvenes adultos. El problema no reside únicamente en la tecnología, sino en el modelo cultural que convierte la felicidad en obligación.. Otra idea clave del pensamiento de Han es la figura del “sujeto de rendimiento”. A diferencia del antiguo sujeto obediente, sometido a normas externas, el individuo contemporáneo cree actuar libremente mientras se autoimpone metas cada vez más altas.. El resultado es paradójico: cuanto mayor es la promesa de libertad, mayor puede ser el agotamiento. El mensaje constante de “todavía puedes más” termina chocando con los límites físicos y emocionales reales.. Cuando la persona ya no puede seguir aumentando su rendimiento, surge el reproche interno. La depresión, según Han, nace precisamente en ese punto: cuando el ideal ilimitado de poder hacerlo todo se enfrenta con la experiencia humana del límite.. ¿Existe una salida al hiperpositivismo?. El filósofo no propone abandonar el optimismo ni rechazar el progreso, sino recuperar espacios olvidados: el descanso, la contemplación, el silencio y la vulnerabilidad compartida.. Aceptar que no todo debe ser productivo ni visible se convierte, en su pensamiento, en un acto casi revolucionario. Recuperar la pausa, la reflexión o la comunidad permitiría equilibrar una cultura centrada exclusivamente en el rendimiento individual.. Byung-Chul Han, el pensador del cansancio contemporáneo. Nacido en Seúl en 1959 y formado intelectualmente en Alemania, Byung-Chul Han es hoy una de las voces filosóficas más influyentes del siglo XXI. Doctorado con una tesis sobre Martin Heidegger y profesor en instituciones europeas, ha dedicado su obra a analizar fenómenos como la hipertransparencia, el neoliberalismo, la digitalización o la pérdida del tiempo contemplativo.. Autor de más de treinta libros y galardonado con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2025, Han ha logrado algo poco habitual en la filosofía contemporánea: convertir conceptos complejos en diagnósticos comprensibles del malestar actual.. Su reflexión sobre la depresión no pretende reducir una enfermedad a una explicación social única, sino abrir una conversación necesaria. Al señalar el exceso de positividad como rasgo de nuestra época, el filósofo recuerda que la salud mental también depende del tipo de sociedad que construimos y de la manera en que entendemos el éxito, el fracaso y, sobre todo, la condición humana.
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