La Revuelta cayó a un 9,4 por ciento de cuota y no logró superar la barrera psicológica del diez por ciento de share en la noche que recibió a Antonia Dell’Atte. A pesar de que la italiana no dejó de lanzar titulares que podrían suponer un interés extra para congregar a un público diferente al del fútbol con el que competían en una noche en la que, encima, estaba en El Hormiguero el actor Can Yaman después de ser detenido en Estambul. Porque Antonia no se calla nada y se moja sin medias tintas. Habló del despido de su ex marido Alessandro Lecquio de Mediaset e incluso sacó el nombre del protagonista mediático de la semana: «llamaron a Julio Iglesias para que no se acercase a mí» y empezó a especular con una situación de cuando presentaba ¿Qué apostamos? en sustitución de Ana García Obregón. Aunque en la documentación sobre la historia de ¿Qué apostamos? no se encuentra ninguna visita de Julio Iglesias en presencia de Dell’Atte. Sí de su hijo, Enrique Iglesias.. Pero el morbo estaba servido para los fans de la polémica rosa, sin embargo el público potencial de David Broncano rechaza este tipo de contenidos tan histriónicos. De hecho, a Antonia Dell’Atte es difícil de seguir en directo, por acaparadora y caótica en su discurso. Ahí el presentador debe ordenar rápido ideas o el programa es engullido por una actitud que criticaríamos en otro tipo de espacio de televisión.. Empatizamos con Antonia, pero al mismo tiempo Antonia satura si toma el control del plató. Tanto que Broncano terminó sentándose con ella en el sofá, como para domar su exceso melodramático que probablemente esconde a una mujer que ha sufrido todo y que sigue necesitando hacerse la fuerte. Aunque su empoderamiento transmita vulnerabilidad.. El ambiente teatral de La Revuelta además provoca un subidón en invitados así, pues son vitoreados en cada palabra. Que nombra Ana Rosa Quintana, todos alzan su grito como si fueran hinchas de una trinchera. Que nombra a Lecquio, todos ovacionan como si estuvieran en un circo romano. El tono de comedia del show favorece esa sensación catártica, pero a la vez hay temas tan sensibles que en una sociedad madura no debería provocar la reacción de un aplauso equivalente al festejo de cuando mete gol un equipo de fútbol. Lo que, al final, quizá, define la exaltación de las emociones en la que vive la tele y las redes, donde hasta lo más dramático queda reducido al enfoque de show. Y algo falla si las crudezas de nuestra sociedad, que nos atraviesan a todos, se celebran con la ligereza de un reality de vencedores y vencidos. Estamos muy intensos, pero poco profundos. De hecho, hasta lo que creemos profundo solo es intenso.
Cuando el programa de Broncano se parece a un show de corazón.
20MINUTOS.ES – Televisión
La Revuelta cayó a un 9,4 por ciento de cuota y no logró superar la barrera psicológica del diez por ciento de share en la noche que recibió a Antonia Dell’Atte. A pesar de que la italiana no dejó de lanzar titulares que podrían suponer un interés extra para congregar a un público diferente al del fútbol con el que competían en una noche en la que, encima, estaba en El Hormiguero el actor Can Yaman después de ser detenido en Estambul. Porque Antonia no se calla nada y se moja sin medias tintas. Habló del despido de su ex marido Alessandro Lecquio de Mediaset e incluso sacó el nombre del protagonista mediático de la semana: «llamaron a Julio Iglesias para que no se acercase a mí» y empezó a especular con una situación de cuando presentaba ¿Qué apostamos? en sustitución de Ana García Obregón. Aunque en la documentación sobre la historia de ¿Qué apostamos? no se encuentra ninguna visita de Julio Iglesias en presencia de Dell’Atte. Sí de su hijo, Enrique Iglesias.. Pero el morbo estaba servido para los fans de la polémica rosa, sin embargo el público potencial de David Broncano rechaza este tipo de contenidos tan histriónicos. De hecho, a Antonia Dell’Atte es difícil de seguir en directo, por acaparadora y caótica en su discurso. Ahí el presentador debe ordenar rápido ideas o el programa es engullido por una actitud que criticaríamos en otro tipo de espacio de televisión.. Empatizamos con Antonia, pero al mismo tiempo Antonia satura si toma el control del plató. Tanto queBroncano terminó sentándose con ella en el sofá, como para domar su exceso melodramático que probablemente esconde a una mujer que ha sufrido todo y que sigue necesitando hacerse la fuerte. Aunque su empoderamiento transmita vulnerabilidad.. El ambiente teatral de La Revuelta además provoca un subidón en invitados así, pues son vitoreados en cada palabra. Que nombra Ana Rosa Quintana, todos alzan su grito como si fueran hinchas de una trinchera. Que nombra a Lecquio, todos ovacionan como si estuvieran en un circo romano. El tono de comedia del show favorece esa sensación catártica, pero a la vez hay temas tan sensibles que en una sociedad madura no debería provocar la reacción de un aplauso equivalente al festejo de cuando mete gol un equipo de fútbol. Lo que, al final, quizá, define la exaltación de las emociones en la que vive la tele y las redes, donde hasta lo más dramático queda reducido al enfoque de show. Y algo falla si las crudezas de nuestra sociedad, que nos atraviesan a todos, se celebran con la ligereza de un reality de vencedores y vencidos. Estamos muy intensos, pero poco profundos. De hecho, hasta lo que creemos profundo solo es intenso.
