Cuando un objeto del espacio se mueve, la principal fuerza que lo guía es la gravedad. Esta fuerza, ejercida por estrellas, planetas y otros cuerpos celestes, es la que define las trayectorias orbitales que conocemos desde Kepler y Newton. Pero el visitante interestelar 3I/ATLAS, el tercer objeto confirmado procedente de fuera del sistema solar, ha sorprendido a los astrónomos porque está experimentando aceleraciones que no pueden explicarse solo por la gravedad, un fenómeno llamado aceleración no gravitacional, que ha generado debate científico y mucha curiosidad pública.. La pregunta lógica es qué significa aceleración no gravitacional. Un cuerpo en el espacio que solo estuviera bajo la influencia de la gravedad seguiría una trayectoria perfectamente predecible calculada por las leyes de Newton y Einstein. Sin embargo, 3I/ATLAS ha mostrado pequeños cambios en su velocidad que no coinciden con lo que esa gravedad por sí sola debería producir.. Ese tipo de efecto, lejos de ser una señal de “tecnología o fuerza desconocida”, tiene una explicación física bien establecida: la eyección de gas y polvo desde el propio objeto. Cuando partes del núcleo de un cometa se sublima, es decir, pasa de sólido a gas conforme se calienta, se crean chorros que funcionan como pequeños propulsores naturales, impulsando la roca helada en direcciones ligeramente distintas a lo que la gravedad dictaría.. Este mismo efecto está presente en muchos cometas de nuestro propio sistema solar: el material que se desprende al acercarse al Sol cambia su momento y, por tanto, su velocidad. Tradicionalmente, medir estas variaciones requería seguir un cometa durante varias órbitas, algo imposible con objetos interestelares que solo pasan una vez por nuestro vecindario cósmico. Pero gracias al uso de datos de naves como Psyche de la NASA y el Mars Trace Gas Orbiter de la Agencia Espacial Europea, los científicos pudieron rastrear con precisión estos pequeños “empujones” en 3I/ATLAS.. Los astrónomos estiman que la aceleración medida para 3I/ATLAS (debido a este efecto de expulsión de material) es del orden de 5 × 10⁻⁷ m/s², equivalente a apenas una fracción minúscula de la gravedad que sentimos en la Tierra, pero detectable gracias a observaciones de alta precisión. Esta magnitud está dentro del rango esperado para cometas pequeños que pierden masa conforme se calientan al acercarse al Sol.. La explicación más sencilla y coherente con los datos es que 3I/ATLAS está liberando gas y polvo, principalmente volátiles como dióxido de carbono y otros compuestos congelados que, al calentarse por la radiación solar, actúan como un sistema de propulsión natural haciendo que el objeto “empuje” contra su propia trayectoria. Ese proceso es análogo a un pequeño cohete, solo que impulsado por física térmica en lugar de ingeniería humana.. Los científicos recuerdan que todas las aceleraciones no gravitacionales observadas hasta ahora en cometas tienen una explicación natural: la composición volátil y la forma en la que se calientan a medida que se acercan al Sol. En los cometas del sistema solar, ese efecto es común y está bien documentado; la principal diferencia con 3I/ATLAS es que, al ser un objeto interestelar, solo tenemos una ventana breve para observarlo mientras pasa rápido por aquí.. De hecho, un estudio reciente del equipo que midió esto concluye que la aceleración observada en 3I/ATLAS es “muy típica de los cometas ordinarios”, porque la eyección de gas fomenta pequeños cambios en su trayectoria que, con instrumentos precisos, ya se pueden rastrear incluso durante un único pase, algo imposible de comprobar en órbitas múltiples como en los cometas clásicos. Este tipo de aceleración es tan común que ahora puede medirse durante un único encuentro gracias a observaciones desde sondas interplanetarias.. Esto también contrastó fuertemente con el caso de 1I/‘Oumuamua, el primer objeto interestelar observado en 2017, que exhibió aceleraciones inexplicables del mismo tipo sin signos claros de gas expulsado, lo que alimentó hipótesis más exóticas en aquel momento.. La presencia de aceleración no gravitacional en 3I/ATLAS no solo confirma que es un objeto activo, con hielo y polvo respondiendo al calor solar, sino que también es una oportunidad única para estudiar la física de cuerpos que se formaron en otros sistemas estelares. Como tercer visitante interestelar confirmado, detrás de ‘Oumuamua y Borisov, ofrece a los astrónomos un laboratorio natural para comparar materiales y comportamientos con los cometas que hemos visto en nuestro propio entorno solar.. Más allá del fenómeno físico, este efecto nos recuerda que el cosmos es un entorno dinámico: incluso cuerpos pequeños y helados pueden transformarse y “activarse” conforme interactúan con una estrella cercana, liberando pistas sobre su composición original, su historia y las condiciones en las regiones de donde proceden.
Estas aceleraciones que no pueden explicarse solo por la gravedad, una medida predecible que se calcule mediante las leyes de Newton y Einstein.
Cuando un objeto del espacio se mueve, la principal fuerza que lo guía es la gravedad. Esta fuerza, ejercida por estrellas, planetas y otros cuerpos celestes, es la que define las trayectorias orbitales que conocemos desde Kepler y Newton. Pero el visitante interestelar 3I/ATLAS, el tercer objeto confirmado procedente de fuera del sistema solar, ha sorprendido a los astrónomos porque está experimentando aceleraciones que no pueden explicarse solo por la gravedad, un fenómeno llamado aceleración no gravitacional, que ha generado debate científico y mucha curiosidad pública.. La pregunta lógica es qué significa aceleración no gravitacional. Un cuerpo en el espacio que solo estuviera bajo la influencia de la gravedad seguiría una trayectoria perfectamente predecible calculada por las leyes de Newton y Einstein. Sin embargo, 3I/ATLAS ha mostrado pequeños cambios en su velocidad que no coinciden con lo que esa gravedad por sí sola debería producir.. Ese tipo de efecto, lejos de ser una señal de “tecnología o fuerza desconocida”, tiene una explicación física bien establecida: la eyección de gas y polvo desde el propio objeto. Cuando partes del núcleo de un cometa se sublima, es decir, pasa de sólido a gas conforme se calienta, se crean chorros que funcionan como pequeños propulsores naturales, impulsando la roca helada en direcciones ligeramente distintas a lo que la gravedad dictaría.. Este mismo efecto está presente en muchos cometas de nuestro propio sistema solar: el material que se desprende al acercarse al Sol cambia su momento y, por tanto, su velocidad. Tradicionalmente, medir estas variaciones requería seguir un cometa durante varias órbitas, algo imposible con objetos interestelares que solo pasan una vez por nuestro vecindario cósmico. Pero gracias al uso de datos de naves como Psyche de la NASA y el Mars Trace Gas Orbiter de la Agencia Espacial Europea, los científicos pudieron rastrear con precisión estos pequeños “empujones” en 3I/ATLAS.. Los astrónomos estiman que la aceleración medida para 3I/ATLAS (debido a este efecto de expulsión de material) es del orden de 5 × 10⁻⁷ m/s², equivalente a apenas una fracción minúscula de la gravedad que sentimos en la Tierra, pero detectable gracias a observaciones de alta precisión. Esta magnitud está dentro del rango esperado para cometas pequeños que pierden masa conforme se calientan al acercarse al Sol.. La explicación más sencilla y coherente con los datos es que 3I/ATLAS está liberando gas y polvo, principalmente volátiles como dióxido de carbono y otros compuestos congelados que, al calentarse por la radiación solar, actúan como un sistema de propulsión natural haciendo que el objeto “empuje” contra su propia trayectoria. Ese proceso es análogo a un pequeño cohete, solo que impulsado por física térmica en lugar de ingeniería humana.. Los científicos recuerdan que todas las aceleraciones no gravitacionales observadas hasta ahora en cometas tienen una explicación natural: la composición volátil y la forma en la que se calientan a medida que se acercan al Sol. En los cometas del sistema solar, ese efecto es común y está bien documentado; la principal diferencia con 3I/ATLAS es que, al ser un objeto interestelar, solo tenemos una ventana breve para observarlo mientras pasa rápido por aquí.. De hecho, un estudio reciente del equipo que midió esto concluye que la aceleración observada en 3I/ATLAS es “muy típica de los cometas ordinarios”, porque la eyección de gas fomenta pequeños cambios en su trayectoria que, con instrumentos precisos, ya se pueden rastrear incluso durante un único pase, algo imposible de comprobar en órbitas múltiples como en los cometas clásicos. Este tipo de aceleración es tan común que ahora puede medirse durante un único encuentro gracias a observaciones desde sondas interplanetarias.. Esto también contrastó fuertemente con el caso de 1I/‘Oumuamua, el primer objeto interestelar observado en 2017, que exhibió aceleraciones inexplicables del mismo tipo sin signos claros de gas expulsado, lo que alimentó hipótesis más exóticas en aquel momento.. La presencia de aceleración no gravitacional en 3I/ATLAS no solo confirma que es un objeto activo, con hielo y polvo respondiendo al calor solar, sino que también es una oportunidad única para estudiar la física de cuerpos que se formaron en otros sistemas estelares. Como tercer visitante interestelar confirmado, detrás de ‘Oumuamua y Borisov, ofrece a los astrónomos un laboratorio natural para comparar materiales y comportamientos con los cometas que hemos visto en nuestro propio entorno solar.. Más allá del fenómeno físico, este efecto nos recuerda que el cosmos es un entorno dinámico: inclusocuerpos pequeños y helados pueden transformarse y “activarse” conforme interactúan con una estrella cercana, liberando pistas sobre su composición original, su historia y las condiciones en las regiones de donde proceden.
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